Un tranvía llamado te asaltan, te acosan y te callas

En Ciudad de México el 20 % de todos los delitos que se cometen ocurren en algún transporte público; sin embargo, las víctimas de estos delitos apenas representan el 2 % de las denuncias presentadas ante la PGJ.

Por: Adrián Lara (@adrianlgara) y José Merino (@PPmerino), Data4 (@Data4mx)

Subirse al transporte público en la ciudad es lanzarse a la incertidumbre, al miedo y a la indefensión. Donde no aparecen la autoridades lo que aparece es saberse vulnerable y saberse desamparado. Entregar tus bienes de valor y agachar la cabeza.

El pasajero o la pasajera del transporte público de Ciudad de México no solo tolera una mala calidad en el servicio, sino que también tiene que resignarse a ser una posible víctima de asaltos, agresiones, amenazas, y distintos tipos de hostigamientos sexuales. Y dicho riesgo no es uno remoto: las cifras más recientes de la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE) estiman que desde el 2010 en promedio cada año más de 744 mil delitos son cometidos al interior del transporte público, lo que equivale a una tasa promedio anual de 8 mil 500 delitos por cada 100 mil habitantes.

Pero a pesar de ser extremadamente frecuentes, los delitos cometidos en transportes públicos son raramente denunciados por las víctimas e investigados por las autoridades. Para confirmarlo, basta con observar los registros de la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México publicados periódicamente desde hace cuatro años. Con base en dichos registros, la PGJ ha señalado que las denuncias emprendidas por delitos realizados dentro de algún tipo de transporte público rara vez suman más del 3 % de todas las denuncias que anualmente son recibidas.

Saber qué delitos amenazan a los usuarios de este servicio, con qué frecuencia lo hacen y de qué manera han respondido las víctimas ante los hechos son preguntas que debemos contestar para poder lograr contextualizar esta inseguridad. Con estos objetivos en mente, decidimos profundizar en los resultados capturados por la ENVIPE y en los reportes anuales de la PGJ. Ambas fuentes llegan a una misma conclusión: la inseguridad al interior del transporte público es solo comparable con el silencio de sus víctimas. A continuación, les explicamos el cómo y el porqué.

¿A qué tipo de delitos son más vulnerables los usuarios del transporte público de Ciudad de México?

Como mencionamos al principio de esta nota, el número de delitos que anualmente se cometen en el transporte público capitalino es enorme. Tan solo durante 2016 se registró una tasa de 10 mil 166 delitos por cada 100 mil habitantes, la cual es la tasa de delitos más alta para el transporte público desde el 2010. Además, La tasa de delitos al interior de transporte público ha crecido de manera constante desde el 2012 y se espera que 2017 -el año más violento de los últimos veinte- imponga un récord que supere el del 2016.

Sin embargo, si bien la naturaleza de los delitos ocurridos en el transporte público de Ciudad de México abarca desde amenazas hasta secuestros, existen 2 casos que se presentan con mayor frecuencia que los demás: los casos de robo y los casos de acoso o abuso sexual. Estos son los delitos a los que más vulnerables son las personas que utilizan este servicio y son aquellos que registran las tasas de ocurrencia más altas. De hecho, en el período de 2010 a 2016 la tasa promedio respectiva para estos delitos fue de 7 mil 500 robos por cada 100 mil habitantes y de 775 acosos o abusos sexuales por cada 100 mil habitantes.

Pero aun cuando robos y acosos sean los delitos más recurrentes en el transporte público, existe una diferencia esencial entre ambos tipos de delito que se ha ido consolidando durante los últimos años. Con esto nos referimos al hecho de que mientras la tasa de hostigamiento sexual al interior del transporte público se ha ido reduciendo desde el 2014, exactamente lo contrario ha sucedido con la tasa de robos. La tasa de robos en el transporte público capitalino no tan solo no ha podido reducirse, sino que de hecho ha crecido de manera consistente desde el 2012, llegando a registrar una tasa de 9 mil 478 robos por cada 100 mil habitantes en 2016.

Después de los robos y los acosos sexuales, los crímenes que más se cometen en el transporte público de Ciudad de México son casos de amenazas y casos de agresiones físicas. Aunque la frecuencia de estos delitos se encuentra muy por debajo de los robos y hostigamientos sexuales, sus tasas promedio de ocurrencia siguen siendo considerables: 50 agresiones físicas o verbales por cada 100 mil habitantes y 67 amenazas por cada 100 mil habitantes para el período comprendido entre 2010 y 2016.

El silencio de las víctimas

Los delitos en el transporte público de Ciudad de México no sólo forman parte del panorama de inseguridad en la vía pública, sino que durante los últimos años han representado una importante proporción del total de delitos ocurridos en la capital del país. Del 100 % de los delitos estimados por la ENVIPE entre 2010 y 2016, el 20.83 % de ellos fueron delitos ocurridos en los servicios del transporte público. Es decir, en promedio durante los últimos años por lo menos 2 de cada 10 delitos en Ciudad de México sucedieron mientras las víctimas hacían uso de algún transporte público.

No obstante, a pesar del inmenso número de delitos cometidos en el transporte público de Ciudad de México, la cantidad de denuncias que se realizan a partir de los mismos es casi inexistente. Gracias a los datos sobre denuncias recibidas que la Procuraduría General de Justicia de Ciudad de México ha publicado desde el 2014, sabemos que las denuncias sobre delitos cometidos en algún transporte público no suman ni siquiera el 1 % de los delitos calculados por la ENVIPE. En otras palabras, si el número de delitos cometidos en el transporte público estimado por la ENVIPE es acertado, ello supondría que el 99.5 % de las víctimas jamás denunciaron los hechos ante la PGJ.

El problema no solo es que las denuncias no representen el total de delitos estimados por la ENVIPE, sino que aún dentro del registro de la PGJ las denuncias por delitos dentro del sistema de transporte público son las menos frecuentes. Desde 2014 hasta 2017 el número de denuncias por delitos cometidos en el servicio de transporte no ha sumado más del 2% del total de denuncias. Esto implica que a pesar de ser una de las situaciones de inseguridad más frecuentes en Ciudad de México, solo 2 de cada 100 denuncias son relativas a algún delito cometido en el transporte público.

Incluso en los delitos más recurrentes, robos y hostigamientos sexuales, el número de denuncias es prácticamente inexistente. En promedio, anualmente solo el 4 % de todos los robos al interior del servicio de transporte público son reportados y solo el 2 % de los casos de hostigamiento o abuso sexual son propiamente denunciados. De hecho, durante 2011,2012,2014 y 2016 no hubo una sola denuncia por hostigamiento o abuso sexual en transporte público.

De la necesidad a la cautividad

Ya sea por su precio, por su disponibilidad o por su alcance, el transporte público de Ciudad de México es la única opción viable para miles de capitalinos. Son estos hombres y mujeres quienes, sin contar con más alternativas, deciden resignarse a la inseguridad que inunda el servicio del transporte público de su ciudad. Una resignación que, ya sea por miedo o desconfianza, implica la impunidad para los más de 7 millones de crímenes que son cometidos cada año.

Actualmente el INEGI se encuentra capturando los datos que compondrán la octava y nueva edición del ENVIPE. Las encuestas realizadas para esta edición permitirán conocer los delitos y la inseguridad percibida por los mexicanos durante el 2017. Además, será por medio de esta nueva publicación que se podrá cuantificar el efecto de la ola de violencia del año pasado sobre los delitos al interior del transporte público de la Ciudad de México.

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