Rifas de animales: cosificación para entretener

El principio de proporcionalidad de intereses entre especies establece que se debe privilegiar el interés vital del animal de no ser dañado por encima del interés humano de entretenerse y divertirse. Nuestro error es ver a los animales como seres que carecen de valor intrínseco y considerarlos solo cosas o recursos para nuestro beneficio.

Por: Elizabeth Téllez y Claudia Edwards

Es común que se celebren rifas de animales vivos aprovechando eventos especiales como las corridas de toros, ferias, congresos académicos y festejos como el Día del Niño, entre muchos otros. La rifa de potros, burros, cachorros, conejos, peces e incluso de boletos para nadar con delfines son promovidos por asociaciones ganaderas, veterinarias, organizadores de congresos y por particulares. Estas actividades que se pueden considerar lúdicas y aparentemente inocuas, en realidad suponen sufrimiento, muerte, abandono o maltrato hacia los animales.

La selección del “ejemplar” que se va a rifar, la separación del grupo al que pertenece, el confinamiento en establos, transportadoras, jaulas o bolsas (en el caso de peces), su posterior exhibición al público para llamar la atención y fomentar la compra de boletos, el transporte a su hogar definitivo y la adaptación al nuevo sitio, así como el nado de los delfines con los “afortunados” ganadores, genera estrés en los animales quienes presentan miedo, ansiedad y sufrimiento.

En los casos en los que el ganador no asuma la responsabilidad, el animal puede ser maltratado o incluso abandonado a veces con consecuencias fatales. En el mejor de los casos, el animal será bien recibido por los ganadores quien tendrá que considerar que sobrevendrán gastos no planeados para cubrir las necesidades del animal, pero si existe desconocimiento sobre dichas necesidades, se agrega un nuevo estresor para los animales.

Si se considera el principio de proporcionalidad de intereses entre especies que propone el biocentrismo,1 se debe privilegiar el interés vital del animal de no ser dañado por encima del interés secundario del humano de entretenerse, divertirse u obtener dinero de la venta del boleto de la rifa. Esta postura contempla que los animales tienen valía inherente, la cual es independiente del valor económico o instrumental que se le adjudique. Siguiendo la propuesta del filósofo norteamericano Tom Regan,2 nuestro error fundamental es ver a los animales como seres que carecen de valor intrínseco y considerarlos sólo cosas o recursos para nuestro beneficio. Se requiere dejar de verlos como meros medios y reconocer que son fines en sí mismos. La doctora en Derecho Animal, Teresa Giménez Candela3 explica que la descosificación de los animales no significa atribuirles los mismos derechos que a los seres humanos, sino otorgarles el mismo nivel de exigencia en la protección de sus intereses. Para tal fin, la prohibición de la utilización de animales como objeto de rifas y sorteos, se basa en los principios legales de respeto y protección de los animales frente a la consideración de los mismos como meras cosas.

En la constitución de la Ciudad de México (CdMx) se considera a los animales como seres sintientes y, por lo tanto, sujetos de consideración moral, a quienes se les debe dejar de considerar objetos o cosas. De aquí que el artículo 25 de la Ley de protección de los animales del Distrito Federal (reformada en junio de 2017) en su párrafo III, prohíbe: “El obsequio, distribución, venta y cualquier uso de animales vivos para fines de propaganda política o comercial, obras benéficas, ferias, kermeses escolares, o como premios en sorteos, juegos, concursos, rifas, loterías o cualquier otra actividad análoga”. Adicionalmente, en el párrafo IV establece que está prohibida la venta de animales vivos a menores de edad a menos que estén acompañados por una persona mayor de edad que se responsabilice de la adecuada subsistencia, trato digno y respetuoso para el animal. Esto sin contar que para organizar este tipo de sorteos se debe contar con permisos otorgados por la Secretaría de Gobernación (Segob).

De esta manera, nos damos cuenta que la ley se incumple constantemente en estos eventos a pesar de que existen sanciones consistentes en una multa que puede ir desde $1,585.00 hasta $2,264.00 o el arresto inconmutable de 24 a 36 horas. Si la Ley se aplicara correctamente, probablemente este tipo de actividades cesarían. Para tal efecto, es importante la denuncia ciudadana ante la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial de la CDMX, la Brigada de Vigilancia Animal, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente y la Segob.

Pero más allá de sancionar o castigar para que desaparezcan estas actividades carentes de ética y legalidad, debemos reconocer que la labor más importante es la pedagógica. Los esfuerzos deben abocarse a la educación en el respeto hacia todos los animales y reconocer que son seres vivos que tienen la capacidad de experimentar tanto dolor como placer, que son vulnerables puesto que no pueden ejercer su autonomía, que tampoco pueden comunicar sus necesidades ni su parecer sobre lo que hacemos con ellos; entonces este conocimiento debe ser del dominio público.

Sin embargo, si los animales se venden y rifan enfrente de las escuelas, no se cumple con el objetivo de educar a los niños sobre el trato digno y respetuoso hacia todas las formas de vida. Si son las asociaciones de ganaderos quienes promueven estas actividades se observa la nula consideración para aquellos animales de los que obtienen sus ingresos, ya que los siguen cosificando y considerando una mercancía.

Mención aparte merecen los médicos veterinarios en quienes recae una responsabilidad mayor. Según el marco conceptual del Código de Ética Veterinario (CEV), su ejercicio profesional debe llevarse a cabo en un ámbito de honestidad, legitimidad y responsabilidad, en beneficio de los animales, de su profesión y de la sociedad. La profesión veterinaria es la interlocutora entre la sociedad y los animales y son ellos quienes tienen en sus manos la tutela de los animales y las decisiones sobre su vida, su cuerpo y su salud, por lo que conscientes de esta responsabilidad, los veterinarios deben enfocarse al bienestar de los animales como su consideración principal (art. 62 del CEV).

Los intereses emocionales, económicos o comerciales que tenga el responsable del animal o el propio veterinario no deben estar por encima de las necesidades básicas del animal; prestarse a estas rifas es un hecho éticamente inaceptable ya que no hay manera de asegurar que estará en buenas manos y que se procurará su bienestar.

La sensibilización, la empatía y la educación son el verdadero proceso de cambio para descosificar a los animales y para mejorar el mundo en el que vivimos. Si tomamos en cuenta las necesidades de los otros, expresadas verbalmente o no, seremos mejores seres humanos.

 

@bioeticaunam

 

*Elizabeth Téllez es médico veterinario zootecnista, maestra en Ciencias por la Facultad de Veterinaria y Zootecnia (FMVZ) y doctora en Bioética, todos por la UNAM. Desde hace nueve años es Profesora de Asignatura del Seminario de Bioética de la FMVZ y actualmente realiza el posdoctorado del Programa Universitario de Bioética y del Instituto de Investigaciones Filosóficas, ambos de la UNAM. **Claudia Edwards también es médico veterinario zootecnista y maestra en Ciencias por la FMVZ de la UNAM, así como doctora en Ciencias por el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional. Desde hace 12 años es Profesora de Asignatura del Seminario de Bioética de la FMVZ y actualmente es directora de proyectos de Humane Society International-México.

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

 

Referencias:

1. Taylor, P.W. (1989). Respect for Nature. A Theory of environmental ethics. 2nd ed. Princeton: Princeton University Press.

2. Regan, T. (2016): En defensa de los derechos de los animales. Ana Tamarit, Rev. Técnica Gustavo Ortiz, México: FCE, IIF, PUB, UNAM.

3. Giménez Candela, Teresa. (2010) La descosificación de los animales. Derecho Animal, Universidad de Barcelona.

 

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