Tú que eres poeta: Glorieta de Vaqueritos

Después de aquella tarde en la central de abastos, miré con otros ojos las representaciones plásticas e intangibles del lenguaje chilango, así como su inalienable vínculo con el objeto cábula. El "súbale, güerita, aquí no la mordemos”, “De a 4 pesos al metro Aculco, mi Don" o el "Váyase, recorriendo, jefe, que la bajada es por atrás" son poesía incomprendida

GV

Uno de los propósitos recurrentes que tengo cada año que comienza no sólo es leer más libros o diversificar en amplia medida mi catálogo de autores, sino también reseñarlos. El año pasado dejé tantos buenos libros sin reseña, y aunque sé que a sus autores esta orfandad les importa poco menos que el alza de los índices de violencia intrafamiliar entre los babuinos albinos hermafroditas, a título personal sé que debo un reconocimiento a los mejores ejemplares literarios del 2013: David Miklos y su apocalíptica novela No tendrás rostro (Tusquets), Naief Yehya y su regreso al cuento con el perturbador compendio de historias Rebanadas (Tusquets), Miguel Cane y ese entrañable homenaje al séptimo arte Pequeño Diccionario de Cinema para Mitómanos Amateurs (Impedimenta), Carlos Velázquez con la crónica que le ajusta tan bien El Karma de vivir al norte (Sexto Piso), Yussel Dardón con ese pequeño portento llamado Motel Bates (Tierra Adentro),  Antonio Ortuño de la mano de su siniestra novela La fila india (Océano) y Ari Volovich con sus relatos apátridas Jetlag (Moho), son tan solo la punta del iceberg de lo mejor que tuve oportunidad de ver en las estanterías y ferias de libros de confianza.

Comienzo entonces este año de sanas intenciones y sin mayores preámbulos, con el primer libro de poesía que tuve la oportunidad de presentar hace menos de una semana: Glorieta de Vaqueritos de Héctor Villarreal (Editorial Mono), y para ello, quisiera compartir una anécdota personal que puede servir a explicar de qué manera entiendo el modus operandi de la poética del último trabajo del compatriota Villarreal. Hace poco tiempo llevé a un amigo francés a comer tacos. Él había quedado fascinado con el delirio gourmet de los tacos callejeros, en especial de los de pastor, así que con la mala entraña que me viste y calza decidí llevarlo a la cuna del malandro, al Alma Mater del taco placero, del albur y del diablito: la Central de Abastos. Pero me salió el tiro por la culata. Porque lo que no tomé en cuenta es que yo vestía ese día una falda -digamos que en términos no precisamente morales- bastante pirujona. Me arrepentí en el minuto uno de haber pisado tan sagrado recinto con tacones del 10 y minifalda de cuero.

Ustedes no saben lo que significa caminar entre los pasillos de lácteos y verduras acompañados de una orquesta de chiflidos al mayoreo. Permítanme compartirles algunas de las joyas de aquella tarde:

¡Qué buenas nalgas! ¿Son touch?

– Ay güera, si se juntan los mares y los ríos… ¿por qué no juntar tus genitales con los míos?

-Habrá quien te quiera bien. Habrá quien te quiera mal, pero no descansaré hasta comerme tu tamal.

-¡Cómo quisiera ser mariachi para tocarte la cucaracha, mi reina!

-Tus ojos son como dos ciruelas, tus mejillas dos manzanas, ¡ay qué rica ensalada de fruta haríamos con mi banana!

El francés, absolutamente desconcertado, me pidió que le explicara la razón de todos esos gritos y por qué todos esos hombres me hablaban con tanta familiaridad. Intenté con las pocas herramientas de traducción que poseo, explicarle el sentido e intención de los piropos de la banda vociferante.

– ¿Y por qué no les das las gracias, América?

-¿Las gracias? ¿A razón de qué? –contesté furiosa y a punto de morderlo.

-Porque te están regalando poesía pura, ¿qué no te das cuenta?

