UNODC y el fino arte de la vacilada numérica

Ya he contado esta historia, pero bien vale la pena repetirla. En la década  de los ochenta y noventa, el Programa de Naciones Unidas para el Control de las Drogas estimaba en 500 mil millones de dólares el tamaño del mercado mundial de drogas ilegales.  Un buen día, la cifra bajó a 400 mil millones. Al indagar sobre la cifra, el economista colombiano Francisco Thoumi descubrió que los funcionarios del UNDCP (por las siglas en inglés) habían 1) ubicado diversas estimaciones, 2) promediado y obtenido un resultado de 365 mil millones y 3) redondeado hacia arriba por aquello de la comunicación.

En quince años, las cosas no han cambiado mucho. La Oficina de Naciones Unidas para las Drogas y el Delito (UNODC por sus siglas en inglés), organización sucesora del UNDCP, publicó esta semana un reporte sobre flujos de dinero ilícito. Las conclusiones son sorprendentes: los autores nos informan que las actividades criminales generan 2.1 billones (millones de millones) de dólares, de los cuales se lavarían 1.6 billones. Si se consideran exclusivamente los ingresos generados por el narcotráfico y otros giros de la delincuencia organizada trasnacional, se llega a un total de 870 mil millones de dólares, de los cuales 580 mil millones pasarían por las lavanderías de dinero.

¿Cómo llegó la UNODC a esos números? Muy facil: 1) ubicó diversas estimaciones de calidad heterogénea, y 2) sacó un promedio simple (en esta ocasión no redondearon). Entre las estimaciones seleccionadas se cuentan las siguientes:

  • Una estimación con datos de ¡1988! generada por el Grupo de Acción Financiera (GAFI), un organismo multilateral dedicado al combate en contra del lavado de dinero e interesado por tanto en presentar un número tan  grande como sea posible.
  • Un cálculo de una ONG llamada Global Financial Integrity, dedicada a temas de lavado de dinero y con incentivos similares a los del GAFI (mientras más grande el número, mejor)
  • Cifras de la propia UNODC sobre el tamaño del mercado mundial de drogas
  • Un paper del autor principal del reporte, un consultor australiano de nombre John Walker (no sé si le gusta el whisky)
  • Diversas estimaciones de calidad variada (por decirlo suavecito) para seis países industrializados, algunas de las cuales datan de 1990. Después de promediarlas, las autores las extrapolaron al planeta entero

Tal vez conscientes de que el procedimiento podia generar algunos leves problemas de credibilidad, los fabricantes del reporte decidieron incluir también un modelo de estimación de abajo hacia arriba, empezando con estimaciones de los ingresos generados por actividades ilícitas y usando el mercado mundial de la cocaína como ejemplo. El resultado es  un concurso de saltos lógicos mortales, con triple giro invertido en holandés:

  • El primer paso es estimar el tamaño del mercado global de la cocaína a precios de menudeo. Desde allí arrancan los problemas: además de la leve dificultad de estimar la cantidad mundial de usuarios, el ejercicio exige información de  precios al menudeo en todos  (o casi todos) los países del planeta. Fuera de Estados Unidos y de uno que otro país de la OCDE, no existen bases de datos sobre precios: en el mejor de los casos, los países cuentan con una colección no sistematizada de anécdotas. Como se construye una estimación medianamente robusta con ese tipo de información es un misterio que me rebasa.
  • El segundo paso es aún más complicado: requiere asignar, país por país, los ingresos generados por la cocaína. Eso exige, entre otras cosas, ubicar con un mínimo de precisión los flujos de cocaína entre pares de países, además de conocer precios de importación y de exportación en todo el planeta, para ir dilucidando donde se queda el valor agregado. Si la información sobre precios al menudeo es mala, la de precios de importación/exportación es catastrófica. Los autores utilizan como fuente unos instrumentos conocidos como ARQs (Annual Reports Questionnaire): como su nombre sugiere, son unos cuestionarios (sobre consumo, decomisos, precios, etc.) que la UNODC distribuye todos los años entre los países miembros para elaborar el Reporte Mundial de Drogas. En el caso de México, los cuestionarios son contestados por funcionarios medios de la PGR que responden, en materia de precios, como Dios les da a entender, sin un proceso formal de validación y con el propósito fundamental de cubrir el expediente. No lo pueden hacer de otro modo porque no existe ni ha existido nunca en el país una base de datos sistematizada de precios de drogas: a lo más que pueden llegar es a uno que otro dato anecdótico proporcionado por uno que otro narco detenido. Pueden estar seguros de que el procedimiento es similar en la inmensa mayoría de los países.
  • El tercer paso es muy interesante: se trata de estimar el número global de traficantes, mayoristas y narcomenudistas ¿Cómo hacen eso? Muy fácil: ubican algunas estimaciones para el caso de Estados Unidos y cuatro países más, sacan un promedio simple y extrapolan a nivel global. Así de sencillo. Si existen diferencias en los patrones de distribución entre países, el modelo no los incorpora.
  • Ya con el total de narcotraficantes, se asume una distribución de tipo Pareto (20% de los participantes captura 80% de los ingresos), medio refinada con información sobre decomisos, para ubicar quien se queda con la lana. Con eso, ya sólo se requiere una simple operación aritmética: dividir un número dudoso (la estimación de ingresos por país) entre una cifra altamente cuestionable (el número de participantes por país), ponderada con un criterio de distribución arbitrario.  Muy científico.
  • Ya sabemos entonces cuanto ganan los narcos. Ahora hay que definir que porcentaje de ese ingreso se manda a la lavandería. Los autores del reporte tienen la solución perfecta: asumen que todo dinero que reciba un narco por encima del ingreso per cápita del país en cuestión es ahorrado y, por tanto, lavado. Así, en el caso de México, todo el ingreso de un narco por encima de 9,000 dólares al año se va a la lavandería. A lo cual, no queda más que preguntar: ¿neta? ¿Nunca han oído hablar de narcos con gusto por el despilfarro y el consumo conspicuo? ¿Del zoológico de Pablo Escobar? ¿De las pistolas incrustadas de diamantes? ¿De las bacanales de Arturo Beltrán Leyva? ¿De veras creen que una persona que se juega la vida todos los días tiene una propensión elevada al ahorro? Peor aún, ¿nunca han oído hablar de la reinversión de utilidades? Como ya les he comentado, los narcos se distinguen por su falta de acceso al crédito y otros instrumentos financieros formales (seguros, por ejemplo). En consecuencia, para fondear sus operaciones, deben mantener amplias reservas financieras en instrumentos muy líquidos (es decir, efectivo constante y sonante). Y además, ¿qué negocio lícito les daría una tasa de retorno superior a la del narcotráfico? Si pueden invertir en cocaína, ¿porque invertir en CETES o en bienes raíces? Digo, no es que tengan una alta aversión al riesgo.
  • El último paso es dilucidar donde se lava el dinero, utilizando lo que se conoce como un “modelo de gravedad”. Pero ese es un ejercicio básicamente inútil, porque todo el proceso previo es una broma de mal gusto.

