La supersecretaría y el supersecretario

De aprobarse la reforma legislativa en materia de seguridad propuesta tal como está, y sin construir los contrapesos efectivos, estaremos ante una supersecretaría con un supersecretario al mando que simple y llanamente podrá hacer lo que sea, cuando quiera y como quiera, sin justificación alguna, simplemente metiendo su decisión en la bolsa de la seguridad nacional

El próximo gobierno federal avanza hacia la dilución de las fronteras conceptuales, normativas, institucionales y operativas entre la seguridad nacional y la seguridad pública. No hay precedentes de este alcance en la historia contemporánea y creo que hay motivos para la preocupación mayúscula, desde el enfoque que asocia la salud de una democracia a la fuerza de los contrapesos. Veamos.

Publiqué hace una semanas en este espacio algunas preguntas dirigidas al próximo gobierno federal. Mi primera pregunta fue: ¿Cómo entienden la seguridad pública y la diferencia entre ésta y la seguridad nacional? Ya tengo la respuesta –más o menos-; llegó incluida en la iniciativa de reforma presentada el 18 de octubre por el diputado Mario Delgado Carrillo “por petición expresa” del presidente electo Andrés Manuel López Obrador.

Ahí se expone lo siguiente: “La seguridad pública es un componente fundamental, esencial, de la seguridad nacional; sin la primera, la segunda se debilita y la nación se ve expuesta por la ineficacia, parálisis o ausencia de sus instituciones. En la situación por la que estamos atravesando, la mayor amenaza a la seguridad nacional es la inseguridad pública, las acciones del crimen organizado y la debilidad o franca inoperancia, por incapacidad o por corrupción, de los cuerpos de policía. Por esa situación es que hoy no cabe separar seguridad nacional y seguridad pública, sin restablecer, en todo el territorio nacional, la segunda, el Estado mexicano no podrá garantizar la primera, que finalmente no es sino la existencia y funcionamiento normales del Estado y sus instituciones y la preservación de la integridad del territorio nacional”.

Los días 25 y 26 de octubre del 2017, la Ibero y otras universidades y organizaciones de la sociedad civil convocaron a la Conferencia Internacional Seguridad, Democracia y Derechos Humanos: la Vía Civil, cuya primera mesa de trabajo discutió precisamente sobre las fronteras y las confusiones en torno a los conceptos de seguridad pública y seguridad Nacional (Aquí el video del diálogo). En mi turno, recordé que “un concepto es una idea que concibe o forma el entendimiento” y presenté la tesis de la “obesidad conceptual de la seguridad”, argumentando que la trayectoria normativa en el tema configura un claro proceso de engrosamiento de los conceptos en la medida que empeora la violencia. Usé la metáfora de una bolsa cada vez más grande donde se quiere meter todo. A más riesgos y amenazas, más amplios deben ser los contornos conceptuales. Así, se ha venido pensando que deben diseñarse conceptos que abarquen más para entonces darle mejores herramientas al Estado.

Sin embargo, y aquí el punto central de mi tesis, la tendencia expansiva se beneficia de una ambigüedad que termina convirtiendo a esos conceptos en “cláusulas de habilitación de poderes” (inspirado en un libro seminal en los estudios sobre seguridad, policía y democracia: Policía y Constitución. Barcelona Llop, Javier. Madrid, 1997). La ambigüedad producto de la obesidad conceptual debilita la posibilidad de definir lo que se vale y lo que no se vale en las políticas públicas y en el quehacer de las instituciones responsables de la seguridad. Puse en ese evento ejemplos tales como la asimilación de la seguridad y la estabilidad, de la seguridad y el Estado de derecho o de la seguridad y la integridad de las instituciones. En el tramo final de la intervención referí mi enorme preocupación asociada al déficit en la densidad crítica de los legisladores en torno a los conceptos incluidos en la construcción de normas en materia de seguridad. Así terminé: “Producir normas para la seguridad sin hacerse cargo de los contornos conceptuales provoca consecuencias que ni siquiera las y los legisladores pueden entender”.

