Ética y biotecnologías: responsabilidad y justicia

El ser humano, en tanto agente moral, tiene la obligación de responsabilizarse por lo que su afán de dominio tecno-científico ha provocado en su relación utilitaria con el mundo, no sólo con los de su especie, sino también con flora, fauna y ecosistemas en su totalidad.

Por: Tania Hernández (@nimal_bioetico) y Michel Zapata (@mich_zm)

La exitosa clonación de dos monos en la Academia China de Ciencias de Shanghái sigue siendo noticia a nivel mundial. Muchos, maravillados por el sorprendente avance científico-tecnológico que la noticia representa, aplaudieron la hazaña; otros, antes que ovacionar a los científicos, decidieron evidenciar el problema ético que esa acción representa. En términos de avance tecno-científico, quienes sólo miran la parte positiva que significa la clonación de animales tan emparentados genéticamente con los humanos, dirán que todas las críticas de corte ético al respecto provienen de “quienes están en contra del progreso científico”, pero esto no es así.

A sabiendas del desarrollo imparable de la ciencia, resultaría absurdo querer luchar contra ello. En realidad, quienes desde un horizonte ético pretendemos señalar los posibles puntos vulnerables del desarrollo de nuevas biotecnologías (aplicaciones tecnológicas que utilizan sistemas biológicos y organismos vivos para creación o modificación de productos o procesos para usos específicos), más que cuestionar el progreso de éstas per se, pugnamos por el uso que se les da. Plantear dilemas éticos en torno a la utilización del conocimiento científico para el desarrollo de las biotecnologías es necesario puesto que, si bien hasta hace algunos años se creía que tal progreso tenía un carácter moralmente neutro y no valorativo, ahora sabemos que “el conocimiento tiene repercusiones y responsabilidades éticas ineludibles.”[1]

Desde un panorama ético-filosófico resulta indispensable la reflexión crítica y multidisciplinaria acerca de los fines e intereses con los que se realizan y/o utilizan las biotecnologías. Los distintos tipos necesitan ser orientados por principios que ayuden a evaluar los impactos favorables y desfavorables del uso, a veces desmedido, de herramientas biotecnológicas. Tales principios deberían ser planteados desde éticas no-antropocéntricas que amplíen el resultado del modelo de evaluación no sólo en el impacto para los humanos, sino también en las repercusiones que los progresos biotecnológicos generan en el resto de las especies con quienes compartimos el planeta. Hacer uso de tales éticas es necesario puesto que el humano, en tanto agente moral, tiene la obligación de responsabilizarse por lo que su afán de dominio tecno-científico ha provocado en su relación utilitaria con el mundo, no sólo con los de su especie, sino también con flora, fauna, ecosistemas en su totalidad, etcétera.

Cuestionar y reflexionar, desde una perspectiva ética, los fines del desarrollo biotecnológico, involucra tener claro, por un lado, que no todo es justificable, y por el otro, que los recursos biotecnológicos deben tener límites en su uso pragmático-instrumental. De acuerdo con Ricardo Páez hay cuatro principios centrales para la reflexión ética de las biotecnologías[2]: responsabilidad, precaución, autonomía y justicia. Por una parte, el objetivo del principio de responsabilidad es proteger a todo aquello (seres vivos en general −humanos y no-humanos−, ecosistemas, y la naturaleza en su conjunto) que pueda ser afectado por las actividades tecnológicas. Por su parte, el principio de precaución sostiene que toda acción científico-tecnológica debería ser suspendida si ésta genera algún daño incalculable o inaceptable para el medio ambiente o para la sociedad. Asimismo, el de autonomía refiere que cada acción tecnológica debe ser aprobada, de manera informada, por las personas que puedan ser afectadas o beneficiadas por dichos progresos. Finalmente, el principio de justicia atañe a los principios de no maleficencia y beneficencia; es decir, implica por un lado no hacer daño, pero también el deber de hacer el bien por el otro.

Si bien las biotecnologías han proporcionado beneficios invaluables a la humanidad, todos los usos negativos que también se han hecho con ellas deben comenzar a cuestionarse. Siguiendo los principios propuestos por Páez, y a manera de conclusión, queremos plantear algunas preguntas que bien podrían servir para iniciar un cuestionamiento ético al uso y desarrollo de biotecnologías: ¿Es justo privilegiar el desarrollo biotecnológico por encima de los daños que éstos puedan causar a terceros directa o indirectamente? ¿De qué manera debe protegerse a los seres vivos y medioambiente afectados por las biotecnologías? ¿Quiénes deberían brindar dicha protección? A sabiendas de que gran parte de la actividad biotecnológica ha beneficiado sólo a unos cuántos (humanos, por ejemplo) y ha afectado a otros de manera grave (seres vivos no-humanos y ecosistemas) ¿lo ético no sería entonces usar las biotecnologías para el bien del mundo en general y no sólo de los humanos?

Resta decir que responder o formular preguntas que cuestionen el avance tecno-científico es necesario dado que vivimos en un mundo cada vez más explotado, no sólo en nombre del progreso de la ciencia, sino en nombre de la humanidad: esa “humanidad” que ha devorado cuanto ha podido al no ser capaz de ver a su alrededor más que recursos explotables.

 

* Tania Hernández y Michel Zapata son estudiantes de las licenciaturas en Filosofía y Gestiones Interculturales de la UNAM, respectivamente.

 

@bioeticaunam

Referencias: 

[1] González Valenzuela, J. (2013). Perspectivas de bioética. México: FCE. P. 12.

[2] González Valenzuela, J. (2013). Diálogos de bioética. México: FCE. Pp. 389-401

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