La galaxia en forma de neurona

Lo que sigue al sismo del 19 de septiembre camina sobre los escombros de una clase política al mismo tiempo desprestigiada y oportunista.

La galaxia en forma de neurona
Horizontal Mx

Hace una semana todo cambió. Los desastres nos obligan a repensar aquello que nos da identidad y apego. Y casi nada se salva, únicamente la vida y nuestras redes: amigos, familiares o colegas. Quizá la mejor palabra para describir las horas tras el sismo es “desamparo”, el qué hacer nos devora con la urgencia del tiempo acelerado de la época. En palabras de Octavio Paz, el terremoto ha descubierto a una ciudadanía que parecía oculta por los fracasos de los últimos años y por la erosión moral de nuestras élites. 2017 y 1985 se parecen poco, pero los fracasos son más evidentes y la corrupción más profunda.

Es probable que el cambio cualitativo más importante es que hoy, gracias a la tecnología, tenemos las herramientas para establecer lazos a largo plazo en una red robusta y plural como ninguna otra en la historia. La vorágine de tuits, mails, posts y chats nos hace olvidar que tras cada teléfono existe una persona que ocupa tiempo y espacio, allí sucede el milagro que ya anunciaba el poeta Rubén Bonifaz Nuño:

encima de todo lo que transcurre,

sobre incontenibles aguas que arrastran

cadáveres, techos, ramas, espuma,

es posible, es fácil que se encuentren

manos que por siempre se creyeron

separadas, ojos que no miraban

y que ya se miran con otros,

pasos que se cruzan con otros pasos,

y voces y lágrimas y canciones

que se reconocen, que se juntan

y que se saludan como parientes

La solidaridad vuelve a ser signo frente al infortunio. Miles de personas han quedado afectadas, su patrimonio se ha esfumado. La ayuda será tan desigual como sea posible: para pocos hay mucho Estado y para muchos casi nada. Aunque no es un gesto netamente generacional, los jóvenes han llevado el liderazgo en los primeros días, tal vez la urgencia por desmitificar la narrativa en su contra o quizá la desesperación por encontrar identidad política renovada en la vida pública, pero ninguna selfie resistió la ayuda sincera y desmedida para los otros. No es casualidad: la red de solidaridad generacional que se fuga del statu quo lleva ahí años, en las calles, en los chats, en la sociedad civil organizada, en la desorganizada, en el campo y en la ciudad. El miedo que sienten quienes ocupan las estructuras actuales de poder hoy debe ser más grande y más verdadero. Francisco Goldman acierta en decir que la solidaridad de los chilangos se debe a la proeza cotidiana de sobrevivir en esta ciudad tan invivible como tan nuestra.

Las redes sociales han sido demonizadas una y otra vez, se les acusa de ser máquina de propaganda, instrumento de censura, puerta del espionaje, agujero de rumores y guarida del odio. Son todo eso. Sin embargo no son menos solidaridad, innovación política, información colectiva, megáfono del excluido, muro de la publicidad oficial disfrazada de primera plana, tribuna crítica y centro de entretenimiento. Esta vez nos han servido para ver en tiempo real la geografía de la solidaridad.

Frente al torrente de información falsa, nosotros nos organizamos colectivamente en #verificado19s. Una plataforma horizontal y flexible que ha permitido el desarrollo rápido de capacidades de verificación de información así como de logística ciudadana con capacidad para salvar vidas. Hasta ahora han participado cientos de personas como voluntarias en oficina y campo. Los nodos de la red están descentralizados y distribuidos, cada uno aporta y transporta información de la calle a la red y de la red a la calle. Los principios de la red #verificado19s son los mismos que los de internet –indiscutible ethos generacional–: nadie la posee, todos pueden usarla y cualquiera puede mejorarla. De Erin Gallagher recibí una imagen que recopiló 15 horas de interacciones en la red de Verificado, la galaxia allí plasmada tiene forma de neurona.

Lo que sigue camina sobre los escombros de una clase política al mismo tiempo desprestigiada y oportunista. Sin imaginar todas las tareas que faltan deberemos urgentemente exigir investigación y castigo a quienes resulten responsables por construcciones deficientes emanadas de la corrupción, la reparación total del daño a las víctimas, espacios para ejercer auditoría ciudadana frente a los recursos para la reconstrucción, la revisión de los contratos y concesiones a las empresas inmobiliarias. Hoy se cumplen tres años de la desaparición de los 43 de Ayotzinapa, evento que desde entonces ha movilizado, unido y fortalecido a la sociedad que ya vive en agravio crónico. El 19s se suma para fortalecer a esta telaraña ciudadana que un día terminará por atrapar a sus depredadores. Restituir lo público y devolver a la sociedad lo que es de ella.

 

@antoniomarvel

Close
Comentarios