50 aniversario de la construcción del Muro (parte 3)


Como decía, el muro no apareció de la noche a la mañana, sino que se fue construyendo poco a poco. Para la década de los ochenta el muro se veía así:

En la zona de la RDA se levantó un muro de cemento de unos cuatro metros de alto y una valla interior con barricadas y alambrada con un cinturón iluminado, llamado “la franja de la muerte”. Las torres de vigilancia eran de cemento, seguidas de las vallas de señal, las zanjas de bloqueo para autos y los anexos para la revisión con perros.

Parte del Muro, hoy, en la Bernauerstraße.

En las entradas de ayer y antier conté cómo y por qué se construyó el Muro de Berlín. Ese Muro estuvo levantado desde un domingo de agosto de 1961 hasta una fría tarde de noviembre de 1989.

Mientras yo escuchaba “Persiana Americana” en mi Walk Man, los jóvenes en Alemania oriental salían cada lunes a manifestarse.

Las entradas que siguen (parte 3 y parte 4) cuentan qué sucedió entre 1989 y 1990.

 La Revolución Alemana de 1989 o Cómo se cayó el Muro

TERCERA PARTE

„No pierdan la confianza ni el coraje. Aunque las tiranías parecen hechas para durar la eternidad, sus días están contados.” Palabras del Vicepresidente Lyndon B. Johnson el 19 de agosto de 1961 en Berlín occidental, 6 días después de que comenzara a levantarse el Muro de Berlín. El 19 de agosto de 1989 el Muro seguía allí y la confianza y el coraje de muchos ya había desaparecido. Entre 1961 y 1989, 5075 personas lograron traspasar el Muro exitosamente.

El 3 de octubre se celebra en Alemania el día de la Reunificación. Es el único día libre por un festejo de carácter civil. Tres son los conceptos básicos que describen los sucesos entre 1989 y 1990: La Caída del Muro (Der Mauerfall) el 9 de noviembre de 1989; el cambio (Die Wende)  que se entiende como el proceso de cambio político, económico y social entre la Caída y la Reunificación; y la Reunificación (Die Wiedervereinigung) que formaliza la integración de la RDA a la RFA, el 3 de octubre de 1990.

 

1. Der Mauerfall (La Caída del Muro)

La Caída del Muro puede ubicarse desde principios de la década de los ochenta. El “imperio soviético” estaba interconectado, y aunque lo que sucediera en Polonia no necesariamente tendría efectos inmediatos en Alemania, sí en el largo plazo debilitaba al régimen dirigido desde Moscú. Las razones por las que el Muro se cayó fueron fallas internas al sistema. El comunismo falló económica y políticamente. Y fueron en los dos ámbitos en donde poco a poco se fueron debilitando, a distinto ritmo y con distinta intensidad, los regímenes de los 6 estados soviéticos y la URSS. En esta nota me enfocaré solamente al caso alemán.


SENTINELS, originally uploaded by phillygdr.

La Caída del Muro no sucedió en una noche como se acostumbra decir. Suena romántico, pero al igual que su construcción, fué producto de una cadena de acontecimientos. Para llegar a su construcción, y a su destrucción, tuvieron que moverse muchas piezas del ajedrez alemán e internacional. Entre el 13 y el 14 de agosto de 1961 se pusieron las primeras barreras entre Berlín oriental y Berlín occidental; entre el 9 y el 10 de noviembre de 1989, los alemanes orientales derrumbaron y brincaron esas barreras, que para finales de la década era ya todo un sistema de contención y muerte.  El Muro de Berlín marcó simbólicamente la separación y la tensión de un mundo confrontado por dos formas de pensar. La guerra fría, la OTAN y el Pacto de Varsovia, la libertad y la igualdad. Durante cuatro décadas los satélites soviéticos intentaron demostrar la capacidad del comunismo de generar prosperidad e igualdad. El problema es que olvidaron un ingrediente básico para la felicidad: la libertad.

