Reflexiones a propósito del aniversario del PNUMA

Es importante celebrar el aniversario de la creación de un organismo que se dedica a tomar acciones sobre el cuidado y la preservación de nuestro medio.

Por: Michel Zapata

El pasado 15 de diciembre se cumplieron 45 años de la creación del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la conservación de este último es cada vez más urgente. Como Funtowicz y Ravetz señalan, “la tarea colectiva más grande que enfrenta la humanidad concierne a los problemas de riesgo ambiental global […]” (2000: 23). Fue en 1972 cuando se reconoció la necesidad de trabajar en conjunto para  alentar la participación de los ciudadanos, los gobiernos y los grupos de científicos y tecnólogos en el cuidado del medio ambiente y la promoción de desarrollo sostenible.

Es importante celebrar el aniversario de la creación de un organismo que se dedica a tomar acciones sobre el cuidado y la preservación de nuestro medio. Al ser un programa de alcance internacional, su intención es ayudar a resolver los problemas que los países no pueden enfrentar solos, así como llegar a acuerdos internacionales en beneficio del medio ambiente y, en consecuencia, de la humanidad.

En este sentido, los grupos políticos y de expertos en temas relacionados con el daño medioambiental tienen una gran responsabilidad, pues su labor es fomentar la colaboración en investigación internacional y el fortalecimiento de la relación de los ámbitos político y científico. Sin embargo, las personas, independientemente de nuestras adscripciones culturales, políticas o ideológicas, deberíamos repensar la relación que hemos establecido con la naturaleza, y de hecho, sabernos parte de ella.

Es apremiante tomar conciencia de nuestras formas de vida y de cómo nuestros hábitos impactan a otros seres vivos con los que compartimos el planeta, e incluso a la vida propia. Reflexionar sobre el entorno y nuestro actuar permitirá comprometernos con el cuidado del medio ambiente, así como participar de manera informada en la toma decisiones y políticas públicas destinadas a dicho fin. Es vital que las personas nos apropiemos de los problemas que afectan al planeta, de lo contrario los acuerdos políticos locales e internacionales no tendrán el resultado deseado.

Las acciones que realizamos a diario, incluso las más básicas, como alimentarnos, vestirnos o transportarnos, generan consecuencias negativas a los seres vivos. Dichas consecuencias son distintas e impactan en diferentes niveles, ya lo decía Ulrich Beck: la sociedad se ha transformado y ahora es repartidora de riesgos, uno de los cuales es la destrucción ecológica. Si bien los riesgos afectan a todos, la repartición de éstos se da de manera desigual repercutiendo con mayor magnitud a las capas más bajas de ingresos y de educación. De esta manera, la desigualdad se ve reflejada, sobre todo en la desigual capacidad de enfrentarse a ellos, lo cual no significa que ningún ser viviente esté exento de dichas consecuencias no deseadas.

La problemática ambiental es muy compleja y tiene graves alcances para las generaciones presentes y futuras. Realizar acciones reflexionadas en nuestro día a día, así como permanecer al tanto de los acuerdos políticos y de los resultados de investigaciones científicas, hará posible un futuro mejor para los seres humanos, para los animales no humanos y para la naturaleza en general. El correcto funcionamiento de la vida sólo es posible si todos nos mantenemos a salvo, asimismo nos corresponde alzar la voz por aquellos que no lo pueden hacer, es decir, los otros seres vivos.

Ahora bien, el PNUMA se encarga de resolver los problemas ecológicos, lo cual es un acierto porque no es posible dejarlos de lado, pero ¿no sería mejor empezar a tomar decisiones así como emprender acciones en nuestra vida diaria que nos ayuden a aminorar los impactos medioambientales a nivel global? De igual manera, debemos valorar a las otras formas de vida, además de la humana, así como considerarnos parte integral de la naturaleza. El destino de las especies, los seres humanos y el medio ambiente está en juego, es imprescindible hacernos responsables como ciudadanos, científicos, gobernantes, en fin, como habitantes del planeta.

Finalmente, el trabajo en beneficio de nuestro medio ambiente no se puede aplazar y debería ser colectivo, pues “no existe ninguna tradición cultural […] que pueda prever por sí sola todas las respuestas que exigen los problemas del planeta.” (Funtowicz y Ravetz, 2000:24). Cada quien, desde nuestra trinchera, tenemos la posibilidad de incidir para lograr el bienestar de los seres humanos, de los otros seres vivientes.

 

* Michel Zapata es egresada de la Licenciatura en Desarrollo y Gestión Interculturales, con preespecialización en Ciencia, Tecnología y Sociedad.

 

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

 

Referencias

Beck, Ulrich. (1998). La sociedad del riesgo. (1 ra. ed,) Barcelona: Paidós.

Funtowicz, Silvio y Ravetz, Jerome. (2000). La ciencia posnormal: ciencia con la gente (1ra. ed.). Barcelona: Icaria

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