SSP Federal, ¿va de nuez?

El riesgo de repetición de los errores es altísimo. Podemos estar ante la inminente recreación de una poderosa maquinaria de uso de la fuerza sacada de Gobernación y a la vez contaminada por intereses y agendas políticas.

Dicen que no es posible regresar en el tiempo. No estoy seguro. Vicente Fox creó la Secretaría de Seguridad Pública Federal (SSPF), Felipe Calderón la mantuvo, Enrique Peña la desmanteló y ahora Andrés Manuel López Obrador la volverá a crear. Parece un perfecto salto al pasado. Esto yo ya lo vi. Ya pasamos por la promesa de resolver la crisis de violencia sacando de la Secretaría de Gobernación las funciones de seguridad pública para llevarlas a otra dependencia. Y así nos fue. Justo con la SSPF en plena operación fue que explotó la violencia en México.

Hoy se defiende la idea tal como se hizo ayer: sin argumentos profundos. Se dice que la agenda federal de la seguridad está contaminada por la política; eso se dijo antes. Se dice que eso se resolverá si se saca de Gobernación, así se dijo también. Es como si el tiempo no pasara; como si la experiencia no sirviera para nada o como si el Estado estuviera negado al aprendizaje.

Si esta decisión se va a ponderar en serio, habría que construir un diagnóstico del desempeño y los resultados de lo que fue esa secretaría. Para qué sirvió su creación, habría que responder. En tres planos al menos: desde el análisis de la política federal de seguridad, desde el enfoque de su rol con respecto al Sistema Nacional de Seguridad Pública y desde la investigación de su relación con las autoridades estatales y municipales a lo largo del país. Si va en serio la fundamentación de esta decisión, habría que profundizar en cada uno de estos planos.

La SSPF mereció la multiplicación desproporcionada de su presupuesto (recibió 6,350 millones para operar en el 2001 y la cantidad subió hasta 40,536 millones en el 2012) y fue así protagonista privilegiada justamente de la política de seguridad que el próximo presidente califica como fallida. ¿Entonces en qué quedamos? ¿Esa dependencia no tuvo éxito antes, pero ahora sí lo tendrá? ¿Por qué?

¿Acaso esa dependencia tuvo aciertos y desaciertos? ¿Cuáles? ¿Es cierto que cuando funcionó fue neutralizada la contaminación política que se ofreció? ¿O tal vez sucedió justo al revés y fue usada como herramienta política lejos del control presidencial? ¿Fue adecuadamente ejercido su gasto? ¿Cuál es el saldo de la descomunal infraestructura desarrollada y el equipo adquirido? ¿Ya miró López Obrador los diagnósticos que se hicieron cuando se decidió desmantelarla y regresar la función a Gobernación? Insisto: ¿se está ponderando en serio esta decisión?

Se vienen sumando voces a favor de volver a crear la dependencia. Es normal. Estos temas a cielo abierto atrapan las posturas superficiales con enorme facilidad. La idea suena bien ahora como sonó bien antes. Despolitizar y listo. Ojalá fuera tan simple. No lo es. En realidad el tema es infinitamente más complejo. Lo dije y lo publiqué en tiempos de campaña, lo repito ahora: la discusión no es si se debe o no recrear esa secretaría, la discusión es qué política federal de seguridad se quiere y luego qué instrumentos son necesarios para implementarla. La secretaría no es un fin, es un medio. Entonces vámonos por partes.

Si se acepta que la política de seguridad es un fracaso, se supone que se tiene un diagnóstico de las fallas. Mi posición es que la ineficacia e ineficiencia de la política de seguridad federal y las instituciones responsables se soporta fundamentalmente en el colapso de los mecanismos de rendición de cuentas. Para decirlo de manera simple: está roto el vínculo entre las decisiones y el impacto; esto es, se puede decidir lo que sea porque no hay filtros de racionalidad que controlen la calidad de esas decisiones. Por ejemplo, el despliegue federal policial y militar no provoca reducciones sostenidas de la victimización, la delincuencia y las violencias, y sin embargo la estrategia no es modificada. Así se muestra la fractura entre decisiones e impacto.

Si podemos validar esta enfoque entonces una política federal de seguridad diferente, una que sí funcione para proteger el ejercicio de los derechos y las libertades, debería soportarse justamente en la habilitación de los mecanismos de rendición de cuentas.

Lo más importante y lo más difícil de entender es que las soluciones no están en la creación o disolución de instituciones sino en la reconstrucción de las políticas y en la efectiva y permanente evaluación de los procesos, los resultados y el impacto de las instituciones responsables de implementarlas. Las estructuras públicas no funcionan de manera diferente si la gestión no es diferente. Y la gestión no cambia si la evaluación no funciona. Por cuántos años más tendremos que repetirlo.

Escribo esto justo después de pasar, una vez más, por una experiencia de investigación a profundidad entrevistando a decenas de mandos policiales. Y nuevamente lo confirmo: las instituciones responsables de la seguridad pública en México están casi siempre dominadas por las inercias, de manera que repiten lo que saben hacer, independientemente de que eso redunde o no en la mejora de la seguridad y en la reducción de la violencia. Esto a mi parecer es un fenómeno demostrado y de alcance nacional.

El riesgo de repetición de los errores es altísimo. Podemos estar ante la inminente recreación de una poderosa maquinaria de uso de la fuerza sacada de Gobernación y a la vez contaminada por intereses y agendas políticas. El antídoto de la contaminación, reitero, es la habilitación de robustos mecanismos de rendición de cuentas, asunto que pasa, entre otras cosas, por fracturar la barrera que hasta la fecha impide someter a verdadero control democrático a la Policía Federal, institución que, por cierto, muchos quieren hacer crecer rápidamente (es conocimiento explorado en el foro internacional que el crecimiento acelerado de las instituciones policiales socava sus estándares profesionales).

Si la dependencia federal es nuevamente creada sin equilibrios efectivos entre poderes y controles, entonces habré confirmado que sí se puede regresar al pasado.

 

@ErnestoLPV

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