Antes de la construcción del Muro, las relaciones entre ambos estados alemanes estaba marcada por la doctrina Hallstein, impulsada por Konrad Adenauer, que proponía no reconocer a la RDA como estado independiente y no tener relaciones con los estados que la reconocieran.  Con la construcción del muro y la enorme tensión internacional de los siguientes meses, el gobierno de la RFA debe rectificar y comienza a aplicar la propuesta apoyada por Willy Brandt y desarrollada por Egon Bahr “Cambio a través del acercamiento”. Para 1966, Brandt funge como Ministro de Exteriores y aplica la llamada política de “pequeños pasos” a través de la cual se buscaba aminorar los efectos terríbles de la división del país. En 1969 Brandt es electo Canciller, su gobierno de coalición logró un acercamiento con la RDA, cuyo gobierno conducido por Erich Honecker exigía el reconocimiento. La base para la “política alemana-alemana” fué el tratado firmado entre ambos estados en 1972. En él ambos estados se reconocen y establecen ciertas reglas de “vecindad y cooperación”. Establecen representaciones permanentes y se determina que son de diferentes puntos de vista respecto de la cuestión nacional y la ciudadanía alemana. Con ello, las relaciones son llevaderas durante poco más de dos décadas, aunque la RDA siguiera tildando de enemiga a la RFA.

Con este acercamiento, la Stasi fortalece su aparato en el extranjero y en 1974 se descubre en el llamado “Guillaume Affair” que un asesor cercano al canciller Brandt era un espía de la RDA. Esto provoca la renuncia del soñador Brandt, quien es sustituído por el pragmático Helmut Schmidt, también apoyado en una coalición entre su partido, el SPD y los liberales del FDP.

Durante la década de los setenta la RDA muestra al mundo la prosperidad económica del “Estado de los obreros y los campesinos”. El mundo maravillado veía cómo el comunismo generaba también un milagro económico, parecido al de la década de los cincuenta en la RFA. Los números mostraban porcentajes de crecimiento y desarrollo. Las medallas en los deportes. Alemania oriental era ejemplo de prosperidad. La realidad es que todo era un aparador. Las ciudades, en las calles no visitadas por turistas, estaban en ruinas. El sistema económico estaba apoyado en cimientos bastante endebles. La RDA no tenía una industria productiva, importaba tecnología de occidente para poder sostener su industria. Su sistema estaba basado en préstamos a la URSS y a occidente. La URSS proporcionaba materia prima y petróleo a precios bajos y controlados, a cambio de los productos alemanes. Durante la primera crisis del petróleo de 1973 la URSS se vió obligada a subir sus precios, después de todo, tenía también un pueblo que mantener. Pero el shock vino con la segunda crisis de finales de los ochenta, la URSS se ve obligada a reducir sus envíos y provoca una deuda masiva para la RDA. El sistema bienestar alemán prometía apoyo del Estado “desde la cuna hasta la tumba”, y si el régimen de Honecker no quería volver a ver las revueltas de 1953, tenía que mantenerlo. La sustitución de garantía de subsistencia por libertad era lo único que mantenía al pueblo de Alemania oriental “tranquilo”, de manera que el régimen optó por inflar la deuda para seguir gastando en el Estado bienestar y claro, en el ejército y la seguridad. La RDA era del Pacto el segundo país que mayor presupuesto destinaba a éstos rubros, cerca del 5.8%, por debajo sólamente de la URSS. Y claro, había que mantener el Muro y a la Stasi. La Stasi, para mediados de los ochenta, tenía un agente por cada 63 habitantes. Comparativamente, durante los más álgidos años del Tercer Reich, se estimaba que había un agente de la Gestapo por cada dos mil. En la frontera se tenían desplegados 933,000 policías y agentes secretos. En la RDA vivían 17 millones. Hasta 1970 el costo del muro fue de 100 millones de marcos orientales. Hasta la fecha no se sabe cuanto costó. Se calcula que para 1983 los costos del Muro podrían haber ascendido a mil millones de marcos.

