La Democracia

La democracia no se creó para que los problemas se esfumen, sino para que cada ciudadano del mundo tenga oportunidad de discutir acerca de cada uno de ellos con plena libertad y en el ejercicio absoluto de los derechos que la sola condición de ser un humano le otorga.

Los griegos fueron grandes artistas: la democracia fue la obra maestra de su arte, la más arriesgada e inverosímil, la más discutida…

Fernando Savater (de “Política para Amador”).

Incumple con una de las primeras normas democráticas aquel que aguarda que La Democracia -escrita así, con mayúsculas- le venga a resolver los problemas. Mal ha comprendido la esencia democrática quien espera que por su sola instauración el sistema democrático se dedique a eliminar los males de la nación y, de ser posible (de acuerdo al pensar de ese hipotético sujeto), los del mundo. Los demócratas que habitan los países de la Tierra esperan no desilusionar a quienes lo ignoran, pero la democracia no se creó para que los problemas se esfumen, sino para que cada ciudadano del mundo -democrático, por supuesto- tenga oportunidad de discutir acerca de cada uno de ellos con plena libertad y en el ejercicio absoluto -inigualable, indiscutible- de los derechos que la sola condición de ser un humano le otorga.

Si los problemas logran resolverse, habrá que dar las gracias a los ciudadanos que ocuparon su vocación genuinamente política (esto es: social. Quien no está interesado en política en realidad no está interesado en los demás) para profundizar en el análisis y la resolución de los mismos… y en todo caso habrá que dar las gracias a la democracia por haber generado el ambiente necesario para que la discusión articulada se llevara a cabo. Es un poco como la frase atribuida a Abraham Lincoln, en el sentido de que la democracia espera que nadie sea un esclavo, ni tampoco un amo.

He sido invitado a participar dentro del “Picnic Literario” que como parte de una, espero, muy fiestera jornada de cultura cívica se llevará a cabo a partir de las 11:00 hrs en las áreas verdes del Centro Nacional de las Artes de la Ciudad de México el próximo domingo (10 de junio, por más señas). Dado que es un maestro al que admiro y dado que su razonamiento con respecto a asuntos de tan grande importancia como la ética, la filosofía y, naturalmente, la democracia no sólo sigue vigente sino que muy posiblemente se ha incrementado en el entorno actual, ha sido un placer (un tanto desgastante, como todos los placeres, debo confesarlo) dedicar estos días previos a leer -y releer- una buena parte de la obra que Fernando Savater, personaje central de la plática que me corresponde encabezar, ha aportado al mundo. “Las preguntas de la vida”, “Defensa de la ciudadanía”, “Política para Amador”, “Ética de urgencia” y por supuesto “Ética para Amador” me han acompañado a prácticamente todos lados en estos días, horneando mi cerebro al calor de ideas nuevas.

Muchas cosas querré compartir acerca de estas lecturas con quien se quiera dar una dominguera vuelta por el Cenart, pero para pronto y con el afán de alborotar un poco la inteligencia de quien lee su Tránsito Lento de confianza, aquí comparto un par de perlas escritas por Savater: un extracto relacionado con los griegos (creadores, precisamente, de la democracia) y uno más sobre la esencia misma del espíritu democrático, que por muchas razones vienen a cuento, como diría el lugar común, hoy y siempre:

“(La democracia) no garantiza más aciertos que los habituales cuando manda uno sólo o unos pocos; ni tampoco mejores leyes, ni mayor honradez pública, ni siquiera más prosperidad. Lo único garantizado es que habrá más conflictos y menos tranquilidad (suele decirse que “tranquilidad” viene de tranca: los despostismos y las tiranías no dejan moverse ni a una mosca). Pero el griego prefería discutir con sus iguales que someterse a los amos; prefería hacer disparates elegidos por él que disfrutar de aciertos impuestos por otro; quería inventar las leyes de su ciudad y poder cambiarlas si no funcionaban bien, en vez de someterse a los mandamientos inapelables, fueran naturales o divinos. Eran raros y originales, aquellos griegos: pero muy valientes”.

Una más:

“Uno de los recuerdos más vivos de mi niñez es el de haber escuchado en la radio el segundo combate de boxeo entre el norteamericano negro Joe Louis y el peso pesado alemán Max Schmeling. Schmeling había dejado fuera de combate a Louis en el primer asalto y la prensa nazi habló con elocuencia de la superioridad innata de la raza blanca. En el combate de vuelta, Louis dejó fuera de combate a Schmeling en el primer asalto, si no me falla la memoria. El árbitro puso el micrófono ante el vencedor y le preguntó emocionado: ‘Bueno, Joe, ¿te sientes orgulloso de tu raza esta noche?’, y Louis contestó con su deje sureño: ‘Sí, estoy orgulloso de mi raza, la raza humana, claro’.

El asunto es la libertad y la democracia. Ojalá puedan darse una vuelta este domingo.

 

@elimonpartido

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