Mariguanos

Desde hace unos cinco años, aproximadamente, seis de cada diez internos en los penales federales se encuentra ahí por delitos contra la salud... casi el 70% de ellos, por consumo de mariguana.

En un estado de derecho a nadie se le puede privar de la libertad porque se fume un porro“.

Carlos Gaviria (político colombiano)

 

La escena es tan ridícula como sintomática: un joven, al parecer indefenso, fuma mariguana recargado en una reja ubicada dentro de la colonia Santa Rosa Panzacola, en Oaxaca. De pronto, un par de policías estatales aparecen y comienzan a revisar al muchacho con el objetivo, obvio y claro, de remitirlo ante la autoridad por estar llevando a cabo un delito (desde 1830, aproximadamente, en este país fumar mariguana en la vía pública es percibido como un crimen desmesurado) que merece cárcel, ni más ni menos. Hasta aquí, la escena es ridícula, pues ya se sabe todo sobre el tinglado que acompaña el momento de la detención de un mariguano: nerviosismo, báscula, amenazas, criminalización. Lo sintomático viene después, cuando de la nada, aparecen justo detrás del par de policías un grupo de cinco hombres a quienes no les toma más de diez segundos -en verdad- hacerse de palabras con los agentes para liberar al joven, quien enmedio de la discusión tan sólo se escurre para perderse rápidamente entre la multitud.

La escena que describo figura un microcosmos dentro del cual caben una buena parte de los absurdos del país: un joven detenido por el inconcebible crimen que supone fumar una planta menos dañina que el tabaco. Un par de policías que actúan frente al “criminal” con una firmeza que desearíamos ver en casos genuinamente graves y, para cerrar con broche de oro, una manifestación desconcertante de debilidad que permite a un grupo de cinco tipos malencarados enfrentarse verbalmente a la autoridad que, nadie sabe por qué entresijos inconfesables, dobla las manos permitiendo sin chistar que el supuesto criminal se vaya tranquilamente. Todo mal, pues.

Según números aportados por un estudio elaborado por Catalina Pérez Correa -investigadora de la División de Estudios Jurídicos del CIDE-, retomados por Héctor Aguilar Camín -columnista de Milenio y uno de los escritores e intelectuales mexicanos que más ha puesto el tema de la conveniencia de la legalización sobre la mesa-, entre el año 2006 y 2014 la PGR (de acuerdo a sus propias cifras) detuvo a 156 mil personas por consumo de mariguana. Desde hace unos cinco años, aproximadamente, el porcentaje establece que seis de cada diez internos en los penales federales se encuentra ahí por delitos contra la salud… casi el 70% de ellos, por consumo de mariguana.

Parece no haber remedio: si te ven fumando, irás a la cárcel, o por lo menos hacia una patrulla, donde casi seguramente serás extorsionado para evitar que tu vida y tus planes se desvíen debido a haber fumado una planta, cuya prohibición en este país ha generado ya más problemas de los que se suponía debía resolver.

Lo peor: según la Ley General de Salud, el consumo de mariguana no está prohibido. El problema es que para consumirla hay que tenerla, para tenerla forzosamente hay que transportarla, para transportarla las más de las veces el consumidor debe entrar en contacto con alguien que muy posiblemente se encuentre vinculado a la delincuencia organizada, y así, hasta el infinito del absurdo. La primera vez que la policía me capturó por andar de mariguano poniendo en peligro la estabilidad de la nación, el churro que disfrutaba contenía menos de los 5 gramos que se encuentran permitidos para consumo en este país, pero discutirle a un policía mexicano todos estos puntos específicos resulta -me consta, como a muchos- poco menos que imposible. Todo se resolvió con los doscientos pesos que los agentes me exigieron para dejarme ir (convirtiendo aquel en el toque ilegal más caro que me he chutado en la vida) y con evitar que cuando quiero fumar alguna autoridad me vea cometiendo delito tan vil.

En tanto no se legalice el consumo recreativo, la descabellada espiral que ha llevado a muchos consumidores a la cárcel no se detendrá. La prohibición no ha resuelto nada, y sí ha creado las condiciones fuera de toda razón que permiten que, con toda impunidad, tipos evidentemente más empoderados que la policía (háganme el favor) puedan meterse en medio de la detención del joven oaxaqueño que he referido y consigan, con unos cuantos manoteos, obtener su liberación.

Si no supiera lo bien que se siente fumar y fuera yo presa del más común de los lugares comunes, diría que al parecer esta historia de disparates la escribió alguien que estaba bien mariguano.

Pero no.

Esta es la realidad.

 

@elimonpartido

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