Para poder mantener este “tren de vida”, el régimen oriental tuvo que apoyarse en, sí, el capitalismo. Además de las deudas por importaciones, la RDA se aprovechaba de la RFA para reparaciones en carreteras, mantenimiento de edificios y lugares históricos, obligaba a los visitantes a un cambio de divisas mínimo diario. Y lo peor, “intercambiaba” prisioneros ideológicos, por altas sumas de dinero. Según las bitácoras de la RFA, el régimen comunista, entre 1964 y 1990, obtuvo 3, 446 millones de marcos alemanes por intercambio, o venta, de prisoneros.  Se habla de 100mil marcos por prisionero o más. También, se aceptaron préstamos, que se calcula, ascendían a los 1 o 2mil millones anuales. Durante el gobierno de Helmut Kohl, se negociaron una serie de créditos, a éstas alturas el gobierno de la RFA prefería que los alemanes orientales pudieran tener una vida más o menos digna, y en la medida en que el gobierno de la RDA dependiera de la RFA sería más fácil negociar la flexibilización del régimen. Kohl autorizó que el entonces Ministro Presidente de Baviera, Joseph Strauss negociara los créditos con Alexander Schalck-Golodkowski, jefe de la empresa Coordinación Comercial (KoKo por sus siglas en alemán). Una empresa capitalista en la RDA, de dudosa legalidad, dedicada a financiar al régimen. La línea de crédito fué de mil millones en 1982 y otros mil en 1983.  A estas alturas la URSS tenía ya suficientes problemas internos y gastos derivados de la guerra en Afganistán, como para ocuparse de sus satélites.

Por el lado político, la firma del “Acta final de la Conferencia sobre la Seguridad y Cooperación en Europa”, conocida como los Acuerdos de Helsinki, en 1975 por parte 38 países, incluyendo el bloque soviético, tuvo como consecuencia la formación de grupos de oposición dentro de la RDA. Los líderes del bloque comunista pensaron que la firma de los Acuerdos era un triunfo para ellos, pues se reconocía su territorios y su soberanía, y destacaba el principio de no intervención. Lo que nunca pensaron es que los Acuerdos tendrían efectos internamente. Y es que dentro de los compromisos de Helsinki, los firmantes se comprometían a respetar los derechos humanos y las libertades fundamentales, la igualdad de derechos y el derecho a la autodeterminación de los pueblos. Gracias a ello, los ciudadanos de la RDA, como los de Polonia, Checoslovaquia, URSS, Hungría, Bulgaria y Rumania, podían exigir a sus regímenes el respeto a su derecho de tránsito, a la libertad de expresión, de reunión, de creencias, de religión. Los Acuerdos de Helsinki provocaron una reacción al interior de la RDA que no se esperaba. Inmediatamente comenzaron a incrementar las solicitudes de visado, el respeto al tratado ante instancias internacionales y extranjeras. Se formaron grupos organizados como Helsinki Watch, que después se transformó en Human Rights Watch o la Carta 77 de Vaclav Havel en Checoslovaquia. El régimen de Honecker reaccionó aumentando las unidades especiales del Stasi, más agentes infiltrados y provocadores que buscaban desanimar a los ciudadanos a exigir el respeto a los Acuerdos. Evidentemente, las iglesias, Protestantes y Católicas de Alemania aprovecharon la situación, se llegó a un concordato: el gobierno toleraría la religión, si las iglesias prometían controlar a sus fieles. Fué de ésta forma como las iglesias se convirtieron en un sitio de protesta, más que de práctica de la fé. La gente se unió, no porque buscara una guía espiritual, sino porque buscaba oponerse al régimen. La elección de Karol Wojtyla en 1978 como Juan Pablo II fué por ello crucial. No sólo para su natal Polonia, donde presionó suave y diplomáticamente, sino para los estados soviéticos en general. Ya no era cuestión de fe, sino de libertad.

