Varia invención

El mejor homenaje posible para conmemorar los 100 años del natalicio de Juan José Arreola es leerlo. La mejor oportunidad para acercarse al genio de un creador que miraba corazones donde la realidad ponía sapos. Creador obras singularísimas, que destacan por el uso de la imaginación

Mi primer libro lo publiqué en 1949. Se titula “Varia invención”. En realidad es el único libro que poseo, ya que no he hecho más que aumentarlo en el tiempo, bajo otros títulos que desarrollan sus temas principales.

Juan José Arreola

 

Al final del entrañable texto “Amanuense de Arreola”, que a partir del año 2002 aparece coronando las sucesivas ediciones del Bestiario, José Emilio Pacheco (autor de la narración que nos cuenta los días que envolvieron la creación de uno de los libros fundamentales del escritor del que justamente este 21 de septiembre celebramos el centenario de natalicio), define su paso por la vida como un hecho que se nutrió de significado gracias, precisamente, a haberse convertido voluntariamente en receptor de los dictados de Juan José Arreola, quien así, dictando y no de ninguna otra manera, creó uno de los libros que mejor reflejan su inventiva, inteligencia y profunda erudición: “Cuando entre en el infierno y los demonios me pregunten —Y usted ¿qué fue en la vida?, podré responderles con orgullo: —Amanuense de Arreola”, escribe Pacheco al término del escrito.

Conocer personalmente a un personaje como Arreola ¿qué habrá sido?

Creador de una obra singularísima, que destaca por encima de cualquier otra característica por el rotundo empleo de la imaginación, de Juan José Arreola muchos integrantes de mi generación supimos por primera vez gracias a “Baby H.P.”, el relato que como parte del libro de texto gratuito dedicado a “Lecturas”, hacia mediados de los años setenta nos llegó gracias a la SEP: “Señora ama de casa: convierta usted en fuerza motriz la vitalidad de sus niños. Ya tenemos a la venta el maravilloso Baby H.P., un aparato que está llamado a revolucionar la economía hogareña.  El Baby H.P. es una estructura de metal muy resistente y ligera que se adapta con perfección al delicado cuerpo infantil, mediante cómodos cinturones, pulseras, anillos y broches. Las ramificaciones de este esqueleto suplementario recogen cada uno de los movimientos del niño, haciéndolos converger en una botellita de Leyden que puede colocarse en la espalda o en el pecho, según necesidad. Una aguja indicadora señala el momento en que la botella está llena. Entonces usted, señora, debe desprenderla y enchufarla en un depósito especial, para que se descargue automáticamente. Este depósito puede colocarse en cualquier rincón de la casa, y representa una preciosa alcancía de electricidad disponible en todo momento para fines de alumbrado y calefacción, así como para impulsar alguno de los innumerables artefactos que invaden ahora los hogares”.

Está de más decir que sólo leer las primeras líneas, uno sentía que por primera vez se encontraba descifrando algo que no se parecía a nada. Algo muy divertido, pero de espíritu muy raro de encontrar, sobre todo en un libro de texto gratuito de la SEP. El mundo, a través de los ojos de Arreola, lucía distinto, lleno de un encanto fulgurante.

¿”Preciosa alcancía de electricidad”? Conocer a Arreola debió ser una experiencia única. Capa, sombrero, cabellera alborotada. Mente alborotada.

“El nacimiento del automóvil, aviación, cinematografía, realmente trastornó el curso de la historia porque, tengo que decir la frase más elemental, pusimos el acelerador. El tempo histórico había sido más o menos ordenado y congruente, puedo decirlo con tranquilidad, desde el siglo XVI hasta principios del siglo XIX. Pero he aquí que a fines del siglo pasado todo se transforma y transfigura”, dice Arreola en una de las tantas piezas sonoras que albergando su pensamiento conserva la Fonoteca Nacional.

El tempo histórico. Riqueza de Arreola, que a cien años mira aún por cosas que nada tuvieron que ver con el dinero.

El mejor homenaje posible para recordar a uno de los más brillantes personajes de la cultura nacional es leerlo. Es la mejor oportunidad para acercarse al genio de un creador que miraba corazones donde la realidad ponía sapos, polluelos gigantescos entre pañales donde sólo había avestruces y cebras solemnes que, al tomarse en serio su vistosa apariencia, se entigrecen.

 

100 años. Qué viva Juan José Arreola, siempre.

 

@elimonpartido

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