Mariguana legal, poco a poquito

El pasado miércoles 11 de abril la Suprema Corte determinó que el ciudadano Ulrich Richter puede acceder a su propia mariguana (que, ojo, no podrá venderle a nadie) sin necesidad de ponerse en peligro. Ahora nada más faltan por ampararse unos cinco o seis millones de ciudadanos más.

Paso a pasito llegaré 
donde vive tu corazón
hasta su puerta tocaré
cuando salga le diré
que ando en busca de tu amor. 

“Paso a pasito”, Armando Manzanero.

 

Finalmente, los ministros de la Suprema Corte fallaron a favor y ya existe, en esta República donde las decisiones -todas, salvo la de meter al Bronco a la boleta a como diera lugar- se toman con una lentitud pasmosa, un ciudadano más que podrá ejercer su legítimo derecho al libre desarrollo de la personalidad y que, gracias a ello, a partir de la expedición del permiso correspondiente por parte de la Cofepris, podrá cultivar y preparar su propia mariguana para consumirla recreativamente cada vez que lo desee, tal como, por poner un ejemplo, un gustoso de la cerveza, que puede conservar en su refrigerador la cantidad de latas o botellas que se le antojen, o un tabaquista, que si quiere puede rellenar su clóset con paquetes de Marlboro para encenderse uno o veinte cigarrillos sin mayor problema.

El pasado miércoles once de abril la Suprema Corte determinó que el ciudadano Ulrich Richter puede acceder a su propia mariguana (que, ojo, no podrá venderle a nadie) sin necesidad de ponerse en peligro citándose con un dealer en cualquier esquina, de preferencia oscura, de la ciudad y sin el riesgo que implica convivir con algún sector del crimen organizado cada vez que tenga deseos o necesidad de conseguir la sustancia de su preferencia. Bien por la Corte. Ahora nada más faltan por ampararse unos cinco o seis millones de ciudadanos más.

La noticia que sigue al anuncio del fallo por parte de la Suprema Corte viene acompañada de una información relevante que ya se había mencionado aquí la semana pasada: al otorgarse el amparo que concede el permiso, han sido declarados inconstitucionales cinco artículos de la Ley General de Salud que prohíben todo alrededor de la planta. Esto significa, procurando ser sintéticos, que la Suprema Corte reitera el criterio ya manifestado en la resolución de noviembre de 2015, cuando los cuatro ciudadanos integrantes del colectivo SMART (Sociedad Mexicana de Autoconsumo Responsable y Tolerante) obtuvieron su amparo: la prohibición absoluta del consumo lúdico de la mariguana es inconstitucional.

Ahora, como si los consumidores viviéramos dentro de una especie de película de suspenso (que tiene varios años proyectándose en cámara lenta, lentísima) resta aguardar un par de cosas: uno, que la Primera Sala de la Suprema Corte notifique al Congreso de la Unión que la del miércoles pasado es ni más ni menos que la segunda resolución emitida en el mismo sentido que la de 2015 y dos, esperar con la ansiedad que sólo un alegre gallo puede disipar a que existan tres más iguales para iniciar el proceso de declaratoria general de inconstitucionalidad, que se alcanzaría con ocho votos de los once integrantes del Pleno de la Corte, quienes de esta manera podrían invalidar los artículos de referencia que establecen la prohibición del uso de mariguana con fines lúdicos en México, lo cual significa en términos breves que se estaría abriendo la puerta a la legalización de la mariguana recreativa en este país, que comenzó a perseguirla con denuedo digno de mejor causa hace años mientras calcaba la política punitiva de los Estados Unidos, país en el que hoy California, Maine, Nevada, Colorado, Oregon, el Distrito de Columbia, Alaska y la capital, Washington, la consideran legal sin ningún tapujo.

Sólo tres resoluciones más. Y por supuesto ninguna en contra. Tres resoluciones. Y los necesarios ocho votos del Pleno. Ya sabemos que en este tema -y en este país- el camino que resta transitar puede ser, más que pedregoso, pedregosísimo, pero lo que en este sentido ya le ha sucedido a cinco ciudadanos marca un precedente que muestra que aunque sea por la ladera, se puede avanzar.

Es como la canción de Manzanero que hizo tan popular Angélica María: “paso a pasito, llegaré”.

 

@elimonpartido

Close
Comentarios