En los ochenta las piezas del tablero comenzaron a acomodarse: la situación económica era cada vez más precaria, tanto en la RDA, como en todo el bloque. La dependencia de occidente era cada vez más evidente y se cumplía la profesía de posguerra “el comunismo caerá por su propio peso”. La situación política ya tampoco era controlable, a pesar de que la Stasi pretendía dominarlo todo pues contaba con millones de empleados, y también pagaba los servicios de “espías sociales”, desde el vecino o el amigo, hasta el chofer del autobus o la cajera del supermercado, por ejemplo; pero la docilidad de los ciudadanos se fué perdiendo, la propaganda ya no surtía efectos y la oposición abierta y /o clandestina era cada vez mayor.

En 1981 toma posesión como Presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan y se elige a Francois Miterrand como Presidente francés, en 1982 es electo Canciller de la RFA, Helmut Kohl y desde mayo de 1979 el Reino Unido tenía como Primer Ministra a Margaret Tatcher. El cuarteto más poderoso de la OTAN pertenecía al mismo bloque ideológico. Mientras tanto, en la URSS los líderes no duraban más de 2 años. En 1982 muere Brézhnev, en ‘84 Andrópov y en ‘85 Chernenko. Hasta que en marzo de 1985 se elige como Secretario General del PCUS a Mijaíl Gorbachov, leninista convencido que acaba reformando la URSS.

La llegada de Gorbachov al Kremlin y las reformas impulsadas ayudan a desmantelar el desvencijado aparato comunista. No tenía intenciones de suprimir el comunismo, al contrario, pretendía renovarlo. La Perestroika (reestructuración), la Glasnost (apertura) y la Uskoreniye (aceleración) no eran más que intentos de modernización del sistema. Estas modernizaciones del jóven de Moscú, no cayeron nada en gracia a los viejos de Berlín. Erich Honecker a sus 73 años, estalinista de cepa, no veía con gran simpatía lo que sucedía ni en Moscú, ni en Hungría ni mucho menos a pocos kilómetros de su frontera, en Polonia. Las relaciones entre la RDA y Moscú se tornaron cada vez más frías.

Aún así, la política del Gobierno de Kohl fué suavizando el autoritarismo de la República Democrática. Se removieron los disparadores automáticos y las minas de las fronteras, se comenzaron a permitir viajes y los funerales en Moscú permitieron a Kohl acercarse a Honecker, mostrarle que tenían más en común entre ellos, que entre la RDA y la URSS. Se cuestionó la orden de disparo en las fronteras. En 1987 Honecker realizó una visita a Bonn y en el mismo año, Ronald Reagan pronuncia su conocido discurso en Berlín en el que conmina a Grobachov a abrir el muro. El status quo de Berlín, y en general la división alemana, era ya evidente. Lo importante de esas palabras fueron que Reagan volvió a abrir esa cuestión con su llamado, puso el tema de nuevo sobre la mesa.

“General Secretary Gorbachev, if you seek peace, if you seek prosperity for the Soviet Union and Eastern Europe, if you seek liberalization: Come here to this gate! Mr. Gorbachev, open this gate! Mr. Gorbachev, tear down this wall!

I understand the fear of war and the pain of division that afflict this continent – and I pledge to you my country’s efforts to help overcome these burdens. To be sure, we in the West must resist Soviet expansion. So we must maintain defenses of unassailable strength. Yet we seek peace; so we must strive to reduce arms on both sides.”

