Mujeres, una minoría según partidos y candidatos

¿Por qué insisten los partidos políticos y las y los precandidatos en tratar a las mujeres como si fueran una minoría que necesita ser protegida?

Por: Francisco Cué (@PacoCue)

Estamos formalmente inmersos en el proceso electoral más importante de nuestra aún incipiente democracia. No es solamente que nunca se habían renovado tantos cargos en una misma elección, y que por primera vez competirán candidatos independientes para todos los puestos, sino que, además, se inaugurará en México la reelección de senadores, diputados y presidentes municipales, lo que implica que muchos de aquellos a quienes elijamos el próximo 1º de julio podrían estar conduciendo el rumbo de nuestro país por los siguientes tres, seis, nueve y hasta doce años.

Serán las elecciones más importantes aunque para nosotros, los ciudadanos, la experiencia resultará bastante similar a las anteriores: acudiremos el primer domingo de julio a nuestra casilla, personas muy amables nos entregarán las boletas, dentro de una mampara y con un crayón negro tacharemos el nombre de una candidata o candidato y depositaremos nuestras boletas en sus respectivas urnas.

Previamente, claro está, tendremos que soportar que partidos políticos y candidatos inunden nuestras vidas con todo tipo de propaganda, a la caza de nuestro voto. De hecho, y aunque insisten en llamarles “precampañas”, llevamos ya casi dos meses de spots, encuestas, entrevistas y jingles, entre los cuales se han colado sus primeras propuestas electorales.

Entre las ideas que nos han presentado los candidatos (perdón, precandidatos), algunas resultaron polémicas y novedosas; otras, bastante predecibles y ordinarias. Algunas se plantearon medianamente bien estructuradas; otras, simples ocurrencias. Existen, incluso, aquellas que parecen buenas o bien intencionadas pero que o son notoriamente electoreras, o bien de concretarse en políticas públicas resultarían contraproducentes y hasta peligrosas.

Es el caso de las propuestas que se han presentado dirigidas a las mujeres. Las primeras fueron del precandidato del PRI, José Antonio Meade, en Guerrero, en un evento dirigido a las mujeres de su partido. Le siguió en redes sociales la precandidata independiente, Margarita Zavala. Sus propuestas son bastante parecidas entre sí, y adolecen de los mismos defectos.

Sigue sorprendiendo que partidos y candidatos se dirijan a las mujeres como si fueran una minoría necesitada de una protección especial, como si existiera alguna condición inherente de debilidad en ellas. Es importante recordarles que, en primer lugar, las mujeres no son minoría; representan 51 % de la población mexicana y 52 % del padrón electoral. Cualquier situación que “sólo” afecte a las mujeres en realidad es un asunto que atenta contra el conjunto de la sociedad.

La situación que siguen enfrentando las mujeres es la injusticia. Siguen siendo víctimas de estereotipos que generan discriminación; de roles de género artificialmente creados que les asignan muchas más responsabilidades que a los hombres; de un modelo laboral que imposibilita la conciliación entre el trabajo y su vida personal; de un diseño institucional que perpetúa las diferencias, y de una sociedad que se niega a reconocer, en su justa dimensión, su aportación a la vida política, económica y cultural.

En Guerrero, antes de presentar sus cinco propuestas para las mujeres, Meade realizó un diagnóstico bastante acertado, en términos generales y considerando que se trataba de un breve discurso electoral en un mitin. Atinadamente señaló, primero, que México no podrá salir adelante sin equidad de género, pues se está desperdiciando el recurso humano que aportan las mujeres; segundo, que detrás de cada feminicidio hay una falla estructural presente en nuestras familias, calles, centros de trabajo y escuelas.

Lamentablemente, las cinco “acciones” que propone Meade, igual que los cinco “compromisos” de Margarita, no reflejan una verdadera voluntad por mejorar esa “falla estructural”. Más allá de la falta de detalle sobre cómo planean convertirlas en políticas públicas, sus propuestas -en caso de concretarse- no podrían corregir la injusticia que prevalece en detrimento de las mujeres.

¿Igualdad salarial entre hombres y mujeres? Perfecto. Es increíble que siga existiendo y es urgente lograr una situación equitativa para el trabajo remunerado. ¿Y el trabajo no remunerado? Las mujeres son responsables de 78.3 % del total de horas invertidas tanto en el trabajo doméstico (preparar alimentos, limpiar la casa, lavar y planchar ropa, hacer las compras), como en las labores de cuidado de otras personas (niños, adultos mayores, familiares con alguna discapacidad). Aquí pueden encontrar estas cifras y muchos otros datos reveladores.

¿Becas para que las madres puedan seguir estudiando? Lo que necesitamos es transformar las condiciones de trabajo en los sectores público y privado para fomentar la conciliación entre la vida laboral y la vida personal, reproductiva, académica o familiar de todas las personas, mediante reformas que reduzcan la jornada laboral, que establezcan diferentes tipos de licencias y permisos parentales, y que fomenten el trabajo desde casa cuando sea posible.

¿Guarderías y escuelas de tiempo completo? Tal vez; pero antes se requiere garantizar que los hombres también tengan acceso a guarderías para sus hijos y que gocen de licencias de paternidad adecuadas, con la misma duración de las concedidas a las mujeres, para fomentar la corresponsabilidad entre ambos en el cuidado de los hijos y del hogar.

¿Créditos especiales para las mujeres emprendedoras? ¿No sería mucho más efectivo —y barato—, por ejemplo, que todos los créditos concedidos por la banca de desarrollo a las empresas estuvieran condicionados a la previa certificación de que cumplen con buenas prácticas laborales y no discriminatorias? ¿O que se aplique dicho criterio para privilegiar a esas empresas en procesos de licitación pública gubernamental?

Las campañas electorales pueden resultar agotadoras, pero son una de esas raras oportunidades que tenemos como sociedad para debatir temas y asuntos trascendentales. Nos quedan cuatro meses; no los desperdiciemos.

 

* Francisco Cué es responsable de Vinculación Legislativa en @GIRE_mx.

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