Rumbo a la COP24

Con un límite de 1.5 ºC en el incremento de la temperatura media mundial, el aumento del nivel del mar dejaría fuera de peligro a 10 millones de personas, que hoy, bajo un escenario de 2ºC, sí están expuestas.

La próxima Conferencia de las Partes (COP) se acerca a pasos agigantados. Es un importante evento que reúne a los cuerpos diplomáticos de los 195 países participantes, los observadores, la sociedad civil y los periodistas, para llegar a acuerdos que limiten el cambio climático.

El suceso más destacado de las últimas negociaciones es haber logrado un compromiso para que la temperatura media mundial no se incremente a más de 2 ºC. Se acordó también que, paulatinamente, se redoblen esfuerzos para que el nuevo límite sea de 1.5 ºC. Para que estos objetivos sean viables, las emisiones de gases efecto invernadero (GEI) tendrían que empezar a disminuir a partir de 2020. Así, los países participantes publicaron sus contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC, por sus siglas en inglés), es decir, las acciones que emprenderían para transitar hacia un futuro más sustentable. Idealmente, si se sumaran los NDC de cada país, deberíamos llegar a cantidades límite de GEI que se puedan emitir en la atmosfera y que permitieran mantenerse dentro del límite acordado en la COP.

Sin embargo, tras el histórico acuerdo logrado en la COP21 en París, un suceso inesperado hizo peligrar todas aquellas arduas horas de negociación: el nuevo presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, anunció que su país se saldría del acuerdo y que no cumpliría con sus NDC. Y es que el presidente no cree en el cambio climático, para él es un invento ideado por los chinos para golpear fuertemente la competitividad de su Make America Big Again –o al menos esa era su posición hasta hace unos días, cuando admitió que algo estaba pasando, que no sabía qué era, pero que esperaba que todo volviera pronto a la normalidad. Más o menos así como por arte de magia.

Sobra decir que el golpe fue duro para las demás naciones: muchos vieron desmoronarse el acuerdo y pensaron en abandonar también sus compromisos. Y es que Estados Unidos es uno de los países clave en la lucha contra el cambio climático, tenerlo fuera compromete fuertemente la capacidad real de limitar el calentamiento global. Sin embargo, al día siguiente de este abrupto mensaje, la voz del alcalde de Nueva York se alzó: para ellos, los acuerdos de la COP seguían siendo parte íntegra de sus estrategias y la transición ecológica en camino -y a ritmo acelerado-. Los compromisos que no lograron mantenerse a nivel federal, serían reforzados a nivel local. Pequeños pasos en la buena dirección, a los que se sumaron cientos de otras ciudades e instituciones americanas. Y sobre todo, una gran señal de apoyo para el resto de los países participantes. Quizás Trump había decidido salirse de los acuerdos, pero ellos no: la lucha continuaba.

Hoy, con la COP24 en puerta, -se celebrará en Polonia a principios de diciembre-, nos llega otro pequeño paso esperanzador. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), el principal órgano internacional para la evaluación del cambio climático, ha publicado un reporte especial para convencer a los tomadores de decisiones sobre la necesidad de reducir el límite a un ambicioso1.5 ºC. Y es que, pese a la mínima diferencia numérica, las consecuencias ambientales y sociales serían de otra magnitud. Un ejemplo es particularmente revelador: con un límite de 1.5 ºC, el aumento del nivel del mar dejaría fuera de peligro a 10 millones de personas, que hoy, bajo un escenario de 2ºC, sí están expuestas.

Hasta ahora, los reportes que se habían arriesgado a imaginar un futuro limitado a 1.5 ºC apostaban sobre todo por estrategias técnicas. Es decir, la solución estaba en las tecnologías de captación y almacenamiento del dióxido de carbono en concavidades geológicas y antiguas minas -en algún momento, también se consideró en los océanos, pero esta solución ha perdido ímpetu por las consecuencias que tiene en el aceleramiento de su acidificación. El futuro también rimaba con bioenergía con captura de dióxido de carbono, es decir, usar la biomasa para convertirla en electricidad o biocombustibles.