Para 1989, faltaba poco para que el castillo de naipes se derrumbara. El régimen de Honecker hizo todo lo que estaba a su alcance para tirarlo. Ese año la RDA celebraba su cuarenta aniversario. En enero Honecker declaró que el Muro estaría unos cincuenta o cien años más. En marzo, en Polonia se sientan en las mesas redondas el Solidaridad de Walesa y el Gobierno, se permite al sindicato participar como partido político en las elecciones de ese verano. En abril, el gobierno levanta la orden de disparar a matar a quienes intentaran cruzar el Muro. El 2 de mayo el gobierno de Hungría desmantela sus fronteras con Austria. El 7 de mayo se convocan a elecciones comunales en la RDA, en Berlín el SED gana con el 98,5% de los votos. La gente está furiosa, ya no soporta los timos y ninguneos del Estado, ello provoca los “lunes de rezo” que se organizan desde la Nikolai Kirche en Leipzig, comienzan con 2mil personas, para otoño, salen a las calles y llegan al medio millón. El 4 de junio sucede la masacre de Tian’anmen, el mismo día en Polonia, el partido de Walesa, gana muy altos porcentajes. Ese mismo mes, Gorbachov visita Alemania occidental, lo que es visto con cierta reticencia en la RDA, renuncia a la doctrina Brezhnev o de obligación de intervenir en caso de insurrección en los satélites soviéticos. En julio, ciudadanos de la RDA comienzan a migrar a Hungría y acaban, sorpresivamente, en Austria. En agosto se llevan a cabo en Hungría los días de campo paneuropeos con los que miles de alemanes logran huír a Austria. En septiembre se instala en Polonia el primer gobierno no comunista de posguerra. Durante el verano miles de alemanes comenzaron a invadir las embajadas de la RFA en Hungría, Checoslovaquia y Polonia pidiendo asilo. Los jardines estaban llenos de campamentos de refugiados.

Para el 30 de septiembre el Ministro de Exteriores, Hans-Dietrich Genscher avisó en la embajada de Praga a los más de 4mil refugiados, que podían salir de allí. A pesar de que Erich Mielke, jefe de la Stasi, había desarrollado un plan para contenerlo, para el 2 de octubre se reunieron en Leizpig más de 10mil personas. El 3 el gobierno suspendió las visas para salir de la RDA a Checoslovaquia. Aún así, Honecker tenía lista su fiesta del 40 aniversario de la República Democrática Alemana, jóvenes y niños de todos los rincones, miembros de la Juventud Libre Alemana (FDJ en alemán) arrivaron a Berlín para el desfile. Honecker no supo si sonreir o llorar cuando la gente recibió al Secretario General del PCUS con cantos “¡Gorbi, Gorbi, sálvanos!” El 9 de octubre la manifestación de lunes en Lepzig llegó a los 70 mil. Los hombres del SED (partido socialista unificado de Alemania) estaban preocupados. Honecker no podía sostener más el régimen, decidieron que era hora de removerlo. Egon Grenz, miembro del comité central del partido, se alió con otros, y el 18 de octubre obligaron a dimitir a Honecker. Grenz fué el último Secretario General del SED y jefe de Estado de la RDA.

Para el 23 de octubre las marchas de lunes en Leipzig agrupaban ya a unos 300mil, aunado a ellas, crecía la oposición organizada. Grupos que querían formar partidos políticos al estilo del Solidarnosc polaco para competir en elecciones abiertas. Entre ellos Neue Forum que se convirtió después en Bündnis 90 y que hoy forma parte del partido Verde alemán. Krenz recibió un reporte sobre la crítica situación económica: la RDA estaba en bancarrota y los plazos para los pagos con la RFA ya estaban vencidos. Para el 1 de noviembre, Krenz revocó la prohibición de viajes al este, lo que provocó de nuevo el éxodo de muchos alemanes. El 4 de noviembre se realizó una enorme manifestación en Berlín oriental. La gente pedía elecciones y el SED no sabía qué hacer. Comenzaron a caer las renuncias sobre las mesas del partido. El partido comenzó a enviar mensajes incoherentes. La Stasi comenzó a desaparecer fichas. El 6 de noviembre Leizpig vió 500mil personas marchando y gritando consignas de todo tipo, que podían englobarse en “queremos libertad”. El Politburó emitió una resolución el día 9 de noviembre. Se darían visas a todos para permitir la salida a Checoslovaquia, se decidió llamarla “permisos inmediatos de salida permanente”. Se reunió el comité y se convocó a una rueda de prensa a las 6 de la tarde, en la que Günter Schabowski, vocero del comité, daría los avisos como lo hacía usualmente. La leyenda cuenta que todo se trató de una confusión, Schabowski leyó el aviso sobre las nuevas reglas de viaje, sin darse cuenta que sus palabras implicaban la apertura de fronteras. Un periodista preguntó, “¿a partir de cuándo se darán los permisos de salida permanente?”, Schabowsky cansado, miró su papel y respondió: “ a partir de ahora”.


