El Álbum Blanco

Llega un día en la vida de todo ser humano al que en verdad le gusten los Beatles, en el que hay que poner el Álbum Blanco completo y en orden y ese día las cosas cambian, aunque haya quienes digan que no.

Me encantan los Beatles. ¿Qué más puedo decir? No voy a mentirte. Los amo. Siempre me hacen feliz. Y creo que fueron los mejores, y todavía lo son.

Liam Gallagher

 

Día de recordar que hace cincuenta años, a estas horas, una parte importante de Inglaterra ya había escuchado (o comenzaba a hacerlo) el Álbum Blanco, aquel acabadísimo objeto de arte que hasta el día de hoy sigue generando una polémica que más tiene que ver con la percepción que cada quien tiene con respecto a The Beatles que con la música que lleva grabada dentro de los surcos, música que, hay que decir, es -independientemente de que mi percepción con respecto a The Beatles sea en el sentido de que se trata de la mayor y mejor banda de música que haya pisado jamás la Tierra, cosa que naturalmente me confiere una autoridad objetiva- muy, muy buena.

Cada quien llega al White Album a una edad distinta. Hay quien nació y cuando ya llevaba un rato proyectado sobre la vida se hizo de él, que es lo mismo que decir que hay gente caminando por ahí que ya existía cuando aún no salía el disco y, una vez que se lo apropió, ha envejecido con él, guardando recuerdos que forzosamente se relacionan con varias de sus canciones. Existen los que nacieron después de que el disco apareció. A quienes estamos en ese grupo las cosas se nos presentan de manera un tanto más difusa. A veces se está en la primaria y se oye por ahí I wanna hold your hand o Love me do y uno sabe que se trata de grandes canciones, pero luego escucha Let it be o Tomorrow never knows y así, en desorden, la experiencia vivencial de apreciar a The Beatles se vuelve un tanto desordenada aunque igualmente intensa. Pero llega un día, un día en la vida de todo ser humano al que en verdad le gusten los Beatles, en el que hay que poner el Álbum Blanco completo y en orden y ese día las cosas cambian, aunque haya quienes digan que no.

En 2009, el canal de videos estadounidense VH1 transmitió durante un par de meses un programa espléndidamente producido, dedicado a dar a conocer la lista elaborada por grandes músicos de todos los géneros y el propio canal acerca de los cien más grandes artistas de la historia, yendo del centésimo sitio a la cima. Cuando finalmente se transmitió el capítulo en el que se revelaba el primer lugar, sobre la proyección de The Beatles durante su aparición en el show de Ed Sullivan, aparecía ocupando un tercio de la pantalla Ozzy Osbourne, quien sólo declaró ante la cámara en tono socarrón: “la verdad es que todo este programa de semanas sólo se ha tratado de ver quiénes éramos los que quedábamos debajo de ellos y en qué orden”.

Cuando el Álbum Blanco cumplió sus 30 años, EMI Capitol publicó una edición especial en compacto remasterizado que calcaba en miniatura digital el diseño y factura del disco semejándolo a la edición original (funda desplegable, mancha de café en la portada y fotografías interiores de cada integrante del grupo incluidas). Con fines de refinamiento, la disquera solicitó que cada copia de la edición fuera numerada. Al día de hoy, nadie sabe a ciencia cierta el valor de las copias que van del 00001 al 00004, pero sí se sabe que las mismas se encuentran distribuidas entre los miembros sobrevivientes y las viudas de los Beatles ausentes y que las primeras cien alcanzan hoy un valor nada desdeñable en el mercado, aunque ningún propietario las haya querido vender.

Con todo, siempre habrá críticas (“es un disco con demasiado material”, “resulta muy largo”, “pudo haber sido un disco sencillo”) y ante ellas no hay más que cerrar los oídos con la sobria objetividad que brinda a cualquiera el saberse fan irredento de la mejor banda del planeta o atender las palabras que Paul McCartney les dedica en Anthology, el documental de gran formato en el que la banda cuenta su propia historia: “No es lo que yo opino, pero en gustos se rompen géneros. Se trata de opiniones. Yo diría que probablemente no (se trata de un disco largo) o no definitivamente. Es grandioso, muy variado: tiene Rocky Racoon, Piggies, Happiness is a warm gun, todo eso. Creo que es un buen álbum. No soy de quienes dicen (que) quizá hay en él demasiadas canciones. Esperen un momento: es fantástico, vendió bien, es el Álbum Blanco de The Beatles, shut up“.

Y sí: shut up. Y que suene la canción del White Album que quieran.

 

@elimonpartido

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