Con un pie en la tumba y con otro en la cárcel

¿Qué pasa por la mente de un agente de policía en el momento preciso en el que decide utilizar la fuerza en nuestro país?

Por: Miguel Garza

Hace algunas semanas, en Ciudad Obregón, Sonora, un agente de la policía estatal me dijo: “Los policías estamos con un pie en la tumba y con el otro en la cárcel”. Difícil cumplir con una tarea tan complicada como la de hacer cumplir la ley, cuando hay tanta incertidumbre en la cabeza.

¿Qué pasa por la mente de un agente de policía en el momento preciso en el que decide utilizar la fuerza en nuestro país? Posiblemente piensa en las consecuencias jurídicas posteriores a su acción, quizá recuerda su formación inicial (si es que la tuvo) en la que le enseñaron a utilizar el medio más adecuado que se corresponda al nivel de agresión, también podría estar pensando si la persona que enfrenta “merece” ser lesionado porque se ha comportado mal y, desde un punto de vista más positivo, posiblemente piensa que está protegiendo la vida de una persona, de una compañera o compañero, o su propia vida.

En relación con la formación para el uso de la fuerza, un policía en la academia recibe información con un esquema como este, al que se la llama “modelo del uso de la fuerza”:

En este esquema se muestra el modelo de uso de la fuerza del protocolo que utiliza la Policía Federal como referencia para su actuación. El modelo del uso de la fuerza es la parte central de un protocolo ya que es el mecanismo a introyectar por parte de las y los agentes para decidir que tipo de fuerza aplicarán y con que instrumento a partir de una evaluación de la situación que debe ocurrir incluso en fracciones de segundo, por supuesto, en la medida que el modelo se instale en la mente del agente y se vuelva automático el grado de certeza aumenta.

Al terminar su formación, a veces con un protocolo, a veces sin ningún lineamiento al respecto, las y los agentes tomarán la decisión de usar la fuerza pensando en este esquema. Lo que muestra la pirámide se refiere al nivel de fuerza y como se incrementa de acuerdo al nivel de agresión en cada caso, por ejemplo, si una persona se resiste a ser detenido por un policía, pero no agrede físicamente al agente, este no tendría permitido usar un nivel de fuerza muy superior, por ejemplo, su arma de fuego.

En 2013, un policía en Canadá disparó por lo menos en cinco ocasiones al joven Sammy Yatim, quien padecía una enfermedad mental y amenazaba a los agentes con un cuchillo. Al momento del acontecimiento, el agente policial que accionó su arma de fuego lo hizo de manera reiterada, aun cuando el joven ya se encontraba en el piso. ¿Por qué las y los agentes de policía no pueden bajar el nivel de intensidad?

El caso es relevante, ya que generó una discusión sobre el “modelo del uso de la fuerza”. La investigación del hecho, el análisis del modelo que utilizaba la policía para capacitar a las y los agentes, diversas entrevistas y la revisión de muchos otros casos, proporcionaron datos suficientes para afirmar que el “modelo del uso de la fuerza” que aprendían en la academia debía ser modificado.

De esta forma, pasaron de un modelo piramidal, como el que la mayoría de las policías mexicanas utilizan en la capacitación, por uno circular que pretende que los agentes visualicen la situación de crisis en los momentos de un enfrentamiento y consideren que cambian constantemente. El modelo circular de Ontario se resume en el siguiente esquema:

Según el estudio “A Matter of Life and Death”, el problema del modelo piramidal es que los policías toman la decisión de utilizar un nivel de fuerza, con base en el posible escalamiento de la situación en algo más grave, por lo que la intensidad tiende a subir y difícilmente vuelve a la calma. Es decir, el policía inicia con un grado de intensidad de la fuerza que puede aumentar y posiblemente nunca regrese a uno inferior, a pesar de que el nivel de violencia de la situación haya disminuido o, incluso, desaparecido.

El modelo circular es más dinámico y permite que los agentes aprendan técnicas para disminuir el nivel de intensidad de acuerdo al momento que se presente. De hecho, el término des-escalamiento en el uso de la fuerza se consolidó como una técnica para reprogramar la capacitación de las y los agentes.