La Caída del Muro de Berlín, es el concepto pop más usual y usado por todos para referirse al proceso de cambio y fin de la división alemana y de la Guerra Fría. El cambio o Die Wende es un concepto cultural nacional, en Alemania la gente no habla de “la caída del Muro” sino de “el cambio”, el punto histórico de referencia es “el cambio”. El tercer concepto, la Reunificación, es el concepto técnico que explica la formalización de la integración de la RDA a la RFA y que connota la integración económica, jurídico-política de un país a otro.


Video con subtítulos en inglés que cuenta la historia en el cruce de la Bornholmer Straße el 9 de noviembre de 1989 después de la conferencia de prensa de Schabowksi. Nadie sabía qué hacer…

 

2. Die Wende (El Cambio)

Se llama “el cambio” al periodo entre las elecciones simuladas del 7 de mayo de 1989 y la primera elección libre de la RDA el 18 de marzo de 1990. El concepto de “Die Wende” abarca los acontecimientos que durante los últimos años de la década de los ochenta, llevaron a la caída del Muro de Berlín y a la terminación del régimen autoritario en la RDA. El día 9 de noviembre de 1989 se anunció en una conferencia de prensa la modificación a los permisos de salida de los ciudadanos alemanes orientales. La noticia leída por el vocero Günter Schabowski, fue inmediatamente transmitida en los noticieros tanto de la RDA como de la RFA y por las agencias de noticias internacionales. A las pocas horas se reunieron cientos de personas en los puntos de cruce como el Checkpoint Charlie. Allí comenzaron a exigir los alemanes, todos, de uno y otro lado, la libertad para el cruce de la frontera sellada por el Muro. Los policías fronterizos (GrePos) al no tener órdenes precisas pemitieron la salida, comenzaron por sellar los documentos de los alemanes orientales retirándoles la nacionalidad, pero al ver que las olas de ciudadanos que querían cruzar „al otro lado“ era incontrolable, abrieron las puertas. Alemanes de uno y otro lado cruzaron, la noche y los días que siguieron se convirtieron en una fiesta. Muchos decidieron derribar pedazos de la pared contra la que durante 28 años chocaron los sueños de 16 millones de personas. Los alemanes de la RFA dieron la bienvenida a sus hermanos orientales con plátanos y otros productos que escaseaban o de plano no existían en la RDA. Las filas de „Trabis“ cruzando las fronteras eran interminables. El gobierno de la RFA, en ese entonces dirigido por Helmut Kohl, optó por regalar un dinero de bienvenida a los hermanos orientales (Begrussungsgeld). „Si el DM (marco alemán) no viene a nosotros“, decían, „nosotros iremos a él.“ Entre el 9 de noviembre de 1989 y el 18 de marzo de 1990 la situación era un tanto incierta. Hubo alemanes de la RDA que prefirieron esperar a que les fuera oficialmente permitida la salida, pues temían un regreso del régimen y un nuevo cierre de fronteras, lo que les impediría volver a ver a familiares que se quedarían de ese lado. Otros de plano aprovecharon la confusión y dejaron la RDA para establecerse en la RFA. La salida de las familias de la Alemania oriental era canalizada a través de campamentos localizados cerca de las fronteras. Allí se cambiaban los documentos, se daba techo y comida a los refugiados y se les reubicaba dentro del territorio de la Alemania occidental. Era un nuevo comienzo. Las profesiones y estudios de los alemanes del este eran dificilmente revalidados, algunas carreras de la RDA no existían en la RFA o peor, eran totalmente obsoletas. Los estudios básicos tenían que ser revisados, revalidados y en ocasiones, recursados. Las escuelas recibían alumnos que debían ser puestos al corriente, sobre todo en materias como el inglés y las relacionadas con educación para la ciudadanía.

