Por menos Luisitos Rey y más padres presentes

Vivimos en una sociedad que asigna a la mujer el rol de cuidado de los hijos, basándose en un estereotipo: la preconcepción de que es a la mujer a quien corresponde la responsabilidad de la crianza, la atención y el cuidado de los hijos, sin considerar que ésta es una responsabilidad compartida de los padres, que deben participar en igual medida.

Por: Melissa Ayala García (@melissaayala92)

 

El 22 de abril Netflix dio inicio a la serie biográfica de Luis Miguel y, desde entonces, se ha vuelto tema de conversación ya sea para comentar el nuevo episodio, para señalar las inconsistencias con la vida real de Luismi, o hasta para argumentar su tufo telenovelesco.

El presente espacio lo quiero dedicar a uno de los personajes centrales que se ha vuelto el personaje más odiado por aquellos que vemos la serie: Luisito Rey. Tomando como pretexto el día del padre, me parece necesario hacer un análisis de lo que podemos observar en la figura paterna que se presenta en la serie. En un país en donde las labores de cuidado son realizadas casi en su mayoría por mujeres, llama la atención toparse con un hombre que asume, o al menos pretende asumir, la labor de atender las necesidades de su hijo, como lo hace Luisito Rey.

Antes de comenzar, quiero aclarar que lo aquí vertido se basa exclusivamente en lo que se refleja en la serie. Luisito Rey es presentado como el patriarcado en persona, un hombre que tiene relaciones con diversas mujeres aun cuando está casado; que impone que su esposa se quede en casa para dedicarse a las necesidades del hogar; violento con quienes considera más débiles que él y, por si fuera poco, se dedica a explotar los talentos de su hijo al grado de recurrir a medicamentos para mantenerlo despierto y que siga laborando.

Vivimos en una sociedad que asigna a la mujer el rol de cuidado de los hijos, basándose en un estereotipo: la preconcepción de que es a la mujer a quien corresponde la responsabilidad de la crianza, la atención y el cuidado de los hijos, sin considerar que ésta es una responsabilidad compartida de los padres, que deben participar en igual medida.

En la serie vemos a una figura paterna que lejos de velar por el interés superior de sus hijos, procura únicamente satisfacer sus propias necesidades y deseos sobre los de sus familiares. En contraste, se nos presenta a una madre abnegada que obedece al padre, que le impide desarrollarse fuera del hogar alegando que su única responsabilidad es atender la casa.

Y aquí quiero recordarles que el feminismo busca ser mucho más que un conjunto de reivindicaciones sociales concretas; es un movimiento social que aspira a conseguir un cambio profundo en las relaciones humanas, no sólo en el ámbito laboral, sino también en el más personal y privado: la reproducción y la familia.

México sigue teniendo una de las mayores brechas de empleo por género en relación con los países que forman parte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, con consecuencias negativas para el crecimiento económico. Entre las mujeres que trabajan, muchas tienen empleos informales con poca protección social, alta inseguridad y bajos salarios.

Como están redactadas la mayoría de las normas relativas a regular las relaciones familiares, quienes ejercen la patria potestad están obligados a asegurar a los menores de edad a su cargo un entorno afectivo, comprensivo y sin violencia para el pleno, armonioso y libre desarrollo de su personalidad, a protegerlos contra toda forma de violencia, maltrato, perjuicio, daño, agresión y abuso, y a abstenerse de cualquier atentado contra su integridad física y psicológica, o de realizar actos que menoscaben su desarrollo integral.

Cierto es que el movimiento de las nuevas masculinidades cada día gana más seguidores. Sin embargo, la fuerza física sigue siendo para muchos Luisitos Rey una característica paradigmática de lo que es “ser hombre” y buscan “disciplinar” a sus hijos a través de ésta para “hacerlos hombrecitos”. Pero los malos tratos en el seno familiar, como sabemos, no se dan sólo a través de la fuerza física, sino también por medio del maltrato psicológico, desatención, negligencia, humillaciones o una combinación de éstos.

El Comité de los Derechos del Niño de la ONU, en relación con los derechos protegidos en el artículo 19 de la Convención Sobre los Derechos del Niño, emitió la Observación General Número 8, en la que se pronunció sobre los castigos corporales y otras formas de castigo crueles o degradantes contra los menores, y en el año 2011 pronunció la diversa Observación General Número 13, en relación con el derecho del niño a no ser objeto de ninguna forma de violencia.

En la Observación General Número 8, dicho Comité definió al castigo corporal o físico como “todo castigo en el que se utilice la fuerza física y tenga por objeto causar cierto grado de dolor o malestar, aunque sea leve”. Precisó que, en la mayoría de los casos, estos castigos consisten en pegarle a los niños (manotazos, bofetadas) con las manos o con algún objeto; pero también pueden consistir, por ejemplo, en dar a los niños puntapiés, zarandearlos, empujarlos, rasguñarlos, pellizcarlos, jalarles el pelo; además de cualquier otra forma no física, como los castigos crueles en los que se menosprecia, se humilla, se denigra, se amenaza, asusta o ridiculiza al niño. Para el Comité, el castigo corporal es siempre degradante.

Más adelante, en la Observación General 13, en sus puntos 19 a 31, el Comité señaló que la definición de violencia establecida en el artículo 19 de la Convención Sobre los Derechos del Niño —”toda forma de perjuicio o abuso físico o mental, descuido o trato negligente, malos tratos o explotación, incluido el abuso sexual— abarca todas las formas de daño a los niños, y que los otros términos utilizados para describir violencia, como lesiones, abuso, descuido o trato negligente, malos tratos y explotación, son igualmente válidos; además, dicha definición contempla las formas no físicas y no intencionales de daño, como el descuido y los malos tratos psicológicos.

Sigamos luchando porque los hombres ejerzan una paternidad presente y compartida, en donde se redefina lo que se entiende por “ser hombre”, una paternidad que no normalice la violencia ni la humillación a los hijos y en donde se eduque desde la igualdad, con menos Luisitos Rey que justifican el uso deliberado y punitivo de la fuerza para provocar a sus hijos dolor, molestia o humillación para “castigar”, y más padres presentes en las reuniones escolares, en las actividades extracurriculares y en la crianza diaria. Al final del día, a todos nos beneficia.

[Hicimos un test para que los padres sepan que tan chidos son, respóndelo aquí.  Si eres la pareja te invitamos a grabar los resultados].

 

* Melissa Ayala es abogada de @GIRE_mx.

 

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