Historias Verdes

Mariguana. Nadie sabe a quién se le ocurrió la desmañanada frase"¿De cuál fumaste?", pero es muy posible que quien la creó, nunca haya fumado.

Cuando Chicago terminó con la Ley Seca no se acabaron los borrachos, se acabaron los Al Capone.

Joaquín Sabina

 

A partir de la semana entrante estará llegando a librerías “Historias Verdes”, el trabajo que tenía mucho tiempo queriendo escribir sobre legalización de la mariguana lúdica. Mi natural ansiedad de autor bisoño me llevó esta semana a buscarlo en las mesas de novedades de toda la Condesa y barrios aledaños (antes de “Historias Verdes” sólo he publicado como libro “El Camello de las Dos Jorobas”, pero de forma virtual, independientemente de las entrevistas, reseñas y artículos que he escrito para cuanto lugar a lo largo de todos estos años), pero ahora sé que los tiempos de distribución editorial no corren tan rápido como mis triglicéridos, así que mientras reaprendo a respirar acompasadamente, esta semana comparto, a guisa de adelanto, la introducción que escribí para mi verde libro sobre mariguana. Aquí va:

El pasado suele teñir los recuerdos con un aura de ingenuidad. Mirar cualquier cosa a través del filtro del que la proveé el tiempo diluye un poco sus aires de trascendencia y disminuye sus ínfulas de actualidad. La playera de manga tres cuartos que usamos en la secundaria como emblema de la moda hoy se mira francamente extraña. Los zuecos de madera durísima y cintas plásticas de colores chillantes que nuestras hermanas lucían orgullosas antes de salir a sus primeros reventones (que se llamaron tardeadas en aquel pasado), hoy son sólo una referencia que sirve para explicar zapatos mucho más cómodos, mismos que con el paso del tiempo serán superados por algún nuevo tipo de diseño que en unas décadas hará lucir el de hoy como la curiosa muestra de lo que, en otro momento, supusimos era el pináculo del calzado. Los sonidos de la música que nos ha gustado, el diseño de los libros que conservamos, los relojes en los que consultamos el paso del tiempo luego serán distintos. Lo que hoy es presente perderá su nitidez conforme pasen los meses y los años y su lugar siempre será ganado por el momento actual del mundo. Ningún tiempo pasado fue mejor: en todos lucimos fuera de moda, tanto en usos como en costumbres.

“¿Te acuerdas cuando no podíamos votar?” le dice una viejecita a otra y aquella, mirándola perpleja desde un par de ojazos grises -uno más grande que el otro- responde “no ¿cuándo fue eso?”. El maestro universitario que poco a poco fue acostumbrándose a la imagen ya se siente incómodo cuando algún colega del ayer le recuerda lo mucho que le sacaba de onda mirar a dos chavos -o a las dueñas de los dos mejores promedios de su materia- besándose en cualquier lugar. “¿Ya te enseñaron que antes los negros eran esclavos?” y el niño, negro, se ríe ante el padre: “noooscierto”.

Lo pasado siempre se mirará ingenuo.

Las páginas que vienen quieren apostar por ser leídas en el futuro, cuando el contenido de este libro no importe ya a nadie más que para reírse un poco. En ese tiempo que aún no es, alguien quizá eche un vistazo a este texto con un churro -un join, un toque, un pequeño porro, un alegre gallo- entre sus dedos sin temer que nadie le persiga por fumárselo en donde mejor le parezca. Ojalá. Este libro teñido de ingenuidad será muy feliz ocupando su lugar en el librero del futuro, cuando la mariguana y todas sus formas de consumo, incluso la recreativa, sean completamente legales y su compraventa, intercambio, distribución y cultivo se hayan convertido en aspectos que se encuentren completamente normalizados en este país, donde desde hace décadas se consumen de forma legal drogas mucho más dañinas.

En el pasado en el que este volumen ha sido escrito, diversos teóricos de la despenalización han concluido que lo que mata no es la mota, sino las balas destinadas a evitar que la gente la consuma. Es como el cuento de la abuelita regañona que antes de salir prohíbe a sus nietos que se trepen a la alacena para alcanzar la azucarera. El cuento termina cuando la ancianita regresa y encuentra la azucarera vacía y rota sobre el piso mientras todos sus nietos (que al escucharla llegar han huido para salvarse) son finalmente hallados para enfrentar las guamizas que, en el pasado desde el que esto se ha escrito, suelen dar las abuelas a los nietos necios que ni advertidos por la prohibición dejaron de ser tentados por el dulce satisfactor de la sacarosa. El problema es que en este país la policía y el ejército distan muchísimo de parecer abuelitas regañonas y muchísimos nietos que trataban de averigüar qué diantres tenía de bueno esa azúcar tan prohibida han truncado sus vidas y visto descomponer sus futuros al ser capturados por causa de ejercer un acto que, en todo caso, sólo iba a saciar su curiosidad y muy probablemente a provocarles un momento de placer…con lo caro en todos sentidos que sale el placer en este pasado.

