La denuncia a Cofepris

Aunque la Cofrepris niega los señalamientos de la ONG que la denuncia por abuso de autoridad y obstaculización de las solicitudes presentadas por ciudadanos para obtener mariguana por cultivo personal, las pruebas demuestran su ineficacia y lentitud para resolver estas demandas.

Una cosa no es justa por el hecho de ser ley. Debe ser ley porque es justa.

 Montesquieu

 

De entre todos los mundos posibles, el que menos se le hubiera ocurrido a la Cofepris (Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios) es el que corresponde a la imagen en que una ONG como México Unido Contra la Delincuencia (MUCD) los denuncia ante la PGR por abuso de autoridad, establecido directamente en este caso por el hecho de  hacer todo lo posible para obstaculizar el avance de las solicitudes presentadas por diversos ciudadanos para obtener mariguana vía el cultivo personal. Digamos pues, con otras palabras -en este caso usaré una imagen muy empleada por mi abuelita- que México Unido Contra la Delincuencia ha denunciado a Cofepris por hacerse guaje con las solicitudes que ha recibido para autorizar usos recreativos y medicinales de mariguana a quien lo ha solicitado. Ahora sí que aplica apuntar aquí aquella de que los bisteces cuando se fríen hacen “tssssssssss”.

Resulta curioso el comportamiento de Cofepris, toda vez que, hablando tan sólo en términos administrativos, la Comisión debiera limitarse a dar curso a las solicitudes sin dar visos de que algún interés ajeno al de las funciones para las que fue creada domina su actuación, sin embargo, a la luz de la denuncia dada a conocer esta misma semana por la organización dirigida por Lisa Sánchez, el actuar de la Comisión se va revelando más como una parte interesada en que “se legalice, pero tantito y con calma (muchísima)” que como una entidad preocupada por recoger dentro de sus dictámenes el sentir de una sociedad en busca de representación que, así sea solo en un porcentaje -que, por cierto, crece día con día- manifiesta con mayor apertura y claridad que nunca su interés porque el uso de la mariguana en todas sus vertientes sea normalizado de una vez por todas en nuestro país.

Naturalmente y con respecto a la denuncia, ya salió la Cofepris a decir que no, que cómo creen, pero el hecho es que los números señalan algún tipo de vocación por la improcedencia que resulta, como de alguna manera deja entrever MUCD, ciertamente preocupante: poco más de cuatro meses (desde abril a la fecha, según datos aportados por la propia ONG) sin dar plazos de respuesta a cientos de solicitudes, configuran un universo de ineficacia y lentitud en el que pareciera que el interés primordial de la Cofepris es dar todas las largas posibles a cuantas personas se les aproximan buscando normalizar en sus respectivas vidas el empleo -ya sea recreativo o terapéutico- de una sustancia cuya consecución en este país resulta tremendamente dificultosa (siendo este, además, un país productor que en otras condiciones ya estaría ocupando el mercado legal aportando productos de muy buena calidad) y que además vive diariamente en el absurdo que supone saber que el poderoso vecino de enfrente ha legalizado la planta en una parte sustancial de su territorio.

En la complejísima hora que vive la mariguana en un país en el que una entidad como Cofepris da visos de querer que las cosas no se resuelvan nunca, habría que recordar que este modo de operar es el que precisamente, en otros muchos ámbitos, ha sido rechazado por un amplio porcentaje de la población.

¿O es que la Cofepris sigue viviendo en el medieval entendido de que el consumo de mariguana implica un “riesgo sanitario”?

 

@elimonpartido

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