La integración de los alemanes orientales en Alemania occidental no es hoy un hecho consumado, puede escucharse todavía la referencia –y la diferencia– entre „ossies“ (orientales) y „wessies“ (occidentales). Los principales reclamos de los ossies, son que los wessies son muy arrogantes, frívolos y egoístas, mientras que los wessies reclaman que los ossies no son competitivos, son quejumbrosos y les gusta depender del Gobierno. El individualismo y el espíritu competitivo –y egoísta, propio del capitalismo se revela, muchas veces, de forma negativa ante quienes venían acostumbrados a la solidaridad y el compañerismo.

Las diferencias históricas, sociales y culturales se hacen patentes en una multitud de formas que van desde las caricaturas hasta las relaciones familiares. Los niños de la RDA crecieron con el Sandmännchen, con la Jugendweihe o la iniciación de la juventud de la FDJ, viajaron en „Trabis“ o „Laras“ al Mar Báltico a las playas nudistas de la FKK, comían pepinos agrios Spreewaldgurken y fueron educados para ver a Occidente como „el enemigo“. Los niños de la RFA leían historietas de Asterix y Obelix, admiraban a los Dallas Cowboys, comían döners y plátanos, paseaban en autos Volkswagen y viajaban en avión a Mallorca. Pero todos admiraban a McGyver, unos libremente, otros, clandestinamente.

„El cambio“ en Alemania no ha concluído. La tercera economía del mundo vive, a 20 años de distancia, profundas diferencias entre este y oeste. Si uno visita ciudades o partes no turísticas de ciudades en la ex-RDA puede uno encontrarse todavía multifamiliares, viviendas en ruinas, iglesias y otros edificios derruídos, fábricas abandonadas, caminos rotos; una población vieja, jóvenes sin futuro, falta de esperanza y oportunidades. No es casual que el trabajo y los servicios con mayor auge en el territorio que ocupara la RDA sea el relacionado con la salud y el cuidado de ancianos. Los jóvenes que viven allá no tienen oportunidades, por lo que o emigran a occidente o son esponjas para ideologías radicales de derecha o de izquierda. Alemania no es un país xenófobo, lo digo como extranjera que allí vive; sin embargo, en los Parlamentos de Turingia y de Sajonia estuvieron representados los nacionalistas del NPD, quienes, por fortuna, sufrieron claras derrotas en las últimas elecciones. El pasado 27 de septiembre, el partido de izquierda, Die Linke, conformado por disidentes de la Socialdemocracia y remanentes del SED de la RDA, obtuvo altísimos porcentajes en la región oriental de Alemania. Los movimientos hacia ambos extremos no son más que reacciones ante una situación económica que no presenta perspectivas alentadoras a los jóvenes.

