Miztli y la cosificación de los animales

Miztli fue la séptima puma utilizada como mascota oficial de la UNAM. Los animales no deben ser objetos para nuestro consumo, su vida y su ser no están para entretenernos, ni para hacernos sentir orgullosos de nuestros emblemas universitarios, ni para trabajar como mascota deportiva.

Por: Diana Buzo y Angeles Cancino 

Miztli, la puma que durante gran parte de su vida representó a distintos equipos deportivos de la UNAM, murió el pasado 21 de febrero. Como una forma de rendir tributo a su existencia, algunos miembros de la comunidad universitaria despidieron a su ‘emblema universitario’ con un ‘hasta luego a nuestra mascota y orgullo UNAM’, ‘adiós a la huella indeleble de la garra Puma’, entre otras manifestaciones. Para otros sectores de la misma comunidad, el caso de Miztli es motivo de preocupación y de reflexión.

Miztli fue la séptima puma utilizada como mascota oficial de la UNAM (la primera de ellas -Casti- fue presentada en el estadio universitario en 1947 siendo cachorra). Ella llegó a la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia a los cinco meses y era mostrada en los partidos de futbol soccer y americano de mayor importancia. Así, durante algún tiempo, paseó por el estadio para gozo de los aficionados, hasta que la exhibición llegó a su fin en 2013 y así devino la jubilación de Miztli. En ese mismo año llegó a la UNAM Iyari, una nueva cría de puma, que fue presentada como mascota a los tres meses de edad; se sugiere que ella se convertirá en la sucesora de Miztli.

Los seres vivos y sintientes como Miztli, Casti e Iyari poseen un valor intrínseco por sí mismos, independientemente de cualquier acto de valoración externo, incluso sin la presencia de un sujeto que lo reconociera. Este valor no depende de cuán hermosas, emblemáticas y representativas nos parezcan, porque esas sólo son valoraciones instrumentales y adjudicadas.

Resulta incongruente que cuando creemos que las ciencias veterinarias y biológicas, la etología, las neurociencias, la filosofía, la bioética, etcétera, ya han compilado el conocimiento y la argumentación suficientes para superar la visión cartesiana de la naturaleza, seguimos incurriendo en una innecesaria y alarmante cosificación de los animales. Cosificar es tratar como un objeto a alguien que no lo es. Los objetos no son dueños de una vida propia, carecen de intereses, no son capaces de sufrir, de gozar, ni de pensar, ni son fines en sí mismos; son únicamente medios para alcanzar los objetivos que el grupo dominante persigue.

Históricamente, distintas sociedades humanas han cosificado a grupos minoritarios (mujeres, homosexuales, indígenas y animales) para justificar la explotación, la esclavitud, el abuso y la falta de consideración a sus intereses vitales. De hecho, todas las cuestiones anteriores -por distintas que parezcan-, están intrínsecamente relacionadas y expresan diferentes aspectos de un mismo fenómeno: la total falta de respeto por la vida del otro. En palabras de Tom Reagan, en su texto Derechos animales y ética medio ambiental (2007): “[…] Los derechos a la vida, la libertad la integridad corporal son variaciones de un tema principal, el tema del respeto. Muestro mi respeto hacia ti respetando esos derechos en tu vida. Tú muestras tu respeto hacia mí de idéntica manera. Por consiguiente, nuestro derecho más fundamental, el derecho que unifica todos nuestros otros derechos, es nuestro derecho a ser tratados con respeto”. Hablar de respeto por los animales y al mismo tiempo confinarlos para nuestro entretenimiento o para satisfacer cualquier necesidad secundaria humana (no vital) representa una compleja contradicción.

Nuestra Universidad enaltece y fortalece a diario este valor, ¿sería deseable extender este valor a los animales? Consideramos que terminar con la tradición de cosificar a los pumas y a otras especies silvestres para sentirnos representados por su magnificencia representaría un cambio de mentalidad.

También cabe preguntarse: ¿Qué pasará con Iyari? Todo indica que ahora estará destinada a ser un objeto con fines de investigación y de docencia, situación que resulta polémica, pues aunque ambas actividades son imprescindibles para la UNAM, ¿debiera haber un límite o al menos una reflexión bioética antes de proseguir usando a los animales como meros objetos?

Los animales no deben ser objetos para nuestro consumo (que sea legal no significa que sea ético). Su vida y su ser no están para entretenernos, ni para hacernos sentir orgullosos de nuestros emblemas universitarios, ni para trabajar como mascota deportiva.

Estamos frente a la oportunidad histórica de cambiar este paradigma. Es necesario que la comunidad reflexione para evitar que ningún animal silvestre vuelva a ser usado como posesión o propiedad, para que ningún otro sea trasladado, confinado (permanente o transitoriamente), entrenado o forzado a realizar cualquier actividad que vaya en contra de su voluntad y que lo obligue a abandonar sus hábitos biológicos y ciclos naturales.

Algunos medios de comunicación señalaron que ‘la UNAM está de luto por la muerte de Miztli’ o que era necesario echar ‘un Goya’ para despedirla, pero el paso de los días consideramos que resultaría pertinente reflexionar, refutar o comprender las razones por las cuales ningún otro animal debiera ser cosificado y porque Miztli -el emblema universitario- tampoco debió serlo.

 

* Diana Buzo es Maestra en Psicoterapia Psicoanalítica y Angeles Cancino pertenece a la Facultad de Ciencias. Ambas son integrantes del Programa Universitario de Bioética de la UNAM (@bioeticaunam).

 

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