Mariguana en el Periférico

Todos quienes consumimos hemos tenido entre las manos, tirados debajo de un sillón, en el rincón polvoso de la parte baja de un librero o entre la ropa, un coco. O varios. Semillas de mota, pues. La idea era justo tirar por ahí un coco, uno de los muchos que a uno le sobran cuando termina de limpiar la mota sucísima que te vende en la ilegalidad cualquier dealer. Aventarlo y que pegara en cualquier sitio, nomás por ver qué hacían.

Es muy divertido hacer el ridículo, aunque solo sea delante de veinte personas.

Mick Jagger

 

Trato de imaginar la escena sin que me gane la risa.

Señor, tenemos aquí un reporte.

—Dígame, oficial.

—Hallaron un sembradío de mariguana.

—No me diga.

—En pleno Periférico, señor.

—Esto es intolerable. Llamen a las Fuerzas Armadas. Ahora sí esa maldita planta recibirá su merecido de una vez por todas.

Mientras que miembros del ejército -poderosamente armados- se apostaban en pleno Periférico para arrancar de cuajo las nocivísimas plantas (evidenciando ante la ciudadanía el aplastante absurdo de la tradicional -e ineficiente- política punitiva en contra de una planta cuya siembra, transporte, venta y consumo se encuentra regulado en buena parte del país vecino),recordé la siguiente historia:

Fue hacia 2009, más o menos. El celular no era tan importante, así que la “campaña” -por así decirle- poseía cierto aire clandestino, de manera que quien te enteraba de ella la compartía haciéndote partícipe tan solo de la instrucción que sustentaba su nombre: tira un coco.

Hoy, esa idea de quién sabe quién, surgida en quién sabe dónde, circularía vestida a la moda de los que ya prácticamente son los años veinte del siglo XXI precedida por el consabido hashtag: #TiraUnCoco.

Quien me lo platicó lo hizo así nomás. Como esas cosas que se divulgan alegremente cuando estás con un amigo que también fuma mota. Todos quienes consumimos hemos tenido entre las manos, tirados debajo de un sillón, en el rincón polvoso de la parte baja de un librero o entre la ropa, un coco. O varios. Semillas de mota, pues. Microhuevecillos de dinosaurio para algunos. Cacas de dragón para otros. La basurita, que le dicen muchos. Cocos.

La idea era justo esa. Tirar por ahí un coco, uno de los muchos que a uno le sobran cuando termina de limpiar la mota sucísima -y llena, precisamente, de cocos- que te vende en la ilegalidad cualquier dealer. Tirar un coco en algún parque. Una jardinera, un camellón. Cualquier sitio público. Nomás aventarlo y que pegara en cualquier sitio. Nomás por moler. Nomás por ver qué hacían.

“Pero la onda es que no lo hagas público. No le puedes decir a nadie por mail. Ni en chats. Menos en chats. El chiste es que se lo platiques a otro güey así en corto, por si quiere hacerlo. Imagínate que de repente empiezan a salir plantas de mota por todos lados ¿qué van hacer? ¿Arrancarlas todas? ¿Perseguirnos a todos?“.

Era 2009. Nunca supe si pegó la campaña. Lo que sí recuerdo es que yo la atendí con fervor. Aún vienen a mi mente las tres (¿o serían cinco?) plantitas de mariguana que inadvertidamente crecieron en aquel camellón cercano al barrio en el que vivo. Aún recuerdo que un día todas dejaron de estar ahí. ¿Quién se dio cuenta? ¿Qué espíritu se alteró tanto como para arrancarlas sin dejar huella?

No estoy diciendo que lo que sucedió hace unos cuantos días en el Periférico haya tenido algo que ver con aquello tan divertido, tan enverdecedor del Tira Un Coco. No. Simplemente es algo que recordé. Después de todo también es bueno mencionar a quienes nunca lo hayan hecho -y por lo mismo, no lo sepan- que, cuando una sustancia es ilegal y por cualquier razón no existe cerca un lugar cerrado y discreto, uno suele buscar los recovecos más oscuros para poder disfrutarla sin la molesta presencia de la policía, siempre en vigilia. Cuando uno se está forjando de prisa un churro, caray, es común que se le caigan por ahí algunas hojitas útiles, un poco de guarumo, uno que otro coquito…

—Señor, tenemos aquí un reporte.

—Dígame, oficial.

—Hallaron un sembradío de mariguana.

—No me diga.

—En pleno Periférico, señor.

—Esto es intolerable. Llamen a las Fuerzas Armadas. Ahora sí esa maldita planta recibirá su merecido de una vez por todas.

Trato de imaginar la escena sin que me gane la risa.

Pero me gana.

 

@elimonpartido

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