La despenalización de la mota no será la panacea que traiga consigo un descenso de la violencia generada por el narcotráfico, pero sí, como razona Paco Ignacio Taibo II en la entrevista que le corresponde dentro de este libro, representa un acto de sensatez.

Si el pronóstico se cumple y tú estás hojeando estas páginas en el futuro, quizá halles interesante lo que leerás aquí: una instantánea del pasado del país, hecha en el tiempo en el que consumir mariguana con total libertad aún era ilegal.

Las entrevistas y textos que vienen conforman una imagen integrada por escritores de distinto cuño -y algunos otros personajes- hablando de mariguana: algunos la fuman todo el tiempo, otros sólo lo hacen ocasionalmente, varios la fumaron hace años y no volvieron a hacerlo más. Cierto autor mira el no-consumo como un genuino acto subversivo en contra de un poder que trata de seducirnos continuamente con el soma para mantenernos dóciles y tranquilos. En el otro extremo un entrevistado más sostiene la idea de que todas las drogas deberían ser legales, aunque quizá esa discusión pertenezca a otro futuro en el que ya no sólo quepa este libro.

Mariguana. En 1966 Paul McCartney escribió que estaba solo y tomó un paseo sin saber lo que encontraría, cuando de repente al verla ahí le dijo que la necesitaba cada día de su vida (Got to get you into my life); hacia 1975 Ringo Starr, batería de la misma banda con la que aquel grabaría dicha canción de amor, tomó la letra escrita por Hoyt Haxton -exitoso cantante estadunidense de folk- para cantar que no quería fumar más, pues estaba cansado de despertarse en el suelo, que la hierba sólo lo hacía estornudar y después se le hacía difícil encontrar la puerta (“The No-No Song”).

Mariguana. Antes de que el poeta y químico Jorge Cuesta arrancara sus propios genitales con un cuchillo —enmedio de uno de los muchos ataques de paranoia que con el tiempo le ocasionaron sus continuas ingestas de las sustancias que él mismo preparaba y con las que experimentaba sin ponerse ningún freno—, el autor de Canto a un dios mineral (Suspensa en el azul la seña / esclava de la más leve onda que socava el orbe de su vuelo / se suelta y abandona a que se ligue / su ocio al de la mirada que persigue las corrientes del cielo), dedicó los espacios cada vez más estrechos que le dejó la lucidez a buscar el complejo vitamínico del cannabis.

Mariguana. Parménides García Saldaña nos presenta a Epicuro, personaje central de su novela Pasto Verde, como un tipo que fuma “mágicos” en su apartamento (o dónde sea) y que antes de abrir la puerta que algún imprudente aporrea, interrumpiéndole el momento de “entrar en trance” -y de paso suspendiendo también su “guapachosa frialdad tropical”- debe quitarse su túnica de sacerdote olmeca, su penacho y su traje de rolling stone… Por su parte, Ramón del Valle Inclán escribió en su poema La pipa de Kif: “Divino penacho de la frente triste, en mi pipa el humo da su grito azul, mi sangre gozosa claridad asiste si quemo la Verde Yerba de Estambul”.

Mariguana. Louis Armstrong compuso el tema instrumental Muggles pensando en los cigarros que le fascinaban y que eran nombrados empleando precisamente ese slang en los antros estadunidenses de los años veinte y treinta del siglo pasado. En la canción Sweet Leaf, grabada en 1971 con Black Sabbath, Ozzy Osbourne le agradece a la planta que le haya “presentado a su mente” y Peter Tosh dijo sobre ella en Legalize it, su disco debut como solista, “la fuman los cantantes, la fuman los ejecutantes, los doctores, las enfermeras, los jueces y los abogados…”.

Mariguana. Nadie sabe a quién se le ocurrió la desmañanada frase “¿De cuál fumaste?”, pero es muy posible que quien la creó, nunca haya fumado.

Lo cierto es que en el ayer que conforma esta historia peculiar, cada consumidor ha delineado desde un ángulo distinto lo que le ha tocado vivir, dibujando una suerte de perspectiva personal que, por lo menos en los casos que aquí desfilan, le ha permitido compartir con el futuro las aristas que compusieron su propia experiencia. Su experiencia con la mariguana, demonizada por algunos, pero bendecida por otros tantos.

Así, este libro viene del pasado. De cuando el placentero derecho a trazar figuras sobre la realidad con nuestras fumaradas se hallaba perseguido y era condenado.

“Mira qué libro me he encontrado ¿te han contado de cuándo la mota era ilegal?”.

Pues eso.

(“Historias Verdes. Conversaciones sobre la mariguana”. 2018. Penguin Random House Grupo Editorial).

 

@elimonpartido

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