10 puntos para entender por qué no termina el movimiento estudiantil en Chile

Por: Juan Pablo Figueroa*

 

(Esta es la primera colaboración entre Distintas Latitudes, revista de reflexión latinoamericana en Animal Político. Desde este espacio, analistas repartidos en los diversos países de América Latina compartiremos algunas reflexiones sobre temas de actualidad.)

 

Las manifestaciones estudiantiles en Chile iniciaron hace más de tres meses y no parece que el conflicto esté por amainar. Si bien en los últimos días no han vuelto ocurrir episodios de confrontación violenta entre estudiantes y carabineros, la convocatoria de los inconformes no ha cedido un ápice. Tan sólo el domingo 21 de agosoto casi un millón de personas se reunieron en el Parque O’ Higgins para exigir el fin del lucro en la educación chilena. Lo que parecía un movimiento sin ideología política clara se ha ido corriendo a la izquierda, destacando una ruptura con un pasado reciente: la consigna “Y va a caer, y va a caer la educación de Pinochet” retumbó cientos de veces. El movimiento estudiantil continúa mientras que el gobierno chileno parece cada vez más acorralado. Mañana jueves 25 de agosto está previsto un paro nacional al que se han sumado no sólo estudiantes, sino centrales obreras y de transportistas. Si bien se ha hablado mucho de este conflicto en medios internacionales, no está demás conocer algunos puntos clave para entender este movimiento.

1) Educación como mercado. Cuando el 19 de julio el presidente chileno Sebastián Piñera dijo que la educación es “un bien de consumo”, demostró que poco entiende de lo que está pasando en su país. Hasta hace poco se alababa el modelo económico chileno, The chilean way, mismo que Piñera promovió en su gira mundial entregando pedazos de piedras de la mina San José, donde quedaron atrapados los 33 mineros, a cada uno de sus anfitriones. Pero precisamente ese modelo es la raíz del movimiento social que hoy tiene en jaque al gobierno: en Chile, la educación es vista más como un mercado, un negocio donde lo indispensable es lucrar.

 

2) El azar de la inequidad. En 2011, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) situó a Chilecomo el país con mayor inequidad social entre los 34 que componen la organización. La economía ha crecido y puede ser una de las más estables en la región, pero la población chilena sigue siendo una de las más desiguales del planeta. El 20% más rico gana 15.7 veces más que el 20% más pobre. Varios estudios dicen que mientras los más pudientes tienen una situación de bienestar como en Noruega, los de menos ingresos viven como si estuvieran en el Congo. Esa es, al final, la ecuación que lo determina todo: dónde te atenderás si estás enfermo, dónde estudiarás y dónde trabajarás. Es un círculo vicioso que se refuerza a sí mismo. Aunque la educación primaria y secundaria en Chile es un derecho garantizado por la Constitución, en la práctica se define según cuál haya sido tu cuna, o por cuánto dinero haya en ella.

 

3) Mismo derecho, diferente educación. Todos los años, los alumnos de educación primaria y secundaria rinden el SIMCE, un examen a nivel nacional que mide los niveles de educación en los distintos establecimientos del país. El resultado siempre es el mismo: mientras que los estudiantes de colegios privados obtienen los mejores puntajes, los alumnos de escuelas particulares subvencionadas (de financiamiento mixto) y municipales (públicos) figuran al fondo de la tabla.

Eso significa que mientras los primeros van acorde a su nivel de desarrollo, los segundos presentan desfases de hasta dos o tres años. Son niños que pasan cursos sin saber leer, ni escribir, ni sumar, ni multiplicar, ni dividir. Si están en uno o en otro depende sólo de cuánto pueden pagar sus padres. Y todos ellos son finalmente parte de la misma competencia, aunque con distintas posibilidades de éxito.

 

4) La paradoja. Para ingresar a la educación superior, todos los egresados rinden la Prueba de Selección Universitaria (PSU) al final de cada año escolar. La prueba es la misma, independiente de cuál haya sido el tipo de educación. Según el puntaje que obtengan, pueden “elegir” carrera y establecimiento. Las universidades públicas generalmente captan los mejores puntajes. Así, si tu familia tuvo los US$ 420 que cuesta en promedio cada mes de educación por alumno en un buen colegio particular, seguramente sacarás un buen puntaje y podrás ingresar a una de las mejores universidades públicas, que resultan ser las más baratas. Si no tuviste tanta suerte y estudiaste en una escuela pública, sólo te queda ingresar a una universidad privada donde los requisitos académicos son menores pero el costo mucho mayor. Paréntesis: 65% de los chilenos gana menos de dos sueldos mínimos mensuales, o sea, menos de US$ 725. En promedio, estudiar una carrera en Chile cuesta unos US$ 4,200 al año sin contar materiales, matrícula ni costos de alimentación y transporte. Al menos en lo económico ya no hay diferencia entre educación pública o privada, ya que los aranceles están equiparados y cada año suben. Allí está el cuarto punto clave: cómo las familias y los estudiantes son los principales encargados de financiar su educación (costean hasta el 90% del valor), la gran mayoría de los chilenos está condenada a vivir endeudada por estudiar.

 

5) Negocio redondo para los bancos. La banca ha sido una de las grandes beneficiadas con el sistema educacional chileno. Para pagar las altas mensualidades, las familias deben obtener créditos. Las tasas de interés varían según cada universidad y cada banco, pero suelen ser altísimas. También existe el crédito con aval de Estado, en el que éste funciona como garante. Ese mecanismo nació en 2006 después de que los estudiantes se movilizaran por primera vez de manera masiva durante el gobierno de Michelle Bachelet, pero no ha cambiado la situación y los egresados siguen estando endeudados. A mayo de este año había al menos unos 110 mil deudores morosos, pero la cifra podría ser de millones, al incluir otras variables.

