Muchas gracias, Valentina

Estamos a punto de que el Juzgado que lleva tu caso en Guerrero dicte sentencia por los actos de violencia sexual que sufriste en el 2002. Deseamos que la sentencia haga eco de lo que ya dijo la Corte IDH y que recuerde que la violación sexual es una forma de tortura a la que estamos expuestas de forma alarmante la mitad de la población.

Por: Tania Reneaum Panszi

 

Querida Valentina,

Quiero darte las gracias porque a las mujeres de este país nos ha cambiado tu historia.

A los 17 años un grupo de soldados te retuvieron a orillas del río donde lavabas la ropa y dos de ellos te violaron, en presencia de los otros. .

Ahora tienes 33 años y has pasado la mitad de tu vida pidiendo justicia, tocando con desesperación puertas que no se abrían: los médicos que no querían problemas con militares o los centros hospitalarios que no querían atenderte porque no tenías una cita previa, aunque hubieras caminado todo un día. Con tu angustia fuiste a la Comisión de la Defensa de los Derechos Humanos del Estado de Guerrero, luego a la Comisión Nacional de Derechos Humanos; acudiste al Ministerio Público, al fuero civil y luego al militar. Ante cada una de esas autoridades relataste la pesadilla que sufriste en tu adolescencia.

Y más de una vez me he preguntado de dónde sacaste tantas lágrimas y el valor para que el dolor que tenías dentro no ahogase tus palabras. A veces los hacías en español, otras en Me’phaa,  y en esos relatos mostraste a las autoridades señas precisas de aquellos soldados que te violentaron. Aun así, te preguntaron: “¿Cómo sabes que fueron los militares los que te violaron? ¡Porque ellos no hacen eso, ellos son buenos!”.  ¡Que impotencia habrás vivido!

Valentina, has sido perseverante y en extremo valiente. Tu caso acabó en la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) porque en tu propio país no encontrabas justicia ni reparación en un proceso que se hacía interminable y donde se faltaba a la verdad con una más que ineficiente investigación. Ocho años después de los hechos, la Corte IDH te dio la razón y en su exposición recordó lo adolescente que eras cuando fuiste víctima de tortura al haber sido agredida sexualmente;  que se te ofendió en tu dignidad, y también constató los obstáculos que encontraste en tu búsqueda de justicia. Emitió una sentencia que condenó al Estado mexicano a reconocer públicamente su responsabilidad, y a conducir en un plazo razonable la investigación penal de los hechos.

La sentencia sobre tu caso beneficia a todas las mujeres de este país. Ha hecho evidente lo que muchas veces no se quiere ver: que la violencia sexual es una forma de tortura frecuente en un país donde muchas de las violaciones de los derechos humanos están relacionadas con el despliegue militar al que asistimos en los últimos años. Tu caso evidencia que las mujeres no son atendidas adecuadamente en los ministerios públicos ni en los hospitales. Que la violencia sexual es una práctica alarmante que forma parte del catálogo de violaciones graves a los derechos humanos de este país, donde estamos sumidos en una profunda crisis de seguridad que fractura aún más la desconfianza entre los ciudadanos y las autoridades.

Valentina, con tu coraje has llegado a la antesala de la justicia que has pedido incansablemente durante dieciséis años. Estamos a punto de que el Juzgado que lleva tu caso en Guerrero dicte sentencia por los actos de violencia sexual que sufriste en el 2002. Deseamos que la sentencia haga eco de lo que ya dijo la Corte IDH y que recuerde que la violación sexual es una forma de tortura a la que estamos expuestas de forma alarmante la mitad de la población. La sentencia tampoco debería olvidar el contexto que nos acompaña a las mujeres en este país, donde las violencias que sufrimos por ser mujer continúan siendo una forma terrorífica de querer perpetuar nuestra subordinación. Debería recordar que el miedo que sienten muchas mujeres ante las autoridades que nos deben proteger encarna el fracaso del estado de derecho.

Tengo guardadas las palabras que pronunciaste hace siete años en aquel acto donde se reconocía la responsabilidad del Estado mexicano. Allí nos dijiste a todas: “Mujeres, luchar es seguir adelante, romper la cadena de la impunidad”. Gracias por tu lucha, Valentina. Gracias porque tu historia nos enseña de forma conmovedora, y duele. Un dolor y una admiración que nos hace cambiar, y ser más fuertes en nuestra lucha como mujeres.

 

* Tania Reneaum Panszi es Directora Ejecutiva de Amnistía Internacional México.

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