CDMX, ante el mismo escenario de Ciudad del Cabo

Aunque el llamado “día cero” tendría su origen en Sudáfrica, la CDMX también atraviesa una crisis de agua no muy distinta a la de Ciudad del Cabo. La escasez del vital líquido en la capital ha sido provocada por el cambio climático y la sobrepoblación.

Por: Fabiola Villela y Rocío Muciño

Los primeros días de este año trajeron consigo una noticia sin precedentes: Ciudad del Cabo en Sudáfrica podría ser la primera urbe que llegue al fatídico “día cero”; es decir, esta sería la primera vez en la historia de la Tierra en que una parte de ella podría quedarse sin agua.

Así, el escenario actual es muy crítico para los más de 4 millones de habitantes de aquella región sudafricana ya que las autoridades, poco a poco, cortaran el suministro no esencial de agua en hospitales y otras infraestructuras, y establecerán 200 puntos colectivos de abastecimiento donde sólo entregaran a cada persona 25 litros cada día.

Si bien este fenómeno se puede atribuir a un sinfín de situaciones: falta de lluvia, aridez natural de la zona, cambio climático, mala administración del vital líquido, poca inversión en infraestructura y contaminación, entre muchos otros factores, lo cierto es que el punto es que todos ellos tienen en común un factor determinante: el ser humano.

Pero ¿por qué debería preocuparnos que una región tan lejana a nosotros se quede sin agua? Pues porque los científicos afirman que la excesiva sequía, el déficit de lluvia, la baja acumulación de precipitación, así como la disminución de la temperatura del océano son factores que también vemos en la República Mexicana; si bien no los observamos de manera drástica, lo que sí es verdad es que cada vez es más común ver las presas al mínimo de su capacidad, ver la sequía y la poca lluvia que aqueja durante muchos meses a los estados del norte e incluso como ha disminuido la temperatura en nuestros mares.

Aunque por precepto constitucional en México (Artículo 4, párrafo sexto) “[…] se tiene derecho al acceso, disposición y saneamiento de agua para consumo personal y doméstico en forma suficiente, salubre, aceptable y asequible […]”, el derecho al agua no puede garantizarse únicamente por un aparato legal, se debe contar con factores climáticos, biológicos y geográficos que permitan mantener el recurso hídrico disponible y también con un entramado social, político y económico que permita mantener una infraestructura funcional de la cual todos los habitantes nos veamos beneficiados en igualdad de este derecho.

El acceso al agua potable es un fenómeno que abreva factores naturales, políticos y sociales, los cuales no pueden verse ni tratarse de forma independiente, son inseparables, y por ello buscar una solución implica abordar el problema desde una perspectiva multidisciplinar.

Explicar la escasez de agua en la Ciudad de México implica contemplar el cambio climático, la sobrepoblación, la contaminación del agua y la pérdida de mantos freáticosde forma conjunta. El incremento poblacional de la zona conurbada provoca seguir extendiéndonos hacia zonas aledañas, donde las comunidades se asientan en terrenos que previamente permitían la colecta y filtración de agua,afectando con esto los ecosistemas circundantes a la Ciudad de México y la disminución del nivel por el que discurre el agua al subsuelo.

La escasez del agua, las altas temperaturas y la alta demanda ha obligado a las autoridades a perforar de manera sistemática, debilitando los antiguos lechos de arcilla de los lagos, lo que ha causado que la urbe se derrumbe cada vez más. Se sigue perforando el suelo en busca de agua en los mantos freáticos, sin entender que el grave hundimiento que está sufriendo trae consigo una crisis que provoca afectaciones en la estructura del suelo y con ella en las tuberías y en las demás infraestructuras que permiten llevar agua potable a las casas de los habitantes de esta gran urbe. Por ejemplo, de acuerdo con Michael Kimmelman, en Iztapalapa, la vida de las personas, y en particular de las mujeres, gira en torno a este preciado líquido. Colectar, pagar y acarrear el agua es tarea de todos los días, mientras que al oriente de la ciudad la situación es completamente distinta, el abasto y el consumo son mayores, mientras que el pago por el servicio es menor. Esto tiene que ver con la orografía del Valle, sí, pero el pago por el servicio, el acceso a las pipas y el despilfarro de agua es una cuestión de justicia social.

Otro ejemplo, el calentamiento global no sólo ha modificado la dirección de los vientos hacia el polo sur, lo que, aseguran los especialistas, favorece el cambio de temperatura en los océanos sino que también provoca, por un lado, lluvias más fuertes e intensas y, por el otro, periodos de sequía cada vez más prolongados y severos. Esto genera que en la Ciudad de México se generen inundaciones en temporadas de lluvias y escases de agua en etapas de sequía; sin embargo, la metrópoli no está preparada para enfrentar este último. Sobra decir que en caso de sequía, serán las personas que actualmente habitan en zonas donde el suministro de agua es ineficiente las más afectadas, pues esto ya es así. Frente a un escenario aún más drástico, las diferencias sólo se acentuarán.

Así, la capital vive en constante vulnerabilidad ante el medio ambiente, el asunto que habrá que resolver, de manera inmediata, es cómo responderemos a ello y no sólo se trata de medidas políticas, económicas y ecológicas, se trata de un asunto social ya que se sabe que el clima extremo y la escasez de agua aceleran la represión y los conflictos regionales y la violencia. A estos factores se añade la nula o poca conciencia que tenemos al utilizar el vital líquido, y no es objeto de este texto señalar lo que vemos todos los días en lo largo y ancho del territorio nacional.

Ciudad del Cabo no llegó al punto crítico actual de la noche a la mañana, previamente, se implementaron medidas para ahorrar el consumo por persona y posteriormente se inició una racionalización del abasto; sin embargo, estas acciones no lograron el objetivo clave: concientizar a sus habitantes del grave problema que, poco a poco, se presentóante ellos.

En el caso de la Ciudad de México ya se han implementado medidas para reducir el consumo y ya tenemos recortes al suministro en periodos vacacionales (como semana santa). ¿Vamos en el mismo camino que Ciudad del Cabo? Quizá podríamos hacer la diferencia si trabajamos en lo que ellos no hicieron: en generar conciencia entre los habitantes de esta megalópolis; probablemente, sea el momento de retomar aquel viejo refrán que dice: “Cuando vea las barbas de su vecino cortar, ponga las suyas a remojar”.

 

* Fabiola Villela es Secretaria Técnica y encargada de Educación Continua del Programa Universitario de Bioética. Rocío Muciño es responsable de Gestión y Edición de Publicaciones del mismo programa.

 

 

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