Recordar de otra manera

El país no nos debe ya textos sobre el 68. Existen muchos brillantes como los que aquí enlisto, algunos de ellos derivados del registro literario de los crímenes perpetrados en aquel entonces. A 50 años del movimiento de 1968, nos debemos una nueva visión y exigir que los delitos se esclarezcan.

¿Tenía realmente intención el gobierno de entablar pláticas? Yo creo que sí, pero no públicas. La prueba fue que respondieron, pero cuando se les pidió que señalaran el lugar y la fecha nunca lo hicieron.

De Los días y los años (Primera edición, 1971. Ediciones Era). Luis González de Alba

 

De entre todo el grupo de lecturas recomendables que erigió, como un muro narrativo paralelo al movimiento estudiantil y su brutal desenlace, el 68 ha incorporado una cantidad prácticamente incontable de libros que narran, desde distintas perspectivas, lo acontecido durante aquellos días que de tan esenciales comienzan a volverse una especie de institución que corre el peligro de ser santificada.

Nada peor que la santificación sin resolución de un movimiento por cuya entraña, además de afán revolucionario, cruzó el más irrespetuoso y jovial deseo de sacudir a la autoridad, según dijo de distintas maneras a lo largo de las muchas reflexiones que publicó al respecto Luis González de Alba, autor de la que por muchos es considerada la Gran Novela Sobre el Movimiento del 68: Los días y los años.

A casi medio siglo de su aparición -aún hoy, inexplicable a no ser por la valentía de quienes conformaban en aquel entonces la empresa editorial de los hermanos Espresate Xirau, quienes llegaron a este país huyendo de la guerra civil española para fundar con los años Ediciones Era, que lograría transferir el escrito de González de Alba para ser publicado nada menos que por la SEP hasta el año 1986- leer nuevamente el texto, escrito en las condiciones en que se escribió, resulta tan terrible y tenebroso como conmovedor y de a ratos hasta irreal ¿en verdad pasó todo eso? ¿en verdad eso les hicieron a los jóvenes que formaban parte de un movimiento qué, como nos queda claro después de zambullirnos en la novela, se encontraba constituido por mil ramificaciones, todas entusiastas y algunas tan desmadrosas como combativas? Una vista a vuelo de pájaro más allá de Tlatelolco y por entre la historia de los crímenes que la clase gobernante ha cometido en contra de la juventud en este país, desde el halconazo hasta Ayotzinapa, permite confirmar que sí, que en verdad eso les hicieron.

Emanados directamente de la narrativa que el movimiento en general y el 2 de octubre en particular produjeron, sigue circulando La Plaza, de Luis Spota (que en ediciones recientes muestra la espléndida ilustración de un simio con rostro de calavera, metida una de sus extremidades superiores dentro de un limpísimo guante blanco); Días de guardar, de Carlos Monsiváis, que igualmente a principios de los setenta inauguró el estilo del que con el tiempo se volvería uno de los cronistas más queridos por la población que, en algunos casos aún sin haberlo leído, lo respetaba; 68, pormenorizado recuento de Paco Ignacio Taibo II y, naturalmente, La Noche de Tlatelolco, de Elena Poniatowska, que a la fecha sigue siendo para muchos la vía de entrada más directa para empezar a conocer lo que aquí pasó hace cincuenta años.

El país no nos debe ya textos sobre el 68. Existen muchos brillantes como los aquí enlistados e incluso es importante mencionar algunos de los que, derivados en registro literario de los crímenes perpetrados en aquel entonces, también merecen ocupar un espacio importante: El Apando, de José Revueltas; Memoria de la guerra de los justos, de Gustavo Hirales e incluso La Guerra de Galio, de Héctor Aguilar Camín, entre muchos otros. A la lista se ha incorporado recientemente Esa luz que nos deslumbra, de Fabrizio Mejía Madrid, pulcra novela testimonial.

No nos debemos más textos sobre el movimiento de 1968. Nos debemos ya una visión de octubres nuevos. Exigir que los delitos se esclarezcan. Y que todos estos libros conformen la consigna necesaria de un tiempo ineludible cuyo entresijo urge resolver.

No olvidar el 2 de octubre, pero gradualmente comenzar a recordarlo de otra manera.

 

@elimonpartido

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