El lunes

El lunes entrante viene empacado con todos los ingredientes necesarios para que lo odiemos -como odiamos todos los lunes- o para que lo amemos como nunca antes en la historia nadie ha amado un lunes.

Incluso las mejores semanas comienzan con un lunes.

Anónimo

 

Si este es el único país en el que luego de una derrota por goleada nos vamos a celebrar directo a la embajada de la nación que involuntaria pero solidariamente nos cedió parte de su gloria, si en este terruño lindo y querido es posible hallar una candidata fan de Matrix y del internet de las cosas sin noción de lo que significa la palabra ridículo, si aquí una parte de la población le teme más a lo que no ha visto que al horror que lleva décadas mirando a diario, ¿por qué en México no habría de mezclarse el mismo día -que para mayor gloria de nuestras neuronas, será lunes- un partido de futbol importante y los resultados de un proceso electoral? El lunes entrante será para muchos un tour de force que encadenará desde la madrugada -en realidad, muy probablemente desde las últimas horas del domingo- una serie de eslabones emocionales que irán consecutivamente de la tensión a la fiesta electoral para posteriormente regresar a la tensión y luego (ojalá) nuevamente a la fiesta, que esta vez será futbolera. Aquí cabe decir que para otros ciudadanos esa cadena de fascinantes sensaciones corre el riesgo de eslabonarse exactamente al revés. O mezclada. O uno y uno. Vaya usted a saber.

El punto es que quiero decir que vivir en México implica una especie de ritual performático en el que las emociones nunca acaban, pero en el que siempre termina uno muy cansado. Para colmo, esta vez nuestra vocación por ser únicos en el mundo viene pegada al hecho inmodificable de que viviremos todo lo que estamos a punto de vivir en lunes, un día que de por sí ya le exige mucho al sistema cardiovascular. Y es que en lunes, por alguna extraña, misteriosa razón, cuesta más trabajo que en cualquier otro día levantarse temprano… y es posible que este lunes por la mañana nos pesque sin siquiera haber dormido. Un lunes, pues, que empezará o muy chueco o muy derecho. O al revés. O de a ratitos chueco y de a ratitos derecho. Para Jorge Ibargüengoitia la cosa podría resumirse en aquel gran apotegma de su autoría, ” los que se levantan temprano a fuerzas constituyen un grupo social de descontentos, en donde se gestarían revoluciones si sus miembros no tuvieran la tendencia a quedarse dormidos con cualquier pretexto y en cualquier postura”.

El lunes entrante viene empacado con todos los ingredientes necesarios para que lo odiemos -como odiamos todos los lunes- o para que lo amemos como nunca antes en la historia nadie ha amado un lunes.

Un lunes de adormilados que será como todos los lunes, difícil de habitar, pero que además traerá consigo el aderezo extra de la pasión futbolera y la electoral cruzadas prácticamente al mismo tiempo. Un inicio de semana en el que al dar la vuelta, en cada esquina hallaremos lo mismo a un zombie desencantado que a un pejezombie eufórico, o a un futbolero adormilado que a un fanático de la selección estresadísimo. O a un pejezombie estresadísimo (y furioso, al que apoyaré) que a un aficionado eufórico o un fanático adormilado…

Si todos los lunes implican avanzar medios contrahechos en una carrera contra algo, este en particular ya se ve que va estar de campeonato.

Y encima, regresando de ley seca o sea, de beber a escondidas. Lunes inolvidable.

Carriles laterales

  • “Uf, ¿para qué votar?” (edición conjunta lanzada por el INE y editorial Alfaguara) reúne textos realmente entretenidos y en muchos momentos conmovedores de Benito Taibo, Rosa Beltrán, Toño Malpica y Jorge Vargas Bohórquez alrededor de la democracia, sus bendiciones, los monstruos que puede soltar y, al fin, sus indiscutibles ventajas. Se encuentra dirigido sobretodo a alguno de los casi trece millones de jóvenes que por primera vez votarán, pero naturalmente puede convertirse en una lectura idónea para cualquiera de quienes ya llevamos rato inscritos en este ritual aquí encarecido que implica irse a formar a una casilla. Si quieren dedicarle unas horas de este fin de semana pueden descargarlo gratuitamente aquí.

 

  • “Cartas a una joven desencantada con la democracia”, de José Woldenberg (ed. Sexto piso) constituye una reflexión profunda sobre el sentido de mantener a flote un sistema perfectible que algunos defraudados se han empeñado en venderse como perfecto. Armado a partir de una idea que en diciembre de 2016 Eduardo Rabasa propuso al politólogo, la ambición del trabajo es, igualmente, dirigirse a los más jóvenes para plantearles la democracia no como la solución a todos los problemas, sino como la vía más eficaz para discutirlos, en la traza de las palabras atribuidas al filósofo Luis Salazar Carrión que Woldenberg cita al inicio del texto: “la democracia es un conjunto de reglas que intentan traducir en términos reales algunos valores importantes como la paz, la pluralidad, la libertad, la igualdad; lo hace mal, muy mal, pésimamente mal. Pero hasta ahora, sin esas reglas no han existido más que tiranías, dictaduras, autocracias, totalitarismos, que resultan, por lo menos, mucho peores que la peor de las democracias…”.
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