Animales encerrados

El viaje que nos plantea el dramaturgo a través de las piezas de teatro que contiene el volumen que presentaremos esta noche, tiene que ver con la identificación natural que todos sentimos ante la tristeza y la desesperación que provoca el sabernos los únicos seres conscientes de su existencia en el planeta.

El teatro es la poesía que se levanta del libro y se hace humana.

Federico García Lorca

 Quizá el título del Tránsito Lento de esta semana a algunos pueda parecerles engañoso. No hablaré dentro de este texto de mascotas indefensas (que las he visto, como todos) que se pasan la vida encerradas en un balcón o en una azotea mientras los irresponsables de sus dueños se la pasan viviendo su desconsiderada vida en libertad. Eso será en otra ocasión. El nombre de la colaboración hoy tiene que ver con el título del libro que la noche de este viernes presentaré, al lado de Itari Marta (una de mis actrices favoritas, debo confesarlo) dentro de la célebre Feria del Libro Teatral, la FELIT, en el Centro Cultural del Bosque.

El libro, como a estas alturas ya ha quedado claro, lleva por nombre “Animales encerrados” y lo que en realidad encierra en sus páginas son los demonios vueltos creación de Eduardo Pavez Goye, uno de los más brillantes dramaturgos contemporáneos en nuestra lengua. Así, los animales encerrados dentro de esta edición son un par de obras de teatro que en su momento se presentaron en el entrañable Foro Shakespeare de la colonia Condesa y no dejaron, casi puedo apostarlo, a ningún espectador indemne ante su fuerza y profundo mensaje poético: “Enamorarse de un incendio” y “La metáfora de las aves”.

Narrándonos historias muy distintas que en esencia guardan una sutil vinculación, tanto “Enamorarse…” como “La metáfora…” plantean una aguda reflexión sobre la condición humana llevada a un terreno en el que nuestra circunstancia común, la de llevar dentro de la cabeza la “gracia desgraciada de tener conciencia”, como decía Montesquieu, aparece teñida de algo que Pavez sabe escribir muy bien y que en mi humilde opinión como espectador -y ahora también lector- de sus obras entraña la perfecta mezcla entre ternura y desolación.

Desde la impronta lírica que acompaña el título de cada uno de los textos, hasta el final siempre magno y sorprendente con que cada obra es cerrada, el viaje que nos plantea el dramaturgo a través de las piezas de teatro que contiene el volumen que presentaremos esta noche, tiene que ver con la identificación natural que todos sentimos ante la tristeza y la desesperación que provoca el sabernos los únicos seres concientes de su existencia en el planeta, pero también atañe directamente a la gracia inconmesurable de sabernos depositarios de la rareza de la vida. Sé bien que con todo lo que escribo no estoy consiguiendo explicarles bien a bien nada, pero en tal caso les sugiero que nos acompañen esta noche a la FELIT para que aclaren el misterio consiguiéndose un ejemplar de “Animales encerrados” y puedan disfrutar su lectura. Si de plano no les da tiempo, no hay problema: a partir de ya pueden adquirir un ejemplar directamente en la librería del Foro Shakespeare. El libro aparece gracias a Zamora 7 Ediciones.

Una demacrada joven entra intempestivamente a la sala de un hogar acomodado, toma un cuadro de la pared y está a punto de salir cuando una mujer, a la que la joven llama “señora”, le interrumpe el paso. A ella se unirá el “señor”, ambos en bata. La escena sucede muy tarde por la noche de un día cualquiera. Obligada por las circunstancias, la joven sostendrá una conversación que irá subiendo de tono con los cincuentones que la acorralan. Poco a poco sabremos acerca de la vida horrible que esa joven ha llevado desde que decidió huir de casa. Sabremos que es dueña de una imaginación y una labia impresionantes y sabremos también que en compañía de su novio -un adicto, igual que ella- se dedicó a ganar dinero vía las peleas de perros, empleando para ello un pobre animal con el que ninguno de los dos pretendió jamás construir ningún vínculo y al cual terminaron matando de la manera más vil cuando, malherido después de una fallida pelea, el pobre “perro” -porque así le llamaban ambos despóticamente: “perro”- les hizo comprender que su maltrecho cuerpo ya no daría para más. Después sabremos que aquella demacrada joven necesita dinero. Sabremos también que el cuadro que se está llevando es valioso. Luego entenderemos que naturalmente el lugar al que entró es el hogar que abandonó hace años y en la última frase antes del oscuro que nos llevará inmediatamente a otra escena ambientada en otro tiempo, le escucharemos decir tajante, arrinconada contra la pared, “mamá, tengo cáncer”.

En verdad, no dejen de leer “Animales encerrados”. Es cierto que el teatro es la poesía que se levanta del libro y se convierte en algo insondable, y por ello, profundamente humano.

 

@elimonpartido

Close
Comentarios