Cuando usted se embarazó… ¿quería embarazarse?

A nivel regional existen altas cifras sobre embarazos no planeados, algunas mujeres, por ejemplo, no utilizaron métodos anticonceptivos, otras se embarazan porque fallaron los métodos, pero hay casos en los que aunque el embarazo es inesperado están muy contentas de saber que son fértiles.

Por: Karla Flores Celis*

Cuando hablamos de salud sexual y reproductiva el principio ético fundamental es la autonomía. Los derechos sexuales y reproductivos deberían garantizar la libertad para decidir y controlar asuntos relacionados con la sexualidad, el uso de métodos anticonceptivos, el embarazo y la crianza[1]. La autonomía reproductiva es, en resumen, la habilidad para controlar cuándo, cómo y cuántos hijos tener, o sea el cumplimiento a cabalidad de las intenciones reproductivas.

Encuestas en todo el mundo han permitido calcular la proporción de embarazos no planeados o no deseados. Con base en ese indicador se diseñan estrategias de orientación y de consejería[2]. Estas encuestas –incluida la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) de México- asumen que existe una congruencia entre las intenciones de embarazarse, el comportamiento anticonceptivo y las emociones de las mujeres al respecto. Esto significa que si uno se comportara como las mujeres hipotéticas de los conteos al planear embarazarse, consensuaría el tema con su pareja, dejaría de utilizar métodos anticonceptivos y no estaría aterrada con la idea de la maternidad.

La investigación sobre el tema con mujeres anglosajonas y latinas (mexicanas en su mayoría) en Estados Unidos de América muestra que no hay nada más alejado de la realidad. Algunas, por ejemplo, no se quieren embarazar, pero no utilizan métodos anticonceptivos, otras se embarazan porque fallaron los métodos y aun cuando el embarazo podría ser una situación inoportuna e inesperada están muy contentas de saber que son fértiles, incluso, algunas decidirán llevar a término el embarazo. Todas están preocupadas por las cuestiones económicas, pero al mismo tiempo bastante ilusionadas con la crianza de un bebé. Si en un momento muy avanzado del embarazo se les pregunta por las intenciones que tenían de embarazarse, la mayoría dirá que fue planeado. No obstante, el embarazo no deseado y no planeado está asociado con consecuencias a largo plazo en la salud mental de las mujeres y de sus hijas e hijos[3],[4],[5].

Las decisiones reproductivas de las mujeres, además, están en función de las determinantes sociales. Por ejemplo, de acuerdo con la ENADID 2014 la mayor proporción de embarazos no deseados ocurre entre las mujeres mayores de 35 años (27.4%), mientras que la mayor proporción de no planeados es de las adolescentes (30.6%). O sea que las más jóvenes tienen más dificultades para embarazarse cuando verdaderamente lo quieren hacer y las más grandes enfrentan un problema al no querer tener más hijos. Además, existe también una relación entre menor escolaridad y mayor proporción de embarazos no deseados o no planeados. Al mismo tiempo, aquellas que se encuentran en localidades urbanas tienen más embarazos que no querían, quizá porque en las localidades rurales la valoración de la maternidad y la forma en que las mujeres resuelven problemas prácticos de la crianza y el cuidado son muy distintas.

De igual forma, este año los resultados de la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares, también del INEGI (ENDIREH 2016), mostraron que más de 4 millones de mujeres tienen antecedentes de abuso sexual infantil, que la prevalencia de violencia sexual se mantiene a lo largo del tiempo y de la vida de las mujeres, y que la violencia emocional mantiene niveles epidémicos. Al proceso de por sí ya complejo de decidir sobre la reproducción se suma entonces, el problema de que algunas mujeres ni siquiera pueden elegir cuando y con quien tener relaciones sexuales.

Estos datos muestran que una mujer no se embaraza simplemente por descuido, sino porque las condiciones estructurales impiden que acceda con igualdad, equidad, justicia y autonomía a su derecho a la salud. Esto hace evidente la necesidad de desplazar la discusión sobre intenciones del embarazo, la interpretación de las encuestas y la aplicación de políticas públicas del terreno psicológico o estadístico, al político y bioético. Entonces ¿en qué valores se basan las políticas actuales de salud sexual y reproductiva en México?, ¿las mujeres realmente ejercemos nuestra autonomía reproductiva?, y ¿de dónde proviene el discurso psicologicista sobre un problema social como el embarazo no deseado?

Tenemos que ir más lejos en las discusiones sobre la construcción de indicadores. Los datos no son neutros, no basta con que sean adecuados metodológicamente. El diseño de las encuestas, la toma de decisiones y la evaluación de la política pública, basadas en esa información, tienen que responder a una validez que va más allá de la científica: la realidad social.

 

*Karla Flores es investigadora en temas de salud sexual y reproductiva, actualmente es doctorante en Ciencias de la Salud en el Instituto Nacional de Psiquiatría “Ramón de la Fuente Muñiz” y en la Facultad de Medicina de la UNAM.

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinón de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentrio, réplica o crítica es bienvenido.

 

Referencias:

[1] Upadhyay, U. D., Dworkin, S. L., Weitz, T. A., & Foster, D. G. (2014). Development and validation of a reproductive autonomy scale. Studies in family planning45(1), 19-41.

[2] De hecho, la distinción básica que usa Consejo Nacional de Población entre los embarazos no planeados y los no deseados es precisamente el timing. La traducción literal sería sincronización, pero en salud sexual y reproductiva se utiliza para referirse a un embarazo que ocurrió en el momento en el que la mujer lo consideraba adecuado. Un embarazo no deseado es aquel que la mujer no quería tener, mientras que uno no planeado es uno que sí se quería tener, pero no en ese momento.

[3] Barrett, G., & Wellings, K. (2002). What is a “planned” pregnancy? empirical data from a British study. Social Science & Medicine, 55(4), 545–557. https://doi.org/10.1016/S0277-9536(01)00187-3

[4] Aiken, A. R. A., Dillaway, C., & Mevs-Korff, N. (2015). A blessing I can’t afford: Factors underlying the paradox of happiness about unintended pregnancy. Social Science & Medicine, 132, 149–155. https://doi.org/10.1016/j.socscimed.2015.03.038

[5] Herd, P., Higgins, J., Sicinski, K., & Merkurieva, I. (2016). The implications of unintended pregnancies for mental health in later life. American Journal of Public Health (ajph).

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