¿Llegará la cuarta transformación al Congreso?

Por: Guillermo Ávila

La próxima semana se instalará el nuevo Congreso en lo que será la LXIV Legislatura. Observar y analizar los cambios que habrá en las Cámaras de Diputados y Senadores es igual de importante que seguir los anuncios de proyectos, propuestas y nombramientos del presidente electo, porque lo que sucede en el Congreso también nos afecta. Por esta razón hay que comenzar a pensar qué podemos esperar de la renovación del Poder Legislativo e identificar qué necesitamos para entenderlo.

Lo primero que hay que decir es que su composición influye directamente en su funcionamiento. Como sabemos, la coalición electoral ‘Juntos haremos historia’ obtuvo más votos que cualquier otra en elecciones pasadas. Dado que dicha coalición acordó convertirse en coalición legislativa, ahora sumarían 306 votos en la Cámara de Diputados y 69 en la de Senadores.

Puede parecer obvio, pero cualquier asunto debe aprobarse por mayoría, lo cual da ventaja al grupo o coalición más grande para ocupar los órganos de gobierno y para definir la agenda legislativa, es decir, ellos podrán definir qué asuntos se debaten y votan.

Cabe recordar que 1) los asuntos se aprueban por la mayoría del total presente en el Pleno, 2) el quórum es de la mitad más uno del total – 251 en Diputados y 65 en el Senado, respectivamente – y 3) hay votaciones (reformas constitucionales y designaciones) que requieren dos tercios del total presente.

Hay quien piensa que esta nueva mayoría conlleva la imposibilidad de que el Poder Legislativo ejerza realmente su función de control sobre el Ejecutivo. La realidad es que las deficiencias del Congreso como contrapeso no tienen que ver, únicamente, con que haya predominancia del partido en el gobierno. Por ejemplo, sin necesidad de mayoría oficialista, en las últimas cuatro legislaturas, el porcentaje de iniciativas del Ejecutivo aprobadas, en la Cámara de Diputados y en el Senado fue muy alto – con excepción del Senado en 2006 y 2009 – y, en todos los casos, fue el porcentaje más alto.

Los asuntos presentados por el Ejecutivo se atendieron y aprobaron prioritariamente, incluso sin necesidad de hacerlo mediante la figura de ‘iniciativa preferente’. Por tanto, conforme a la tendencia, podemos esperar que las iniciativas y propuestas que el nuevo gobierno enviará al Congreso se tramiten y, eventualmente se aprueben, tal vez con cambios, como sucedió con las iniciativas de los presidentes anteriores.

Ahora bien, la responsabilidad de la nueva mayoría va más allá de propiciar el funcionamiento eficaz del Legislativo para contribuir con las prioridades del nuevo gobierno. También debe conducir apropiadamente los trabajos en el Congreso; especialmente asegurar que la agenda incluya los temas que son de interés público y que refleje la pluralidad de la representación en las cámaras y de la sociedad en general, de forma tal que contribuya a fortalecer la legitimidad y la imagen del Poder Legislativo.

Para ello es indispensable, además de las nuevas políticas de austeridad, que las normas y las prácticas parlamentarias adopten formal y sistemáticamente el modelo de Parlamento abierto. En las dos legislaturas anteriores ya hubo experiencias concretas en las que el involucramiento ciudadano pudo influir en la agenda y en la discusión de productos legislativos concretos, pero la opacidad sigue siendo costumbre. La presión externa y la voluntad interna deben confluir para que la transparencia, la rendición de cuentas, la participación ciudadana y, en general, la innovación institucional, se conviertan en los pilares del funcionamiento del nuevo Congreso, como parte de su transformación radical.

 

@FundarMexico

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