Guardia Nacional: la última oportunidad

Si se consuma el error de aprobar la Guardia Nacional militarizada y encima se renuncia a la auténtica habilitación de un sistema de contrapesos adecuadamente institucionalizado y suficientemente robusto, estaremos ante un evento que no solo podría prolongar la crisis humanitaria de violencia sino además comprometería el régimen democrático mismo.

La Guardia Nacional(GN) militarizada será creada. La propuesta vencerá por la vía política aunque no convencerá por la vía técnica. Es en el más estricto sentido del término un acto de poder. Será porque puede ser. No será porque debe ser*. Asumo esta premisa y acepto que, al menos por ahora, solo queda luchar para que sean habilitados los contrapesos mínimos necesarios e intentar que la GN opere bajo controles democráticos.

En términos esquemáticos hay dos posibles destinos de la GN: operará bajo sistemas de control internos y externos funcionales o sin ellos. La verificación de una u otra cosa se dará en los hechos, no en el discurso político. En particular me refiero al uso de la fuerza. La GN tendrá controles previos, durante y posteriores al uso de la fuerza de acuerdo a los estándares normativos y técnicos recomendados por la ONU para la función policial en democracia, o no los tendrá.

De no tenerlos, será imposible someterla a control democrático. Y cada evento de uso de la fuerza que transite al margen de los controles policiales adecuados, empujará a la GN hacia su autonomía operativa y también política. Si es el caso que la GN solo rinde cuentas ante sí misma, se habrá creado un poder que estará al margen y por encima de cualquier otro, incluyendo potencialmente la evasión del control presidencial mismo.

Si la expectativa de control político y operativo de la GN se deposita fundamentalmente en la disciplina -como se viene ofreciendo-, ya sea militar, civil o ambas, y no se institucionalizan los medios técnicos de supervisión, documentación, evaluación y consecuencias sobre el desempeño, entonces estaremos ante un poder armado incontrastable.

En el Senado está la última aduana. Ahí saben bien que no operan en México los controles mínimos suficientes sobre el uso de la fuerza policial y militar. Y también saben que ningún control formal funcionará -no importa cuántos cambios normativos aprueben- si éste puede ser manipulado por la cadena de mando operativa y política. De ahí que el conocimiento más avanzado ha confirmado que solo funcionan los controles múltiples para en efecto impactar en las prácticas.

Si se consuma el error de aprobar la GN militarizada y encima se renuncia a la auténtica habilitación de un sistema de contrapesos adecuadamente institucionalizado y suficientemente robusto, estaremos ante un evento que no solo podría prolongar la crisis humanitaria de violencia sino además comprometería el régimen democrático mismo.

El Senado tiene la palabra.

 

@ErnestoLPV

 

 

* No discutiré esto aquí. Ya lo hice en varias ocasiones en este espacio, lo expuse en la Cámara de Diputados y en el Senado de la República y he lanzado múltiples propuestas diversas durante casi tres décadas de investigación. Además, vengo acompañando las alternativas que ha formulado el Colectivo Seguridad Sin Guerra.

Close
Comentarios