La policía NO VA a la Cuarta Transformación

Ante el complejo contexto de la inseguridad, ¿cuál es el escenario de violencia directa que les espera a los 50 mil jóvenes que serán convocados a formar parte de este cuerpo?, ¿cuál es la propuesta concreta en la gestión, profesionalización y ciudadanización para las policías? y, de fracasar la guardia nacional, ¿cuál sería la alternativa?

Por: Edgar Martínez G. (@ediimgz)

La narrativa de las policías se difuminó parcialmente en la presentación de la nueva política de seguridad que echará a andar el gobierno del siguiente sexenio. Uno de los principales problemas que ha padecido el país, en materia de seguridad, es el desempeño de los diferentes cuerpos policiales y su intervención en el campo de la prevención del delito.

La guardia nacional, como directriz central en la respuesta al escenario de violencia e inseguridad, es un síntoma de la incapacidad gubernamental para dotar de horizonte a los elementos que constitucionalmente están facultados para llevar tareas de prevención, atención y resolución del problema delincuencial. Las propuestas para solucionar uno de los principales padecimientos de la sociedad mexicana son un mal indicio, tanto para policías como para las y los jóvenes.

Primero, plantear como esquema de “guardia nacional” para la formación e integración de 50 mil jóvenes, habla sobre la falta de un horizonte solidario, seguro y favorable para ellas y ellos. Sobre todo, tomando en cuenta que una de las tareas principales será contrarrestar el fenómeno del narcotráfico cuya estructura, como sugiere Guillermo Valdez, se encuentra en una actual re-organización. Así, empresas criminales como la del cartel de Sinaloa, cuyas células están adoptando nuevas prácticas, quedan sujetas al continuum movimiento violento. Incluso están llegando a entornos urbanos donde antes era muy difícil operar desde la sierra, por ejemplo, recientemente se han difundido declaraciones sobre la operación de Ismael “El mayo” Zambada en la Ciudad de México, desde hace ya tiempo.

El campo de la violencia es cada vez más complejo en el país, así lo demuestran el feminicidio, la renta de plaza, la extorsión, la mafia prestamista, el robo a transporte y el huachicoleo. Al respecto, quedan muchas preguntas sobre la propuesta que acaba de salir del entorno amlista, cuyos integrantes en algún momento tuvieron la oportunidad de gestionar la (in)seguridad en los últimos 18 años (Gertz Manero encabezó la primer Secretaria de Seguridad Pública y Marcelo Ebrard fungió como secretario de la SSPDF), y hoy se presentan de nuevo para encabezar la “nueva” política de seguridad del gobierno entrante.

Ante el complejo contexto de la inseguridad, ¿cómo una guardia nacional formada principalmente de militares, navales y federales convivirá con el entorno de comunidades donde se complejiza aún más la violencia?, ¿cuál es el escenario de violencia directa que les espera a los 50 mil jóvenes que serán convocados a formar parte de este cuerpo?, ¿qué pasará con las policías durante los tres primeros años de formación de la guardia nacional?, es decir ¿cuál es la propuesta concreta en la gestión, profesionalización y ciudadanización para las policías? y, de fracasar la guardia nacional, ¿cuál sería la alternativa? Insisto, ¿qué va a pasar con las policías?

La policía mexicana es reconocida como el primer contacto cotidiano que tiene la ciudadanía con alguna autoridad o institución. Entre las policías más reconocidas se encuentra la municipal, es decir, el ciudadano identifica en su entorno inmediato a este tipo de actor policial, sobre todo cuando se trata de una situación relacionada con alguna falta administrativa, por ejemplo, violar el reglamento de tránsito o un acto de vandalismo, o bien una demanda de auxilio.

También es en la policía local-municipal donde se concentra la mayor percepción de desconfianza, en comparación a los diferentes cuerpos policiales. La Encuesta Nacional sobre Seguridad Urbana (septiembre, 2018), expone que a este nivel, la policía cuenta con 38% de aprobación de la ciudadanía; mientras la marina cuenta con 86% de aprobación aproximadamente.

Es evidente que hay una distancia amplia en términos de satisfacción ciudadana, sin embargo, vale la pena recalcar que entre estos dos actores hay, también, una distancia legal-formativa e institucional-jurisdiccional, así como mediática-publicitaria. En el año 2014 la Secretaría de Defensa Nacional gastó en publicidad un poco más de 42 millones de pesos, lo cual hace una notoria diferencia entre la imagen que ofrece una institución con tal posibilidad de costeo y una que apenas cuenta con los elementos básicos para su trabajo como lo son las policías locales.

Tampoco hay que olvidar que antes y durante el proceso electoral del 2018, existía una notoria tensión entre el hoy presidente electo y la milicia mexicana por los acontecimientos del 26 de septiembre en Iguala, Guerrero, ya que AMLO había dejado entrever la responsabilidad de los militares en la desaparición de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa, declaración que no fue bien recibida por quienes están al frente de las fuerzas armadas.

En esa tesitura, resalta que el ahora próximo Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, afirme que la policía no pueda ser integrada a la guardia nacional porque en su mayoría sean corruptibles. Es cierto que existe un grave problema de transparencia, honestidad y confianza en las policías, pero esto debe ser motivo para formar, fortalecer y generar mecanismos de confianza en las policías y no para relegarlas, la pregunta central ante el plan de exclusión es ¿por qué no trabajar con la ciudadanía?

La Guardia Nacional, tal como fue presentada es un revestimiento de la guerra contra el crimen organizado. La lectura de diferentes actores, que llevan trabajando larga data en el tema de la seguridad, es que el gobierno entrante apostará a la continuidad de la estrategia instrumentada en el año 2008, que lejos de disminuir la tasa de homicidios, delitos y desapariciones, ha aumentado la espiral de la violencia de una forma cada vez más aguda.

La policía no va a la “cuarta transformación” de México, y no va porque, la propuesta principal es unificar a las fuerzas en una “Guardia Nacional” cuyo mando directo dependa del ejecutivo.

La policía también necesita confianza

La iniciativa que está próxima a presentarse, plantea la reorientación de los militares hacia una “Guardia Nacional” para estrechar los lazos con la sociedad, sin embargo, no dice cómo. Mucho menos dice cómo y hasta cuando se trabajará en mejorar la confianza entre ciudadanía y policías.

Es fundamental retomar el paradigma de la seguridad ciudadana, el cual hoy se ve difuminado por una perspectiva cuasi militar que permea la política en la materia. Resulta igual de oportuno seguir escuchando para construir narrativa plural y divergente en este campo en tensión para encontrar los puntos de equilibrio.

La ciudadanía quiere un cambio en el escenario de violencia e inseguridad a el que se encuentra en permanente riesgo. Dice Zarate (2015), la ciudadanía no está preocupada por la captura de los capos y de las armas que les son incautadas; los ciudadanos quieren salir a la calle, llevar a sus hijos a la escuela.

 

*Edgar Martínez es colaborador externo de @InsydeMx @Red_SJP, especialista en Modelos de Intervención en Jóvenes y maestrante en sociología de la IBERO.

 

@InsydeMx

Close
Comentarios