Los centros comerciales: una modernidad resquebrajada

Lo sucedido en Artz Pedregal es todo menos una sorpresa: es el desenlace esperado de obras turbias llevadas a cabo donde no se deberían y de contratos que nunca debieron ser otorgados. Exijamos que se esclarezca el caso y se revierta la oleada de construcciones acuñadas por la corrupción.

Hace unos días, Leonardo Curzio propuso que durante la transición en la CDMX no se otorguen nuevos permisos de construcción. Esta voz se une a la de tantos otros que hemos venido denunciado el urbanismo salvaje que aqueja y destruye nuestra maltrecha ciudad.

Y es que aquí, los centros comerciales y edificios residenciales surgen de cualquier predio cual champiñones en plena temporada de lluvia. El uso de suelo se adapta y transforma según las necesidades de las empresas inmobiliarias; muchas veces, la transacción termina pactándose en lo oscurito. Resultado: las construcciones están mal hechas, plagadas de irregularidades y sin cumplir con la reglamentación vigente. Pero que se construyen porque se construyen, pese a las numerosas protestas ciudadanas. El derrumbe de una parte de la plaza Artz Pedregal, recién inaugurada en marzo del 2018 es el más reciente escándalo que se suma a la lista cada vez más larga de socavones, Pasos Exprés y departamentos nuevos que no resisten temblores. Cada caso es distinto pero la respuesta de las inmobiliarias y del gobierno sigue el mismo cínico modus operandi que se repite hasta el agotamiento: se lamenta la situación; se promete investigar las causas y encontrar responsables, pero se termina por cerrar la carpeta de investigación con una notable ausencia de responsables y más contratos en puerta. Todo esto en medio de un hartazgo social cada vez más evidente frente a este halo de turbiedad y de irregularidades que apestan a corrupción. Aquí no pasa nada hasta que todo se derrumba.

A decir verdad, lo sucedido en Artz Pedregal es todo menos una sorpresa: es el desenlace esperado de obras turbias llevadas a cabo donde no se deberían y de contratos que nunca debieron ser otorgados. Esta vez no hay heridos que lamentar pero no hay que olvidar que tenemos muchas Artz Pedregal en la ciudad. Así que sí, a exigir que se esclarezca el caso, pero sobretodo a revertir esa oleada incontrolable de construcciones acuñadas por la corrupción.

Lo admito, no es tan fácil para una ciudad acostumbrada a medir el éxito y el progreso en toneladas de concreto. Para Mancera, el Artz de Pedregal era un testigo de modernidad. Una modernidad completamente rebasada, que se resquebraja y que hoy acaba de caerse a pedazos. Una modernidad de concreto que no rima con calidad de vida. Una lógica de construir por construir. ¿Y si construimos menos y replanteamos más?, ¿Y si la ciudad chingona que se imaginó Emilio Lezama con sus ríos y lagos no fuera tan utópica después de todo?, ¿Y si volteamos a ver lo que se está haciendo fuera de México?

Veríamos gobiernos que se esfuerzan por reestructurar sus ciudades para que tengan dimensiones humanas; con más peatones y menos coches; más transporte público y menos segundos pisos; más áreas verdes y por piedad, menos centros comerciales[1]. Y adivinen que, con mejor calidad de vida también. ¿Será tan complicado replicarlo aquí?

Cada vez somos más los que exigimos repensar una ciudad con menos concreto y con un uso de suelo que no se entregue al mejor postor. Ojalá, ojalá que la nueva administración sí nos escuche. Me uno a la propuesta de Leonardo Curzio #NingúnPermisoDeConstrucción. Y agregaría: anulación de contratos a los que no respeten la ley.

 

@andreabizberg

 

Referencias:

[1] Para que se den una idea, en 2016 la Zona Metropolitana del Valle de México contaba con más de 200 centros comerciales.

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