La lectura de los párrafos citados de la exposición de motivos y del articulado de la misma confirma la ruta de la obesidad y la ambigüedad conceptual con mucha más contundencia de la que jamás anticipé. La seguridad pública es para el próximo gobierno federal un componente fundamental de la seguridad nacional, postura que da paso a la reunión de ambas funciones en una sola secretaría. Bien leída la propuesta, estamos ante una mezcla de conceptos y suma de poderes y presupuestos que obliga a enceder todas las alertas posibles.

En el tablero del próximo titular de la que sería la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana estará el control superior de todas las herramientas de información y gestión de la seguridad nacional, la política criminal, el Sistema Nacional de Seguridad Pública, el programa rector de profesionalización policial, el sistema de reinserción social, los servicios privados de seguridad y la protección civil. Si se ve en términos de cadena de autoridad ese secretario controlará la gestión del Consejo de Seguridad Nacional, el Consejo Nacional de Seguridad Pública, la Conferencia Nacional de Secretarios de Seguridad Pública, el Comisionado Nacional de la Policía Federal y el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. En términos presupuestales hablamos de un crecimiento de más del cincuenta por ciento con respecto a los recursos que tuvo esa dependencia en su punto más alto al final del sexenio de Calderón.

Hay más. López Obrador anticipó que todo el pie de fuerza federal, civil y militar, funcionará en una sola estrategia. Esto implica la posibilidad de que el continuo que desdibuja las fonteras entre la seguridad pública y la seguridad nacional haga lo propio con la seguridad interior, creando al final una mezcla de poderes de intervención imposibles de diferenciar, menos de controlar.

Y todo lo anterior sucederá en un contexto de debilidad estructural y crónica de los contrapesos, la rendición de cuentas y la transparencia de las políticas e instituciones responsables de la seguridad nacional, la seguridad pública y de todos los tramos de responsabilidades que quedarán en manos de la secretaría que será creada. Solo hay que ir a las palabras de Alfonso Durazo –quien al parecer será el titular de esa dependencia reinstalada y empoderada- quien ha hablado del “crimen uniformado en la PF”, para confirmar que quienes llegan al gobierno federal saben de la debilidad crónica de los sistemas de control de los aparatos federales de seguridad.

La pregunta fundamental es directa y simple: ¿esta decisión de habilitación de poderes vendrá acompañada de la habilitación de controles legítimos y eficaces? Me refiero a controles internos y externos; esto es, controles administrativos, ministeriales, judiciales, legislativos, de derechos humanos nacionales e internacionales y ciudadanos.

Cuesta mucho trabajo pensar en esta doble decisión a favor de los poderes y de los controles por parte del próximo gobierno federal por la sencilla razón de que la iniciativa citada no incluye un lenguaje claro y moderno que se preocupe igual por los fines y los medios. Esto es común en México. Se trata de uno de nuestros grandes déficits políticos y también sociales, anclados en un imaginario colectivo que prefiere inflar los poderes sin acompañarlos con los controles adecuados.

El material disponible para entender las diferencias entre las políticas e instituciones de seguridad autoritrarias sin controles y las democráticas sujetas a controles es vastísimo. Quién entre los grupos parlamentarios de Morena y aliados lo está estudiando para discutir la propuesta de la supersecretaría. Más aún, ¿la propuesta está en efecto abierta a la discusión? ¿O lo estuvo antes y se documentó alguna ponderación reflexiva y sobre todo equilibrada en torno a las oportunidades y los riesgos de esta nueva conformación orgánica?

Para decirlo de manera muy sencilla, de aprobarse la reforma propuesta tal como está y sin construir los contrapesos efectivos, estaremos ante una supersecretaría con un supersecretario al mando que simple y llanamente podrá hacer lo que sea, cuando quiera y como quiera, sin justificación alguna, simplemente metiendo su decisión en la bolsa de la seguridad nacional. Poderes sin controles es la ruta que nos trajo acá. ¿Hacia dónde vamos?

 

@ErnestoLPV

Close
Comentarios