Revelaciones

Debajo de todo escándalo se esconde un hálito de silencio. Ahí dentro se halla el verdadero valor, las verdaderas perlas (negras).

No hay mal que por bien no venga.

Anónimo

 

La maravilla de las coyunturas que abre el absurdo es la silenciosa revelación que se trasluce por debajo del escándalo. Esta semana la poesía que ganó lectores fue la de Amado Nervo y por ello, de él aquí van un par de perlas (negras):

¿Ves el sol, apagando su luz pura 
en las ondas del piélago ambarino? 
Así hundió sus fulgores mi ventura 
para no renacer en mi camino. 

Mira la luna: desgarrando el velo 
de las tinieblas, a brillar empieza. 
Así se levantó sobre mi cielo 
el astro funeral de la tristeza. 

¿Ves el faro en la peña carcomida 
que el mar inquieto con su espuma alfombra? 
Así radia la fe sobre mi vida, 
solitaria, purísima, escondida: 
¡como el rostro de un ángel en la sombra!

***

Sol espledente de primavera, 
a cuyo beso, fresca y lozana, 
la flor se yergue, la mariposa 
viola el capullo, la yema estalla; 
sol espledente de primavera: 
¡yo te aborrezco! porque desgarras 
las brumas leves, que me circundan 
como rizado crespón de plata. 

A mí me gustan las tardes grises, 
las melancolías, las heladas, 
en que las rosas tiemblan de frío, 
en que los cierzos gimiendo pasan, 
en que las aves, entre las hojas, 
el pico esconden bajo del ala. 

A mí me gustan esas penumbras 
indefinibles de la enramada, 
a cuyo amparo corren las fuentes, 
surgen los gnomos, las hojas charlan… 
Sol espledente de primavera, 
cede tu gloria, declina, pasa: 
deja las brumas que me rodean 
como rizado crespón de plata. 

Bellas mujeres de ardientes ojos, 
de vivos labios, de tez rosada, 
¡os aborrezco! Vuestros encantos 
ni me seducen ni me arrebatan. 

A mí me gustan las niñas tristes, 
a mí me gustan las niñas pálidas, 
las de apacibles ojos obscuros 
donde perenne misterio irradia; 
las de miradas que me acarician 
bajo el alero de las pestañas… 

Más que las rosas, amo los lirios 
y las gardenias inmaculadas; 
más que claveles de sangre y fuego, 
la sensitiva mi vista encanta… 

Bellas mujeres de ardientes ojos, 
de vivos labios, de tez rosada: 
pasad en ronda vertiginosa; 
vuestros encantos no me arrebatan… 

Himnos vibrantes de las victorias, 
notas triunfales, bélicas marchas, 
¡os aborrezco! porque, al oíros, 
trémulas huyen mis musas blancas. 

A mí me gustan las notas leves… 
las notas leves… las notas lánguidas, 
las que parecen suspiros hondos… 
suspiros hondos de almas que pasan… 

Chopin: delirio por tus nocturnos; 
Beethoven: sueño con tus sonatas; 
Weber: adoro tu Pensamiento; 
Schubert: me arroba tu Serenata. 

¡Oh! Cuántas veces, bajo el imperio 
de vuestra música apasionada, 
Ella me dice: ¿Me quieres mucho? 
y yo respondo: ¡Con toda el alma! 

Himnos vibrantes de las victorias, 
notas triunfales, bélicas marchas: 
¡chit! porque huyen al escucharos, 
trémulas todas, mis musas blancas… 

Sol espledente de primavera, 
lindas mujeres de faz rosada, 
himnos triunfales…; ¡dejadme a solas 
con mis ensueños y mis nostalgias! 

Pálidas brumas que me rodean 
como rizado crespón de plata, 
vagas penumbras, niñas enfermas 
de ojos obscuros y tez de nácar, 
notas dolientes: ¡venid, que os amo! 
¡Venid, que os amo! ¡Tended las alas!

Debajo de todo escándalo se esconde un hálito de silencio. Ahí dentro se halla el verdadero valor, las verdaderas perlas (negras).

Y que viva Amado Nervo, sin más.

 

@elimonpartido

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