Por su parte, el “modelo del uso de la fuerza” en México que la institución policial va a utilizar, se encuentra identificado en el protocolo para el uso de la fuerza, que es el lineamiento que debe guiar la decisión de las y los policías.

En la sesión 43 del Consejo Nacional de Seguridad, celebrada en diciembre de 2017, se señala en el acuerdo número 14 que “se aprueba que la Oficina del Comisionado Nacional de Seguridad, en coordinación con el Secretariado Ejecutivo Nacional de Seguridad Pública, la Procuraduría General de la República e instancias competentes de las entidades federativas y municipios, elabore el Protocolo Nacional de Uso Legítimo de la Fuerza”. A pesar de ello, hasta este momento no se ha programado la sesión del Consejo Nacional de Seguridad que tenía fecha para agosto, en la cual se presentaría la versión final del protocolo. Para su elaboración, Insyde acompañó, junto con otras organizaciones de la sociedad civil, algunas etapas de su construcción y, sin duda, el protocolo deberá representar una guía para que las instituciones policiales del país cuenten con un lineamiento que facilite la toma de decisiones de los agentes y les proporcione certeza en su actuación.

Una vez que el protocolo sea aprobado y se determine su publicación, será fundamental la siguiente etapa, es decir, la puesta en marcha. Sin duda, como ya expliqué con el caso de Canadá, la capacitación bajo un esquema no piramidal y que considere las situaciones de crisis que pueden subir y bajar de intensidad, es clave para que el protocolo funcione.

Pero otro factor igual de importante serán las herramientas (equipamiento) que tengan las y los policías para poder aplicar los diferentes niveles de uso de la fuerza. No deberían salir a la calle agentes de policía que portan un arma de fuego como única herramienta para aplicar la fuerza. De acuerdo con cualquier protocolo general, se requiere considerar, al menos:

  • Para la presencia policial, un uniforme completo y en buenas condiciones.
  • Para las instrucciones verbales, agentes bien capacitados con habilidades de comunicación como la asertividad.
  • Para las técnicas ligeras de control, fuerza física y capacitación en defensa personal y equipo de candados de mano (esposas).
  • Para las técnicas intensas de control, fuerza física intensa y equipo como bastón, gas pimienta, balas de goma, aparatos de descargas eléctricas, cápsulas de pintura.
  • Para la fuerza potencialmente letal, arma de fuego.

Cuando las y los agentes no portan el equipo suficiente para los diferentes niveles de fuerza a aplicar, no importa si introyectaron adecuadamente el modelo, simplemente no tienen opción entre la fuerza física y, en el caso de la SSPCDMX por ejemplo, el arma de fuego.

Los hechos ocurridos en San Juan Ixhuatepec hace algunos días, simplemente no tienen justificación. En el video se aprecia a un grupo de agentes que siguen golpeando a una persona, a pesar de que ésta ya no ofrece ninguna resistencia. Si bien la situación inicia con un momento de tensión previo y, de acuerdo con lo que el propio Secretario declaró sobre la persecución de dos personas que habían cometido un robo a una gasolinera, el momento del enfrentamiento que se captó en el video es una situación de crisis en la que ya disminuyó el nivel de intensidad. Valdría la pena un ejercicio de revisión al interior de la SSPCDMX, que incluya, entre otras, las siguientes reflexiones: Las y los agentes de policía, ¿siguen un protocolo? ¿Qué modelo de uso de la fuerza incluye el protocolo? ¿Tienen certeza jurídica en sus actuaciones? ¿Cuentan con el equipo suficiente que les permita decidir entre diferentes niveles de fuerza? ¿Documentan el uso de la fuerza? Y, lo más importante, de cada hecho relevante en el que derivado del uso de la fuerza, una persona resulta lesionada, ¿la policía lleva a cabo un proceso de aprendizaje sobre el uso de la fuerza?

Cuando un hecho de estas características ocurre, la oportunidad para la Policía de la Ciudad consiste en transformar el sistema de formación para el uso de la fuerza, crear sistemas de responsabilidad efectiva de la conducta policial y mecanismos para documentar, sistematizar, analizar y aprender, con base en evidencia empírica, la evolución del uso de la fuerza y la aplicación de la ley.

 

@InsydeMx

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