4 puntos sobre la ‘muerte’ de Fidel Castro

 

Hace unos días, Fidel Castro presentó su libro de memorias Guerrillero del tiempo, departió con la prensa internacional y habló durante más de siete horas sobre sus hazañas militares y políticas. Sorprende su vitalidad. Desde 1959, con el triunfo de la revolución, el destino de Cuba ha estado íntimamente ligado a la figura de Fidel. Nunca ha dejado de estar presente, ni siquiera cuando en julio de 2006 delegó sus responsabilidades como Presidente del Consejo de Estado a su hermano Raúl. Sin embargo, hay una limitante biológica que no puede obviarse: en algún momento Castro morirá. ¿Qué pasará entonces con Cuba? ¿Se desmantelará el sistema político y económico imperante en la Isla? ¿Se reeditará en versión cubana la llegada del capitalismo voraz, como ya pasó en Rusia y pasa de alguna manera en China?

Por: Ramón I. Centeno (@ricenteno), Colaborador de Distintas LatitudesMaestro en Ciencias Sociales por FLACSO-México.

 

¿Qué va a pasar cuando muera Fidel Castro? Esta pregunta la escucho cada vez con más frecuencia cuando platico con alguien sobre Cuba, y cada vez es más graciosa. Hace poco alguien me dijo: “Pero ya murió, ¿no? Sólo que en Cuba guardan el secreto.” Igual de divertida fue la última muerte de Fidel en Twitter, apenas empezando el 2012. En 140 caracteres, miles de usuarios hispanoparlantes auguraban el aterrizaje de McDonald’s o Starbucks en La Habana (unos sugerían el Malecón, otros la Plaza de la Revolución). Si usted hizo alguna apuesta con base en este tipo de pronósticos, lamento decepcionarlo. Pero momento. ¿Entonces el legado del Ché es indestructible? La respuesta la tienen nuestros sabios ancestros: “ni una cosa ni la otra sino todo lo contrario”. Vamos por partes, pues.

1. En efecto, Cuba está viviendo una importante reforma en su economía interna. Lo más importante de ella es que tiene programada un despido masivo de empleados estatales que está siendo compensado con el aumento de trabajadores por cuenta propia, quienes en México equivalen a nuestros taqueros, peluqueros, taxistas o a los puestos de gorditas (una de chicharrón, por favor). Pero… si eso es capitalismo, entonces la Central de Abastos es Wall Street.

También fue legalizada la compraventa de casas y automóviles. En realidad, es una medida con la cual el gobierno ahora podrá recabar impuestos que antes iban al mercado negro. Esto tampoco es capitalismo, es (oh, sorpresa) mercado. Una diferencia importante entre uno y otro concepto es que el primero supone un actor: el capitalista, el dueño de los medios de producción, como enseñó el viejo Marx. La peculiaridad cubana sigue siendo que carece de personajes como Carlos Slim… porque ese tipo de empresarios fueron expropiados en 1959 (justo como debiéramos hacer los mexicanos de 2012, ¿o no?).

2. ¿Qué sentido tiene la reforma económica entonces? En efecto, tiene que ver con la creciente inminencia del problema de la sucesión: la generación de combatientes de la Sierra Maestra se está acercando a su fin biológico. Tomando en cuenta que desde 1959 ellos están en la cúspide de la toma de decisiones del sistema político cubano, un relevo generacional fluido necesita de márgenes de sostenibilidad económica que lo garanticen. Sin embargo, en toda esta trama, unos asuntos son más delicados que otros, y ninguno lo es tanto como la próxima ausencia de Fidel Castro, el Comandante en Jefe, quien dejará en Cuba un vacío de figura carismática.

Sin embargo, Raúl Castro su hermano y sucesor en vida, está depositando el futuro de la Revolución en las instituciones creadas por ella. Raúl ha concentrado sus esfuerzos no tanto en quién sustituirá a Fidel, sino qué contexto institucional condicionará y delimitará el actuar de la próxima dirigencia. En suma, cuando muera el Comandante… ahí estarán, como desde hace mucho, dos mamuts institucionales: las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y el Partido Comunista de Cuba (PCC).

Raúl Castro encabeza el Sexto Congreso del Partido Comunista de Cuba en 2011.

3. Entonces, ¿todo seguirá igual? Sí y no. En el sistema político, la apuesta de la dirigencia es mantener la doctrina de José Martí (¡sic!) del partido único, y reforzar el aparato corporativo, los llamados organismos de masas dirigidos por el PCC, y que son verdaderos termómetros para medir el descontento social, pero de ningún modo son democráticos. De hecho, la elección de representantes en los sindicatos y demás estructuras, funcionan bajo la consigna de Ford: “puede elegir usted cualquier color siempre y cuando sea negro”.

Mientras esto ocurre, hay una capa de militares convirtiéndose en capitalistas. Después de que cayó la antigua URSS -que subsidiaba la economía cubana- ellos entraron a los negocios internacionales para reactivar el deteriorado comercio exterior cubano. Hoy son un grupo con privilegios de carácter monetario que tienen un fuerte interés colectivo por asegurar que las reformas económicas no socaven la dominación del sistema que, en el presente, asegura su posición social. Su relación con los medios de producción es tan estrecha, que buscarán hacerse sus dueños… justo como ocurrió en China o Vietnam, bajo el auspicio de su respectivo Partido Comunista.

 

4.En conclusión, si viene capitalismo a la Isla, no es por Starbucks o McDonald’s, ni por los changarros cubanos. Sino por los burgueses comunistas que están naciendo en la cúspide del poder. Lo único que podría detener este fenómeno y permitir una alternativa tanto al capitalismo como al propio sistema cubano, es la democracia. Pero no la de Miami, que implica un sometimiento gringo al estilo del Irak de hoy, sino una en el sentido heredado por la Grecia Antigua, que implica, como nos recuerda Žižek, “la intromisión de los excluidos en el espacio socio-político”. Y es que, como dice mi abuelo, “no es lo mismo que lo mesmo.”

 

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