¿Qué pasa en las áreas periféricas de la CDMX?

La necesidad de compactar las ciudades propiciaría un impacto ambiental positivo en las áreas periféricas, por ello la ciudad requiere una planeación urbana más inteligente que asegure la diversidad de actividades en un mismo espacio.

Salir de la ciudad en carretera suele ser una experiencia caótica: nudos de tráfico parecen negarse a dejarnos ir en busca de pastos más verdes; mientras que los paisajes de la periferia, cada vez más semejantes a campos de construcción, nos soplan al oído que quizás, ya no encontremos lo que estamos buscando. Y es que, cada salida de la ciudad nos arroja un paisaje más gris, más artificial, a costa de bosques, ecosistemas que, impotentes, van cediendo terreno al desbocado crecimiento de la CDMX.

Pareciera que estas tierras están reservadas a la futura urbanización, territorios con un uso de suelo que se negocia en cuestión de horas y acuñado por políticas públicas que buscan objetivos contrarios. Instituciones gubernamentales dan subsidios para incentivar la actividad ganadera en ciertas zonas, al tiempo que, estos mismos lugares son designados por otras agencias como áreas de conservación. Esta confusión de objetivos y la falta de aplicación de la ley no permite la protección de ecosistemas que, sin embargo, es valiosa para nuestra sociedad.

Y es que estas áreas peri-urbanas proveen el 70% del agua potable de la CDMX y captan 90 toneladas de dióxido de carbono por hectárea y por año, lo que contribuye significativamente a la mejoría de la calidad del aire en nuestra ciudad. No hay que olvidar que son también refugio de plantas, animales…y humanos, en busca de un respiro de la ciudad y de su paisaje de concreto. En pocas palabras, son sinónimo de calidad de vida, son un resguardo de biodiversidad. Y sin embargo, en los últimos años, la degradación de las áreas periféricas a la CDMX se ha intensificado de manera drástica, con una multiplicación descontrolada de asentamientos irregulares.

Programas de conservación y promoción de actividades económicas sustentables, como el Pago por Servicios Hidrológicos Ambientales (PES), las Unidades de Manejo para la Conservación de la Vida Silvestre (UMA) y los Fondos Comunitarios para el Desarrollo Rural Equitativo y Sustentable (FOCOMDES), han sido implementados de manera a conciliar conservación y actividades económicas. Sin embargo, sus impactos son limitados puesto que cada programa busca objetivos distintos, exhibiendo una falta de coherencia y coordinación entre ellos. Además, están fuertemente basados en una estrategia de subsidiar para conservar. El problema reside en que los beneficiarios perciben esta ayuda económica como un ingreso extra, pero que pocas veces logra transformarse en un empuje para desarrollar actividades alternas, redituables y sustentables. Y ahí está el peligro. Un subsidio que es asimilado únicamente como ingreso extra, está destinado a fracasar porque no puede ser más que temporal: el esfuerzo de conservación durará el tiempo que el subsidio permanezca. No permite la creación de actividades económicas sustentables lo suficientemente fuertes como para que sigan perpetuándose, aún cuando la ayuda económica haya desaparecido. Los subsidios pueden ser herramientas extremadamente útiles en la etapa de transición hacía otro tipo de actividades económicas, pero, para lograr su cometido, tienen que tener fecha de expiración, tienen que estar inmersos en un programa a largo plazo. Los subsidios no pueden ser la estrategia en sí. Sólo así se logrará crear un compromiso duradero y sustentable con los habitantes.

Por el otro lado, la necesidad de compactar las ciudades es también central en el debate: se deberían de combinar y complementar las estrategias de compacidad de la ciudad con las de conservación, para impactar positivamente en las áreas periféricas. Dentro de la ciudad, una planeación urbana más inteligente, acuñada por una estricta regulación del uso del suelo es deseable. De igual manera, es necesario asegurar la diversidad de actividades en un mismo espacio: que la ciudad no se divida en multitud de pequeñas ciudades de mono actividad industrial, residencial, comercial…Deben de tejerse interconexiones para disminuir las distancias entre la zona en que se trabaja y en la que se vive. Seguir una estrategia de conectividad, compacidad y coordinación entre las diferentes instancias del gobierno.

¿Podrá la CDMX emprender el camino cada vez más transitado hacía la sustentabilidad?

 

@andreabizberg

Close
Comentarios