Además de los absurdos genéricos, el reporte contiene algunas perlas de antología. Por ejemplo, los autores afirman que los ingresos netos de México por exportaciones de cocaína son de dos mil millones de dólares. Pero como el número les suena muy pequeño y rompe con la narrativa de los narcos mexicanos como amos y señores del negocio, deciden asignarles cinco mil millones de dólares más. Llegan a ese número con al excusa de que, según la DEA, 15% de las personas arrestadas por comercio de cocaína en Estados Unidos son de nacionalidad mexicana y por tanto le asignan a los cárteles mexicanos esa proporción del mercado al menudeo del país vecino: 15% de 35 mil millones son 4,750 millones y pues eso se redondea para arriba.

El problemilla es que hay muchísimos mexicanos en Estados Unidos involucrados en el negocio de la cocaína que nada tienen que ver con los cárteles (más que como clientes, en el mejor de los casos) ¿No han oído hablar de la Mafia Mexicana (la famosísima Eme) o del Texas Syndicate o de Nuestra Familia o de las muchas otras pandillas que reclutan a paisanos de aquel lado de la frontera? Esas bandas son todo menos apéndice de los cárteles mexicanos.

Para rematar, el reporte intenta justificar la adjudicación de cinco mil millones de dólares a los narcos mexicanos, referenciando una estimación de los ingresos de narcotráfico en México, realizada en 2006 por la Oficina Nacional de Política de Control de Drogas (ONDCP por sus siglas en inglés). El único inconveniente es que la propia ONDCP desacreditó esa estimación el año pasado, cuando los partidarios de la legalización de la marihuana la empezaron a usar como argumento a favor de la Propuesta 19 en California.

Más allá de sus barbaridades específicas, este reporte, al igual que todos los de su tipo, enfrenta una dificultad irresoluble: si el dinero sucio es tan abundante como suponen, ¿por qué nunca nadie lo encuentra (al menos no en las cantidades esperadas)? El mismo reporte reconoce que las incautaciones de activos ilícitos a nivel global no llegan ni al uno por ciento de los ingresos ilegales que estiman ¿Será por debilidades regulatorias? Tal vez, pero da la casualidad de que casi todos los países del mundo han fortalecido sus marcos regulatorios y sus mecanismos de monitoreo en contra del lavado de dinero y aún así, la lana sigue sin aparecer ¿Será por complicidades? Puede ser, pero ¿en todo el mundo? ¿En Estados Unidos, el Reino Unido, Suiza, Suecia, Singapur, Canadá?

Nos encontramos aquí ante el equivalente financiero de la paradoja de Fermi: el dinero ilícito debería de estar allí y deberíamos de encontrarlo, y sin embargo, no aparece, no en las cantidades que esperaríamos ¿No deberíamos de empezar a pensar que tal vez los ríos inagotables de dinero ilegal no sean más que una ficción?  O si existen, ¿no será quizás imposible encontrarlos? Se los dejo para la reflexión de fin de semana.

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Comentarios

  1. Marzio COTTO ARECHAV

    Lo que hicieron en colombia fue revisar las cuentas que tenían en los libros del ministerio de finanzas y enviar inspectores por impuestos, con eso normalizaron sus actividades y entregaron menos dinero a los criminales. El dinero se quedó a producir.
    Hay negocios donde se lava dinero donde inspectores de la procuraduría serían muy mal recibidos, por eso es que primero se debe mandar a los inspectores de impuestos, en México , muchas veces, lo hacen alrevez.

  2. alejandrohopeeditor

    James,

    You are surely right about the English usage. But maybe you noticed that I did not write in English.

    In Spanish, “un billon” equals one million million: it is therefore the proper translation for one trillion. Billion is properly translated as “millardo” or “mil millones”.

    Best regards,

  3. James Wimberley

    A “billion” in English now always means “one thousand million”. There are are no current uses of the claimed former British meaning “one million million”, found in old dictionaries. The latter number is now aways referred to as a “trillion”.

  4. alejandrohopeeditor

    Gracias por el dato y por la idea. Sin embargo, sigue irresuelto el dilema de porque nadie en el mundo puede encontrar dinero sucio en cantidades importantes.