Las aventuras del feto ingeniero

La protección de la vida prenatal es progresiva, con la mujer gestante como titular de derechos y no hay contradicción con causales o plazos que aseguran su derecho a interrumpir un embarazo.

Por: Omar Feliciano (@tipographo)

Desde hace un par de semanas circula en las redes sociales el meme del “feto ingeniero”. En muy poco tiempo varias páginas en Facebook recopilaron algunas versiones del meme. La que tiene más visitas supera los 12 mil fans y es de origen chileno. ¿Por qué estas respuestas ingeniosas son relevantes para el debate sobre el aborto? ¿Por qué vale la pena dedicarle un espacio de análisis a esos pedacitos de información que los comunicadores tradicionales desprecian como uno de los productos basura del internet?

Un meme no es un gif animado, una postal de Piolín enviada por WhatsApp, un pantallazo en un post de Facebook o una imagen intervenida que se comparte por una red social. El concepto de meme existe antes del internet moderno, fue propuesto por Richard Dawkins en su libro El gen egoista (1976) y lo nombró así por su semejanza con el término gene. Así pues, el meme es una unidad mínima de transmisión cultural, captada por imitación, mimesis o enseñanza; prospera y se replica en un medio cultural que se considera idoneo para su supervivencia y variación, fuera del control de grupos sociales hegemónicos.

El meme es un patrón de información que se contagia entre agentes de los circuitos de comunicación. Usando la metáfora parasitaria, es posible decir que infecta sus conciencias, altera sus ideas y comportamientos e incita a difundir el patrón. En la modernidad tardía, en la sociedad de la información, la memética ha adquirido una importancia en áreas como la comunicación política.

Habiendo establecido la importancia de los memes en la modernidad líquida, hablemos del feto ingeniero: en la actualidad, Argentina vive un proceso de debate alrededor de la despenalización del aborto. En ese contexto, grupos fundamentalistas y antiderechos han salido a la calle a defender el status quo que niega a las mujeres la autonomía sobre su cuerpo. En una de estas manifestaciones llegó a las redes sociales la imagen de un feto con la leyenda “Yo quiero ser ingeniero”. La imagen detonó la producción de memes e, incluso, ya se comercializan llaveros del feto ingeniero producidos en impresora 3D.

 

La falacia del hombre embriónico ha sido una estrategia antigua para restar agencia a las mujeres sobre su cuerpo al penalizar el aborto. La retórica del hombre embriónico compara al óvulo fecundado, al embrión y al feto con un ente independiente, autónomo, auto-existente, que tiene por sí mismo los materiales necesarios para su desarrollo y la conciencia de una persona: “Pienso, luego soy ingeniero”. Gracias a esta retórica se han impulsado leyes que criminalizan a las mujeres desde el siglo XIX. De manera global se ha impulsado la personalidad jurídica del feto y, en países como México, los grupos fundamentalistas han impulsado reformas a constituciones locales para proteger la vida desde la concepción (consulta en el sitio de GIRE para conocer más).

GIRE ha abordado el tema de “los derechos humanos de las mujeres y protección de la vida prenatal en México”, señalando que las medidas impulsadas por grupos fundamentalistas no tienen que ver con la protección de la vida, sino con la criminalización de las mujeres. La protección de la vida prenatal debe realizarse reconociendo a las mujeres como titulares de derechos, no a través de otorgar personalidad jurídica a la vida prenatal. Esta protección debe de ser gradual y progresiva y siempre tener en el centro a la mujer gestante, lo que se traduciría en atención médica prenatal, provisión gratuita de ácido fólico, reducción de índices de mortalidad materna y de violencia doméstica contra las mujeres embarazadas, no en criminalizar incluso los eventos obstétricos.

Que quede claro: la protección de la vida prenatal es progresiva, con la mujer gestante como titular de derechos y no hay contradicción con causales o plazos que aseguran su derecho a interrumpir un embarazo. Justo hace unas semanas hablábamos de cómo la vida de las mujeres no importa, en el contexto de las gestantes asesinadas.

Gracias al feto ingeniero resuena en todo el mundo hispano la carcajada que disuelve la falacia del hombre embriónico. Ningún embrión desea ser ingeniero, ningún feto desea ser doctor. Pero sí hay mujeres que desean serlo y un embarazo no deseado puede truncar su proyecto de vida. Después de la victorias legales en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que reconoce que negar un aborto por violación vulnera los derechos humanos, probablemente somos testigos de la victoria cultural que da fin a una de las grandes mentiras de los grupos fundamentalistas.

 

@GIRE_mx

 

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