El Macron mexicano

El triunfo de Emmanuel Macron impactó en los políticos mexicanos. Apenas unas horas después de anunciado el triunfo, los más oportunistas comenzaron a especular sobre la necesidad de que hubiera un “Macron mexicano”. Delirante, mucho más de lo habitual, Jorge G. Castañeda apuntó que Armando Ríos Piter cuenta con las características para convertirse en el “Macron mexicano”. A los medios les gustan estos excesos, no hay día sin que aparezca una nota sobre “el Sanders mexicano”, “el Chávez mexicano” o “el Trump mexicano”.

Lo anterior no es sino un desprecio al electorado mexicano y una manera, bastante dudosa, de encubrir las práctica concretas de la política mexicana. Sin embargo, no sobra preguntarse ¿qué se trata de decir cuando se dice que necesitamos un Macron? Parece tener el objetivo de instalar la idea de que a) necesitamos a gente joven en el gobierno, b) un proyecto de centro que aglutine a derecha e izquierdas, con objetivos reformistas, y c) liderazgo político por fuera del sistema de partidos.

Pero, ¿esas condiciones son extrañas en la escena política mexicana? Carlos Salinas de Gortari, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto fueron presidentes jóvenes. El primero fue electo a los 40 y el último a los 46; es decir, de alguna manera el sistema de partidos (el PAN de manera más clara) ha impulsado en las últimas décadas políticos de mediana edad más que viejos para ocupar altos cargos (ahí está Manuel Velasco que fue electo gobernador a los 33 años).

Además de la juventud, hablan del proyecto. En primer lugar, las referencias de quienes quieren introducir la idea del “Macron mexicano” son fallidas por el hecho de no contemplar las diferencias en los sistemas de gobierno (semipresidencial en Francia, monarquía parlamentaria en España o Inglaterra, etc.) y la configuración de cada sistema de partidos (la facilidad de acceder a uno, su democracia interna, los controles internos y externos para su rendición de cuentas, tipo de financiamiento, etc.) de forma que siempre se cae en el riesgo de comparar peras con cerezas.

Aquí viene la parte más compleja y decepcionante: el proyecto de Macron ha estado funcionando en México por lo menos los últimos 30 años: austeridad pública, reducción del Estado y flexibilización laboral son sus principales propuestas. Además de ciertas privatizaciones y un paquete de reformas que recuerdan a la dupla Salinas-Peña que a otra cosa. Así es que nosotros ya tuvimos nuestros macrones… y así nos fue. Cabe recordar que el nuevo presidente de Francia todavía tiene que llenar 577 candidaturas para el congreso y lograr la mayoría para también manejar el gobierno (aquí importa el sistema semipresidencial).

Sobre el liderazgo político fuera de los partidos. Esto es importante porque la consecuencia es el relajamiento de la disciplina partidista y su democratización interna, teniendo como resultado una vida de democracia representativa más sana. En México, sin embargo, cualquier liderazgo que no tenga mucha clientela o mucho dinero se encuentra frente a obstáculos casi imposibles de sortear (quizá a nivel hiperlocal sea menos por la cercanía entre gobernante y elector, como es el caso Kumamoto). Así podemos ver que el bondadoso Emilio álvarez Icaza no levanta ni haciendo periodismo o que “El Bronco” está formando “estructura” con los mismos de siempre o con dinero público. En el caso de Ríos Piter, su historia es exactamente opuesta a la de Macron: su carrera no es fuera de los partidos sino adentro. En todo caso se parece a una hibridación entre “el hijo desobediente” de Calderón y “el Bronco”. Si a lo que se refieren es a su capacidad empresarial, ya tuvimos a Fox. Imaginen cómo se vería que un brillante empresario que hace negocios multimillonarios para Slim o Bailleres fuera nuestro candidato. Imaginen, por pura diversión, a Fernando Romero como candidato presidencial. Por macrones no paramos.

Tal vez, la preocupación sea encontrar a un político que no “polarice” y que pueda mantener con vida renovada el estado de las cosas. Pero México no es Francia. Aquí ese reformismo infinito nos ha despojado de “lo público”, ha generado una violencia atroz y en una paradoja teórica ha replegado al Estado al mismo tiempo de autoridad y capacidad de garantía de libertad. Así que probablemente no necesitemos a un “Macron mexicano” y más bien tengamos que buscar figuras más nuestras, que respondan a la crisis de nuestro momento neoliberal y el acecho de un desastroso gobierno gringo. Quizá el mejor postre aquí no es un eclair sino una capirotada.

@antoniomarvel

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