Libros

Recordamos los mejores libros de este 2017, que valen la pena leer por ser historias capaces de mover nuestras entrañas, ante un complicado 2018.

Ojalá que cuando te mueras las puertas del cielo te las abran todos los libros que no pusiste en tu lista de lo mejor del año“.

Antonio Ortuño

 

No tengo idea de precisamente cuándo inició la sana costumbre de enlistar los mejores libros publicados durante el año. Creo recordar que el histórico (y muy poco mencionado) Republic of the letters de Saul Bellow ya tenía esa rutina anual desde los tiempos en los que aquella página literaria, llevada a cabo no por otra cosa más que por verdaderos fans de la literatura, se encontraba integrada, literalmente, por unas cuantas páginas de papel color café clarito y sé, porque basta solamente mirar las publicaciones especializadas, que al día de hoy todos quienes de alguna manera u otra se dedican a la literatura compiten en estos días por hacer de su lista de lo mejor del año en libros el no va más, el faro que ilumine al lector desorientado. En ese sentido, siempre habrá que recordar la espléndida lista que dentro de su columna en el diario Reforma, el extrañado Sergio González Rodríguez publicaba cada año, y que con el tiempo sí que se volvió un referente competido a la hora de averigüar, según palabras de un verdadero gran lector, qué libros convenían la inversión de dinero y tiempo como para tener la certeza de que leerlos valdría la pena.

Esta, su columna de confianza, no pretende enlistar nada, sólo recordar aquellos textos que especialmente le movieron la entraña durante el año que expira. Sabedor, como todo mexicano tan resignado como responsable, de que 2018 trae desde antes de nacido la etiqueta de Año Maldito, también tengo ganas de compartir aquí algunas lecturas pendientes que, independientemente de que hayan aparecido este año o no, dan la impresión de valer la pena como para ir transitando de la mejor manera posible los pedregosísimos meses por venir.

Mi no lista de las cosas buenísimas que leí este año dice así (en el absoluto desorden con que aparecen en nuestra mente los recuerdos importantes):

  • “Temporada de huracanes”, de Fernanda Melchor. Nada que decir más allá de que Fernanda muestra en él una impresionante -y novedosa- forma de narrar. Es original y sorpresiva. La prosa que crea lo envuelve a uno. O quizá lo ahoga. Una novela espléndida. Un libro importante. Yo digo que nadie debería perdérselo.
  • “La superficie más honda” de Emiliano Monge, un escritor que con toda su experiencia acumulada va convirtiéndose en un autor magistral. Los once cuentos que lo componen (de los cuales ya escribí aquí en alguna otra ocasión), implican un viaje oscuro y violento por la frontera salvaje de la condición humana. Tardé un ratote en dormir después de leerlo.
  • “La vaga ambición”, de Antonio Ortuño. Se trata del libro que se ha encargado de liderar este diciembre prácticamente todas las listas de lo mejor. Y sí. Será redundar, pero vaya que en realidad se trata de lo mejor. Se lee en una tarde, de manera que les sugiero que dispongan de una para disfrutarlo ahora que, espero, tendrán sus vacaciones. Otra tarde de la temporada pueden dedicársela al libro de Emiliano, ya que estamos en eso, y los primeros días del año -cuando uno comienza a sentirse ligeramente malviajado por la cercanía del fin de las fiestas- a la estupenda obra de la Melchor. O no. O al revés. O como quieran, pero se trata de libros cuya lectura, digo yo, agradecerán.
  • “Un vaquero cruza en silencio la frontera”, de Diego Enrique Osorno. Por azares del destino, muy poco tiempo antes de que esta breve historia cayera en mis manos estaba leyendo la biografía de Carlos Slim que Osorno escribió hace algunos años y me encontraba embebido. Dueño de una pluma de gran rigor, la historia que en El vaquero nos narra Diego Enrique me pareció, sencilla, abrumadoramente, encantadora. Nada adelanto para no spoilear el contenido a nadie, pero caray, léanla. No he podido regresar a la biografía de Slim -que por su extensión sí que requiere de disciplina lectora-, pero digamos que este 2017 he incorporado a un nuevo gran escritor y periodista a mi vida.
  • El año también me mostró un libro bestial que incorporó a mis magros conocimientos sobre la Segunda Guerra Mundial una nueva perspectiva: “High Hitler”, del periodista Norman Ohler. Un trabajo exhaustivo que habla sobre la adicción nada menos que a la metanfetamina que mantuvo a lo largo de todo su ascenso -y caída- del poder ese asesino que fue Adolf Hitler. Los detalles que el libro aporta erizan la piel. Un datito al calce: tan le gustaba la meta a Hitler, que la promovió para ser consumida y empleada por toda la tropa alemana…y luego por prácticamente toda la población. El horror sumergido en drogas. Librazo.

Finalmente, y no por ello en último lugar, quiero destacar aquí algunos libros que no he podido leer y con cuya narrativa pretendo iniciar mi año:

  • “¡Alucina!, mi vida con Frank Zappa”, de Pauline Butcher. La historia de la mecanógrafa que inesperadamente conoce a uno de los músicos más relevantes del siglo XX, y con el tiempo y un ganchito decide trasladarse con él a Los Ángeles, para ser testigo del genio y la locura genuinas de un genio en toda la extensión y transformar, como bien testifica el libro, su vida para siempre. De más está decir que se me antoja un buen.
  • “La efeba salvaje” y “El pericazo sarniento” de Carlos Velázquez, quien me ganó como lector luego de leer las crónicas que dibujan con muchísimo talento una parte nodal del país a través de “El karma de vivir al norte”. Literalmente, ya estoy esperando los días en que voy a vivir sobredosis de Carlos Velázquez.
  • “Cómo elegir a su filósofo”, del grandioso psicoanalista francés Oreste-Saint Drôme, un tipo especializado en aderezar con humor las reflexiones más inteligentes. Dado el año que se avecina, estimo obligada su lectura. Habrá muchos empleos que podremos darle a la filosofía el año entrante. Dependerá del tamaño de nuestra depresión (o de nuestro optimismo) saber qué rama del pensamiento nos acomoda para encaramarnos mejor.
  • Y finalmente, espero desde ya que 2018 sea el año que vea aparecer nuevos textos de Ana Clavel, Julia Santibañez, Fer Rivera…y además, he de pedir a Santa Claus que la navidad del año entrante me traiga “Cielo Rojo” la cuarta parte de las aventuras grandiosas de la detective Mijangos creada por Bef. Nada sé de la trama, más allá de lo que me reveló el propio Bef en una entrevista que le hice este año, y que tiene que ver con que el título obedece al momento en el que una bomba nuclear estallará en el planeta, producto de las añejas rencillas que se traen entre ellas la narcotraficante Lizzy y la propia Mijangos. No sé si saldrá en 2018, pero esperó fervientemente que sí, entre otras cosas, porque quizá en 2019 ya no habrá país, ni listas, ni mejores libros, ni nada.

Como sea, en tanto el futuro llega y averiguamos, felices fiestas para todos.

 

@elimonpartido

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