Sujetos de consideración moral en la CDMX

El reconocimiento de los animales no humanos como seres sintientes, incluido en un contrato social como lo es la Constitución Política de la Ciudad de México, implica abandonar las viejas tesis que en su momento cosificaron a los animales

Por: Rebeca Pérez y Ricardo Noguera

El Artículo 13 inciso B de la nueva Constitución para la Ciudad de México se refiere explícitamente a la Protección Animal. Lo anterior representa un gran logro en el terreno de nuestro avance en el respeto de los animales no humanos, en primer lugar, porque se encuentra dentro del Título de la Carta de Derechos, y en segundo lugar, porque reconoce a todos los animales como “sujetos de consideración moral”, es decir, individuos que tienen derechos. No lograr este triunfo hubiera significado poner en riesgo lo conquistado en la Ley de Protección a los Animales y en el Código Penal, ambos de la Ciudad de México, pues abriría la puerta a un serio retroceso al momento de armonizar las leyes secundarias.

Desde luego no es el único ni el primer documento legal sobre la protección de los animales, existen diversos y variados escritos nacionales e internacionales, individuales y colectivos sobre el tema, como los principios de la OIE sobre bienestar animal, también conocidas como “las cinco libertades”, que se publicaron en 1965; la enorme lista de leyes sobre bienestar animal de la comunidad europea; la Ley de Protección a los Animales del DF, modificada por última vez en el 2014, que tendrá que armonizarse con la reciente creada Constitución de la Ciudad de México; las actuales modificaciones a los Códigos Civil y Penal de Colombia, en donde, aunque los animales ya no se siguen considerando bienes inmuebles, como en la mayor parte del mundo, se menciona que son seres sintientes que merecen un buen trato, o el reciente cambio del estatuto jurídico de los animales en el Código Civil de Portugal, que pasaron de ser considerados cosas en propiedad a seres sintientes, estableciendo la nueva figura jurídica de “Animales”, es decir, se les reconoce como seres dotados de sensibilidad y objeto de relaciones jurídicas.

Considerando lo anterior, podemos decir que la Constitución de la Ciudad de México es la más avanzada en el mundo sobre el tema, ya que innova el concepto de “sujetos de consideración moral”, creado por el Lic. Victor Hirales, director de la AC Derechos sin Fronteras. Este concepto implica que los animales no humanos son sujetos de derecho con quienes tenemos obligaciones jurídicas y les da una novedosa figura jurídica, que en Bioética sería la noción de “Pacientes Morales”, de acuerdo a la teoría del filósofo Tom Regan; es decir, son sujetos que tienen derechos mas no pueden contraer obligaciones. Esta distinción no hubiera sido posible si se hubieran incluido explícitamente como “sujetos de derecho”, ya que, de acuerdo a la Teoría del Derecho de Luigi Ferrajoli, sólo pueden ser sujetos de derecho aquellos individuos que también pueden contraer obligaciones. Además, este nuevo estatuto jurídico les otorga “personalidad jurídica”, es decir, podrán ejercer sus derechos, pero a través de un representante, de la misma forma en cómo se lleva a cabo en asuntos jurídicos que conciernen a menores de edad o personas con autonomía disminuida.

El reconocimiento de los animales no humanos como seres sintientes, incluido en un contrato social como lo es la Constitución Política de la Ciudad de México, implica abandonar las viejas tesis que en su momento cosificaron a los animales y, con construcciones teóricas insostenibles tanto entonces como ahora, los redujeron a cosas insensibles e inertes destinadas para uso y beneficio humano.

El Artículo 13 inciso B, textualmente dice:

Esta Constitución reconoce a los animales como seres sintientes y, por lo tanto, deben recibir trato digno. En la Ciudad de México toda persona tiene un deber ético y obligación jurídica de respetar la vida y la integridad de los animales; estos por naturaleza son sujetos de consideración moral. Su tutela es de responsabilidad común”. P. 23.

Desde luego, falta aún un largo camino para construir acciones concretas que vayan encaminadas al beneficio de los animales no humanos, pero este gran logro en la Constitución de la Ciudad de México, que significa en el fondo una extensión de nuestras consideraciones bioéticas, es un primer paso que servirá de columna vertebral de futuros reglamentos y leyes que generarán con toda seguridad duros y complicados debates.

 

@bioeticaunam

 

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