La preponderancia de este tipo de estrategias técnicas se debe, en gran parte, a la manera en que se construyen las predicciones. Y es que el principal criterio de las modelizaciones es el costo-beneficio de una solución sobre la otra. Es decir, ¿qué estrategia me permitirá reducir más las emisiones a un menor costo? Así, la valoración es antes que nada económica. De tal manera, resulta mucho más difícil evaluar estrategias que no pueden reducirse a valores monetarios; es por ejemplo el caso de los cambios en los estilos de vida. El principal motor no es económico y por lo tanto, bajo estos estrechos modelos, predecir cómo serán nuestros hábitos en el futuro resulta mucho más complicado. Implica considerar otros factores.

Pero esto no significa que la tecnología sea la mejor opción -y esta vez no lo digo sólo yo. El reporte especial del IPCC recomienda combinar la tecnología con cambios de comportamiento en la sociedad. No sólo por su capacidad a empezar a disminuir las emisiones desde 2020 sino porque, modificar los estilos de vida, suavizar los patrones de consumo e influir en la demanda de energía, también tiene consecuencias positivas en los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) -erradicación de la pobreza, cero hambre, reducción de la desigualdad, etc.-, implementados por la ONU y que todas las naciones se comprometieron a cumplir.

Y es que la estrategia de captación y almacenamiento del dióxido de carbono está apostándole a tecnologías que siguen en fase de investigación y exploración. Como hoy en día son meros prototipos, estas estrategias cargan con fuertes incertidumbres. Nos estamos proyectando en un futuro tecnológico que nos libra de tomar decisiones en el presente. Sin embargo, cuando ese futuro incierto nos alcance, convertido en presente y nos eche en cara el límite de estas tecnologías, ¿cuál será nuestro plan B?, quizás sea demasiado tarde.

Además, tiene consecuencias negativas en algunos de los ODS, ya que la considerable superficie de tierra que se requiere para estas tecnologías, podría entrar en conflicto con la agricultura, pero también, incrementar los problemas de expropiación, con impactos negativos en objetivos como “cero hambre”, “reducción de desigualdades”, “paz”, entre otros.

Así, si bien las tecnologías de captura serán parte de nuestro panorama futuro, no deben ser la única solución ni ser implementadas a gran escala.

Tal parece que a la ciudadanía también le tocará poner su granito de arena para transitar hacía la sustentabilidad. Y para eso, una ayuda no nos caería nada mal. En Inglaterra, en 2007, una interesante iniciativa apoyada por el ministerio de Medio Ambiente vio la luz del día. Tesco, la cadena más grande de supermercados se comprometió a ponerle a sus más de 70,000 productos una etiqueta carbono. Así como ahora le vemos las calorías a lo que consumimos, también podríamos tener información sobre cuantos kilómetros recorrió un producto para llegar a nosotros, o bien, cuanto dióxido de carbono se emitió para su elaboración y transporte. Tendríamos al alcance de nuestras manos un etiquetaje sencillo, con diferentes colores para indicarnos “la sustentabilidad” del producto. Información valiosa para orientar nuestras decisiones. La iniciativa no prosperó y en 2012 Tesco se rindió. Quizás era demasiado ambicioso para su época. Quizás era demasiado innovador. Pero quizás los tiempos han cambiado. Quizás, hoy, sea momento de arriesgarse, de intentar cosas diferentes para encontrar otras respuestas, otros caminos.

Hay que seguir de cerca lo que suceda en la COP24. Ahí es donde se definirán las políticas ambientales de los próximos años, que determinarán la magnitud de lo que se nos viene encima. Y es que, hoy en día, no estamos ni cerca de lograr respetar el límite del 1.5ºC, ni siquiera el de 2ºC: alcanzaríamos un calentamiento de 3ºC para 2100. Hay que exigir acuerdos más ambiciosos, pero también un compromiso genuino por parte de los tomadores de decisiones. La COP, las negociaciones, la política son una cosa, la realidad es otra, el chiste es reducir la brecha.

Nota: En los días y semanas que vienen hay que tener en el radar ciertos eventos que influirán fuertemente en los acuerdos de la COP24:

  • Bolsonaro, el más probable próximo presidente de Brasil -aunque nos resulte incomprensible a muchos- también ha amenazado con seguir los pasos de Trump.
  • Habrá elecciones legislativas en Estados Unidos para elegir 435 diputados y 35 senadores. El gran examen a Trump llega el 6 de noviembre.

 

@andreabizberg

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