A propósito de los 60 años de la Ley Fundamental el pasado 23 de mayo, algunos intelectuales y políticos comentaron que la integración de la RDA a la RFA fué quizá demasiado rápida. La diferencia económica entre ambas alemanias a principios de la década de los noventa era abismal, ello impidió la posibilidad de que las ciudades de la ex-RDA pudieran competir con las demás ciudades alemanas. La prosperidad económica de la RDA no era más que una simulación propagandística. Alemania oriental, al igual que los demás satélites soviéticos, dependían económicamente, primero de la URSS y en sus últimos años, de las relaciones comerciales con Occidente y estaban totalmente endeudadas. Para 1989 la RDA estaba en bancarrota, por ello, el esfuerzo para integrarse a la RFA fué enorme y en algunos casos la competencia acabó por liquidar a las empresas, los trabajadores y los profesionistas. El ritmo de crecimiento de las ciudades ubicadas en la ex-RDA debió de haber sido el mismo que el de Polonia, República Checa, Hungría, Bulgaria o Rumania, sin embargo recibieron inmediatamente la presión de occidente y del hecho de que desde octubre de 1990, formaban ya parte de la Unión Europea, y de Alemania, la Alemania económicamente próspera y fuerte. Aunque se estableció un impuesto destinado a la ayuda de los nuevos estados que mediante el proceso de reunificación se integraron a la RFA (sobre ello la nota del sábado próximo), a diferencia de los demás países de la Europa central y del este que tuvieron un periodo de unos10 a15 años para emparejarse con occidente, la RDA comenzó inmediatamente a introducir la economía de mercado, las reglas del Estado de Derecho y la democracia (los llamados criterios de Copenhage).

Los ciudadanos de la RDA se integraron relativamente fácil a una cultura política democrática y constitucional, sin embargo, la crisis económica y laboral se manifiesta hoy como la gran desilusión democrática. Algunas personas, y en algunos lugares, „añoran los viejos tiempos en que no había que preocuparse por subsistir“, después de todo el régimen comunista garantizaba un mínimo „de la cuna a la tumba“. Aún así es posible decir que en Alemania la generalidad se siente afortunada: el 74% de los alemanes que viven en la región oriental se siente orgulloso de su sistema de libertades y de su Estado de Derecho, mientras que el 65% se siente orgulloso de su Ley Fundamental. En cambio, en la región occidental, los porcentajes son un tanto más altos: el 88% se siente orgulloso del sistema y el 77% de su Constitución.

„Die Wende“, el cambio, es un proceso que lleva ya 20 años, pero que no puede considerarse como acabado. Para que Alemania deje de realizar encuestas dividiendo entre Alemania oriental y occidental, para que los compañeros del trabajo o de la universidad dejen de catalogarse como ossies o wessies y para que los jóvenes tengan las mismas oportunidades desde Jena hasta Darmstadt y desde Rostock hasta Füssen, falta todavía el esfuerzo de algunas generaciones. Las universidades de hoy están llenas de jóvenes que en su mayoría no les tocó vivir esa división: el Muro de Berlín, la RDA, el comunismo, la URSS y los „ossies“ son parte de los libros de historia. Quizá será a ellos a quienes les toque reunificar a Alemania, verdadera y completamente.

 

La Reunificación o Die Wiedervereinigung, es el concepto técnico que explica la formalización de la integración de la RDA a la RFA y que connota la integración económica, jurídico-política de un país a otro.  Después de la Caída del Muro (9 de noviembre de 1989),  los alemanes comenzaron a hablar de El Cambio, mientras que los políticos procuraron hablar de la Unidad Alemana (Deutsche Einheit) tal y como apareció en el Tratado que formaliza la integración de la RDA a la RFA. De hecho, el día 3 de octubre se celebra el día de la Unidad Alemana y no de la Reunificación. Sin embargo, habría que aclarar que en la gran mayoría de textos se habla de Reunificación, como proceso y de Unidad, como estado de cosas. Podríamos decir que la Reunificación comenzó el día 10 de noviembre de 1989 y se consolidó el día 3 de octubre de 1990, fecha en que la RDA oficialmente desapareció y se integró a la RFA vía el artículo 23 de la Ley Fundamental de Bonn.

 

„ No fuimos lo suficientemente fuertes como para plantearnos la tarea

de la Unidad. Agradecemos a las personas de la RDA.“

Egon Bahr (asesor de Willy Brandt en cuestiones de política exterior)

Olviden la grandiosidad á la gringa, lo importante es la historia que Brokow cuenta. Los líderes no fueron los protagonistas, sino el pueblo.


Video producido por la Deutsche Welle en cooperación con el Centro Alemán de Información da cuenta de los eventos sucedidos entre 1989 y 1990-(en inglés)

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