Fractura

Fractura es una lectura absorbente que se sirve del recuento existencial de su protagonista para tratar temas mayores, temas que tienen que ver con la complejidad de la naturaleza humana.

Pero las víctimas ¿siempre se consideran víctimas?

De la novela Fractura (Alfaguara, 2018).

 

Una extraña belleza recorre la narrativa sobre la cual se encuentra construida Fractura, la más reciente novela de Andrés Neuman, el escritor multipremiado que, en medio de los aforismos con que nutrió su espléndido y bien humorado Barbarismos, el entretenido y personalísimo diccionario que publicó en 2014, y las líneas singulares que pueblan sus poemarios (La canción del antílopeTobogánMística abajo, entre otros), vuelve a los terrenos de la obra extensa -extensísima- para contarnos una historia habitada por un tono profunda y humanamente complejo.

El señor Watanabe, nipón de bríos irregulares, sabe de cierto lo que es el horror. Y es que nadie que haya tenido la oportunidad de escuchar una explosión atómica conseguirá nunca borrar aquel momento. El instante que volvió cenizas las construcciones más sólidas y proyecciones de sombras el sitio aquel en que la bomba se estrelló directamente. Para decirlo en términos concretos, Watanabe es uno de los sobrevivientes al estallido de la bomba atómica. De las bombas atómicas. Incapaz de olvidar (¿será que alguien puede olvidarlo?) todo lo que vivió por aquellos días, una clave desconcertante del destino vuelve a colocar a Watanabe enmedio de una explosión de otro tipo, que en este caso es ni más ni menos que el temblor que sacudió el norte y noroeste de Japón en marzo del año 2011, aquel que desencadenó la crisis de la central nuclear de FukushimaAsí, la existencia de Watanabe se mide de punta a punta con base en dos desastres que, tenebrosamente, involucran en su esencia las dos puntas del poderío nuclear: aquel que fue creado para destruir y aquel que queriendo ser creativo termina por destruirlo todo por igual.

Al mismo tiempo que la novela toma como uno de sus leit motiv este par de hechos históricos -esencia de lo que se conoce como desastre en aquel país, otro punto de arranque dentro de la historia, una especie de segundo plano, nos muestra al señor Watanabe, obligado por causa de su trabajo a viajar constantemente, viviendo de forma cotidiana la experiencia de rozar culturas distantes a la de su hogar, como la francesa, la argentina y la estadunidense (específicamente la neoyorquina) y es aquí, bajo ese segundo plano más íntimo y personal, donde la novela de Neuman, la fractura que obsesiona al autor, adquiere su verdadera dimensión.

“Las adelfas (flor oficial de Hiroshima, la primera en brotar tras la bomba atómica, nos informa la historia) son capaces de resistir mucho más dolor que los jardineros que las cultivan”, es una gran línea que integra la escencia de lo que la novela nos cuenta, por debajo de una historia de tragedias y gente que, simplemente, se salva de ellas.

Fractura es, pues, una lectura absorbente que se sirve del recuento existencial de su protagonista para tratar temas mayores, temas que tienen que ver con la complejidad de la naturaleza humana.

 

@elimonpartido

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