Más historias verdes

Desde la UNAM, asediada por el narcotráfico que se aprovecha de la autonomía, hasta Mikel Arriola que pretende regresarnos a dictámenes propios del siglo XIV, el reloj nacional va juntando las manecillas ¿en qué momento hablaremos de la necesidad real de impulsar la legalización de la mariguana recreativa?

La cucaracha, la cucaracha, ya no puede caminar…”

Anónimo popular.

 

Durante las primeras entrevistas que ya he tenido con relación a Historias Verdes, el libro que he escrito sobre legalización de la mariguana lúdica o recreativa, una actitud ha sido unitaria: invariablemente, todas las conversaciones han iniciado con mi entrevistador soltando algún chascarrillo sobre la mariguana. Digamos que un  chistecilllo ligero que busca (así lo percibo yo) distender un poco el ambiente para poder entrarle de lleno al tema. Así, por decirlo de alguna manera, de diez entrevistas concedidas hasta el momento, diez han bromeado con relación a la planta antes de iniciar propiamente la conversación.

Todo ello me ha llevado a preguntarme ¿así de tan bienhumoradas iniciarían todas las entrevistas si la sustancia de la cual estuviéramos a punto de hablar fuera cocaína? ¿Algún periodista bromearía así conmigo si mi libro tratara sobre la legalización de la metanfetamina, por ejemplo?

Según los datos dados a conocer hace tan sólo un par de meses por la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco llevada a cabo por la Secretaría de Salud, el Instituto Nacional de Salud Pública y la Comisión Nacional contra las Adicciones -entre otros- en este país, el 60 % de quienes no consumen drogas no miran o perciben a la mariguana como especialmente peligrosa.

Entre los consumidores -a quienes debo añadirme, y añadir por lo menos al 50 % de mis entrevistados en Historias Verdes– la percepción de no peligrosidad de la planta se eleva prácticamente al 70% (66.9 %, para que luego no digan que he pecado de impreciso): frente a la cocaína o los inhalables, las drogas con mayor percepción de peligrosidad entre la población, la mariguana es percibida como una sustancia tanto menos peligrosa.

El Informe Anual de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes de la ONU, dado a conocer recién este jueves 1 de marzo en Ciudad de México, señala que (cito la nota publicada por el diario argentino El Clarín): “la mayor disponibilidad de cannabis, sumado a las políticas y las iniciativas legislativas de reglamentación del uso del cannabis con fines médicos en algunos Estados y con fines no médicos en otros han reducido la percepción del riesgo asociado al consumo de cannabis”. Hoy sabemos que la planta no es inocua, y que su consumo representa un riesgo real entre consumidores menores de edad, sin embargo, el mismo estudio señala que “el cannabis siguió siendo la droga ilícita más ampliamente disponible y de consumo más generalizado en la región”.

Así las cosas ¿porqué nos empeñamos en la no legalización?

La discusión se encuentra al centro: desde la UNAM, asediada por el narcotráfico más vil e impune (el que se aprovecha de la autonomía), hasta Mikel Arriola, quien pretende regresarnos a dictámenes propios del siglo XIV o más atrasito, el reloj nacional va juntando las manecillas ¿en qué momento hablaremos de la necesidad real de impulsar la legalización de la mariguana recreativa?

Al día de hoy no lo sabemos. Lo único que sé luego de escribir Historias Verdes es que el tema cada día reviste una mayor importancia.

En el panorama de la percepción real de peligrosidad asociada a las sustancias ilegales ¿cuándo un adulto mexicano, en pleno ejercicio de sus libertades y derechos podrá encenderse un churro de mota en paz?

 

@elimonpartido

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