 

6) Exigencia por la calidad educativa. Esa paradójica relación de precio/calidad que define el acceso a la educación superior no se mantiene una vez estando en las universidades. Que se pague más no implica que se recibirá una mejor educación. ¿Por qué? Uno: para que una universidad funcione debe estar acreditada ante la Comisión Nacional de Acreditación (CNA). Pero el sistema ha fallado, al punto de que sólo una de cada cuatro carreras que se imparten en los planteles particulares más grandes está acreditada. Dos: puede ser también porque se acreditan entre ellas mismas. Lo cierto es que la calidad de la educación superior que se está impartiendo está en tela de juicio. Muchas universidades apenan invierten en investigación, la calidad docente es baja, se construye enorme infraestructura sólo para tener más alumnos, pero no para entregarles mejor educación. Todo con costos elevadísimos. Y es que la lógica fundamental no es otra sino la de vender más.

 

6) Lucro ilegal a la vista de todos. Uno de los principales puntos que los estudiantes exigen es el fin del lucro en la educación. En Chile la ley exige a todas las instituciones educacionales que sean fundaciones o corporaciones sin fines de lucro. Sin embargo, en varios casos –si no la mayoría– los directores de las escuelas han creado inmobiliarias a través de las cuales desvían su capital hacia sociedades anónimas, arrendándole los edificios a sus propias universidades. También hay grupos económicos que tienen polos de inversión en colegios y establecimientos de educación superior y otros que han visto como una alternativa convertirse en fondos de inversiones. Mientras no exista una garantía del nivel de educación que se recibe, los dueños de las universidades seguirán millonarios. Sin ir más lejos: el anterior Ministro de Educación, Joaquín Lavín, fue por más de 20 años miembro de un grupo de empresarios que fundó una universidad privada y que a través de una sociedad anónima inmobiliaria obtuvo grandes ganancias. A Piñera no le quedó más remedio que cesarlo. Aunque se desvinculó de las sociedades que lo unían a la Universidad del Desarrollo antes de asumir el cargo, su credibilidad ante la ciudadanía para manejar el conflicto se fue en picada. Sobre todo después de que el gobierno presentara su propuesta G.A.N.E (Gran Acuerdo Nacional por la Educación) en la que, en vez de tomar el rechazo de los estudiantes al lucro, proponía modificar la normativa para permitirlo, transparentarlo y en definitiva, institucionalizarlo.

 

7) Las propuestas del gobierno. Además de considerar la educación con un fin lucrativo, el Gobierno de Piñera siguió el mismo camino recorrido durante la dictadura y los 20 años que estuvo la Concertación en el poder. En vez de buscar los mecanismos para volver a una educación gratuita, como exigen los estudiantes, se propusieron paquetes económicos para paliar el gasto familiar, pero el sistema seguiría siendo el mismo. Por supuesto, los estudiantes lo rechazaron. Fue entonces que se recrudeció el movimiento.

 

8) Movimiento aglutinante y transversal. Durante tres meses la mayoría de los colegios públicos y universidades han estado en paro o en tomas y algunos alumnos han pasado varias semanas en huelga de hambre. Lo que partió como una demanda de los jóvenes, se ha convertido en el mayor y más poderoso movimiento social de las últimas décadas. Cada vez que se llama a una marcha, son alrededor de 150,000 personas las que se mueven en todo el país. Eso, en una nación de 17 millones de habitantes, es mucho. Esto es así por una cosa: el movimiento es transversal. Actualmente existe un consenso más bien amplio sobre que la educación debe ser un derecho constitucional garantizado por el Estado. La discusión hoy se centra en cómo hacerlo. Para definirlo, los estudiantes solicitan un plebiscito que el gobierno y la clase dirigente se ha empecinado en obstruir. Porque allí hay un noveno punto clave que, si bien no tiene que ver estrictamente con la educación, está muy ligado al cómo se hacen las políticas en Chile.

 

9) Desconfianza con el gobierno. Silencio de la oposición. La población no se siente representada por los políticos. En las últimas encuestas, el apoyo al gobierno de Piñera ha caído estrepitosamente hasta los niveles más bajos desde el retorno a la democracia. Pero no existe una alternativa y a todos le han llegado golpes por igual. La Concertación no ha sabido capitalizar los fracasos del gobierno y se resiente la escasa autocrítica de los ex presidentes anteriores, al punto que Michelle Bachelet, quizás la figura con mayor aprobación en la política nacional, no se ha pronunciado ni una sola vez desde que comenzó el conflicto en mayo.

 

10) El último punto clave que habría que entender es que aún se ve lejano el final del conflicto. Cada día aparece una nueva convocatoria a marchar y los noticiarios siguen mostrando los enfrentamientos de policías y jóvenes encapuchados que queman autos, tiendas y destruyen todo a su paso. Pero esos son sólo unos pocos que se aprovechan del pánico. Incluso los manifestantes se han enfrentado a ellos para que no desvirtúen el movimiento. Queda ver si la Iglesia Católica va a poder funcionar como mediadora y si el gobierno da el paso que permita un plebiscito. Se ve difícil: ambas partes están reacias a negociar. Queda esperar que la demanda de una educación gratuita y de calidad para Chile sea en algún momento una realidad.

 

Update. Este video ha dado la vuelta al mundo. “Vocera de 9 años sorprende en toma de escuelita en Chiloé para exigir mejoras en su educación”.

*26 años, periodista, chileno, fumador, sin talento para los deportes y aún no ha plantado ningún árbol ni ha tenido hijos. Trabaja desde hace tres años en el Centro de Investigación Periodística CIPER.

 

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