Tuve que reconocer que al franchute le asistía toda razón. Esos homenajes, ni Efraín Huerta. Fue de enorme comicidad mirarlo dándole las gracias en mi nombre a cada cargador o verdulero que encontramos a nuestro paso. A nadie debería sorprenderle a estas alturas la inventiva inagotable del chilango para crear sublenguajes, neologismos de barriada, coloridos lenguajes con sabor a chilito del que pica.

 

Día y noche

Dulce sol de Coapa

ha poco iluminado la rutina.

Han poco reflejado su brillo,

invisibles moradores de aldea ignota.

 

Atardecer sin instagram:

paisajes analógicos, de pobreza estética:

un triste cielo color real

adornado por anuncios de publicidad.

Luna de octubre sobre Vaqueritos,

sube la marea de una triste fuente,

riegan las praderas las llantas en los charcos.

 

Que nadie se asome a retar su suerte.

Glorieta de Vaqueritos.

 

Después de aquella tarde en la central de abastos, miré con otros ojos las representaciones plásticas e intangibles del lenguaje chilango, así como su inalienable vínculo con el objeto cábula.  El “súbale, güerita, aquí no la mordemos”, “De a 4 pesos al metro Aculco, mi Don” o el “Váyase, recorriendo, jefe, que la bajada es por atrás” son poesía incomprendida. La desolación atroz de un puente peatonal hecho ruinas en periférico es rabiosa elegía. La silla con el logo casi traslucido de refrescos Titán o el pepsilindro (sic) que sirve de florero o recipiente del pápalo, en Los de Abajo (auténtica catedral de la gordita, cerquita del metro constitución, la surrealista manta de “Aquí los mejores Tacos de Caldo del rumbo”, la barda pintada diez mil veces que esconde el último concierto de La Arrolladora Banda El Limón, con la próxima fecha de Charly Montana en el Faro de Oriente. Las unidades habitacionales, los micros prisma II del paradero de Indios Verdes, el tianguis de Santa Cruz, los merolicos del mercado de la San Felipe. Los tachiditos endomingados haciendo cola por su cajita feliz en el Mc Donald’s de Galerías Coapa. La clase media baja, y la más baja que nunca será media. El naco de barriada. Los jueves de San Juditas y la mona de Guayaba. El meme surrealista y la teoría del fracaso. Sí, todo esto nos representa con exactitud años luz que los mamarrachos que portan con desprestigio la camiseta tricolor en las contiendas internacionales de fútbol.

 

El Sun Tsu de la supermanzana

I. Si vas a competir, haz trampa;

si haces trampa, hazla bien,

si no haces trampa, ten seguro el triunfo.

 

II.

Si la debes, no la pagues;

si te la deben, cóbrala;

si la debes, al tiro;

si no debes, no te abras;

si no cobras, ya te abriste;

si pagas, aguantas vara;

si te vas a abrir, no topes;

si vas a topar, vas a lo que vas;

y si la buscas, vivo.

 

III.

Si persigues, alcanza;

si alcanza, abalanza;

si abalanzas, tumba.

Si vas a correr, que no te alcancen;

si te alcanzan, descuenta;

si te tiran, rueda;

si trompeas, chinea;

si chineas, no aflojes.

IV

 

Si te desahucian, niégalo.

Si te ahogan, patalea.

Si vas a matar, mata.

Si te matan, revive.

 

Señorita Laura

 Somos una película de Ripstein, pero sin Ripstein,

somos un Amores Perros, pero sin perros y sin amores.

Somos un Y tu Mamá también, pero sin Hipsters.

Somos retaguardia en la Ciudad de Vanguardia,

una rima de Arjona, pero con Arjona.

Ayúdenos, Señorita Laura.

 

Disfruten sin culpa esta poesía dura, que emerge de las grutas del abandono y del crédito INFONAVIT, cuya portada presume viñeta del legendario autor de las ilustraciones del Libro Vaquero Rafael Aviña. Disfruten el poemario de Héctor Villarreal, quien nos chifla cantadito con su métrica poética que chulea el barrio donde aprendió a dar el golpe y a beber caguama en bolsa: Glorieta de Vaqueritos, el leitmotiv de esta tarde.

Hoy todos somos Vaqueritos. #Qapa4ever, banda.

GV-Contra

 

América Pacheco.

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