Compartir el planeta: la urgencia de nuestra época

Desde 2009, una iniciativa científica busca garantizar suficientes áreas naturales de tierra y agua protegidas e interconectadas en todo el mundo, con la finalidad de preservar la vida en la Tierra.

Por: Paulina Bermúdez Landa (@pgsmx)

El pasado 17 de febrero en Ciudad de México, se llevó a cabo una procesión en honor a la vaquita marina, luego de que más de 60 expertos buscaron, sin éxito, capturar a algunos individuos para su reproducción con la finalidad de conservar al más pequeño de los cetáceos.

Al día siguiente, el renombrado periódico británico The Guardian, publicó un artículo titulado “¿Deberíamos ceder la mitad de la Tierra a la vida silvestre?”. La iniciática es de la organización Nature Needs Half, que ante la estrepitosa pérdida de biodiversidad propone que lo justo es compartir el 50 % del territorio planetario con los demás seres vivos para el 2050.

Desde 2009, esta iniciativa científica busca garantizar suficientes áreas naturales de tierra y agua protegidas e interconectadas en todo el mundo, con la finalidad de preservar la vida en la Tierra. El movimiento internacional ha adquirido cada vez más fuerza debido a la recurrencia de noticias sobre la inminente extinción de especies como la vaquita marina o el orangután de Borneo. Un reciente estudio demostró que se han perdido más de 150 mil de estos orangutanes en tan solo 16 años debido a la destrucción de los bosques tropicales, los pulmones del planeta.

Sin embargo, resulta fundamental que el ciudadano común se involucre en la protección de la naturaleza para que esta idea tenga el éxito esperado. Para ello, es preciso destacar que compartir el planeta no es una mera estrategia retórica, sino la urgencia de nuestra época. El concepto “antropoceno” fue propuesto por el Premio Nobel Paul Crutzen, quien señala que la actividad humana ha transformado la mitad de la superficie del planeta, lo que provoca acelerar la pérdida de la biodiversidad.

En ese sentido, cuando decimos que la naturaleza necesita la mitad de la Tierra, no lo hacemos con el afán de entorpecer el bienestar y el desarrollo humanos, sino con la firme intención de promoverlo desde una perspectiva bioética que reconoce que los sistemas naturales son el soporte vital y que sin ellos, la vida humana no es posible.

Por lo tanto, es necesario que la ciencia, la política, la economía y en general nuestras acciones estén encaminadas a proteger la naturaleza y los conocimientos que promueven el respeto a otras formas de vida.

México se encuentra entre los países con mayor biodiversidad, por lo que debemos ser conscientes de que nuestra responsabilidad ante el reto fundamental de esta época geológica es mayor. Los bosques que conforman el 70 % de la superficie del país tienen una gran importancia biológica, ya que son áreas clave para la conservación de la biodiversidad; sin ellos no seremos capaces de responder a la presión ejercida por la sexta extinción masiva y el cambio climático.

Afortunadamente, México es líder mundial en superficie de bosque certificada en manejo forestal comunitario, con más de 2 millones 192 mil hectáreas protegidas. Esta certificación representa uno de los mecanismos claves que contribuyen tanto a la conservación de la biodiversidad como al manejo sostenible de los bosques y selvas.

Sin embargo, para proteger la integridad funcional del mundo natural es necesario continuar fortaleciendo las iniciativas de protección y conservación de las Áreas Naturales Protegidas, fomentar estrategias de bioseguridad para preservar los recursos genéticos, aumentar la representatividad de ecosistemas diversos en las áreas protegidas y velar por los endemismos y especies de distribución restringida presentes en nuestro país.

Es menester evaluar nuestros compromisos con la vida en la Tierra y preguntarnos realmente si cada uno de nosotros también considera que lo justo es ceder la mitad del espacio en el que vivimos a la vida silvestre.

Si cada uno de nosotros calcula su huella ecológica, podrá identificar cuáles son los hábitos de consumo que se pueden transformar. De esta forma, es posible que cada persona contribuya al cumplimiento de esta responsabilidad colectiva, elemental para nuestro futuro en el planeta Tierra.

 

* Paulina Bermúdez Landa es Presidenta del Proyecto Gran Simio México A. C.

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