¿Existe el efecto cucaracha?

Apretamos en Chihuahua y los narcos aparecen en Nuevo León. Se refuerza la vigilancia en la colonia Guerrero y los cacos se pasan a la Morelos. Combatimos el narcotráfico y se dispara la extorsión. Es el efecto cucaracha, una de los conceptos más reiterados y más desesperanzadores de la discusión sobre seguridad pública (vean, por ejemplo, aquí, aquí y aquí). Es la noción de que nada funciona, nada se puede contra el delito, apenas moverlo de sitio, de hora, de giro o de modo de operación. Es también una idea más falsa que las arañas, al menos en sus versiones más extremas.

Hay un dato esencial para entender porque el efecto cucaracha (conocido técnicamente como desplazamiento del delito) ocurre menos a menudo de lo que se supone: por lo regular, el delito se concentra. La concentración puede ser temporal o espacial: vean este mapa para que entiendan de que estoy hablando. Puede darse también en términos de víctimas o blancos: nada predice mejor el robo a una casa que el hecho de haber sido robada en el pasado. Por último, como discutí en esta entrada sobre el número de sicarios, unos cuantos delincuentes pueden ser responsables de una cantidad desproporcionada de delitos.

¿Por qué se da esa concentración? Por una razón muy sencilla: la oportunidad hace al ladrón. Y hay algunas horas, lugares o blancos que presentan mucho mejores oportunidades para el delito que otras. Hay también delincuentes que saben aprovecharlas mucho mejor que otros. Por ejemplo, una calle solitaria y oscura es mucho más apropiada para un asalto que una avenida bien iluminada y con muchos peatones a todas horas. Hay negocios que manejan mucho efectivo y otros que no ¿Cúales creen que van a ser más comunmente blanco de delincuentes? No por nada, el célebre bandido Willie Sutton, al preguntarle un reportero porque robaba bancos, respondió: “Porque allí está el dinero”.

Luego entonces, si las oportunidades desaparecen en un lugar, a una hora, en algún giro o para algún tipo de delito, ya sea por la intervención de las autoridades (patrullajes, redadas, etc.), por medidas defensivas (alármas o cámaras de vigilancia, por ejemplo) o por cambios legales (ejemplo: el final de la prohibición del alcohol), no reaparecen mágicamente en otro lugar, hora, giro o forma de delito ¿Pueden desplazarse o transformarse los delincuentes? Algunos, los más motivados, los más experimentados, los más urgidos de dinero (los drogodependientes, por ejemplo). Pero no todos y no siempre, y ese es el punto  crucial: es posible, mediante intervenciones puntuales conseguir reducciones netas en el número de delitos.

Mejor aún, es posible tener un efecto insectida en vez  de un efecto cucaracha: los beneficios de de una intervención específica se pueden diseminar a zonas contiguas o delitos distintos. Poner guardias de seguridad frente a una sucursal bancaria puede proteger a todos los negocios de una cuadra. Impedir la venta de droga en la vía pública puede reducir el número de asaltos y la presencia de prostitución en un barrio entero. Instalar cámaras de vigilancia  puede tener efectos hasta en puntos ciegos: al fin y al cabo, los delincuentes potenciales no saben cuantas cámaras hay y en que dirección apuntan.

Entonces no, el combate contra el delito no es una causa perdida. Y sí, es posible, con un poco de imaginación, obtener resultados grandes pensando en pequeño.

PD: si les interesa, pueden encontrar aquí una buena discusión sobre el desplazamiento del delito, con evidencias concretas de difusión de beneficios.

 

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Comentarios

  1. alejandrohopeeditor

    Lo buscaré. Muchas gracias por la recomendación.

  2. Ramón Martínez

    Estimado Alejandro, le recomiendo la lectura (O la escucha que también está un podcast por ahí) de un artículo de la revista americana Scientific American. Debaten el mismo punto que sostiene a usted aplicado al caso de la ciudad de New York.

    Espero encuentre la sugerencia útil.
    Un saludo.