Mujeres indígenas: invisibles y necesarias

Pareciera que la mujer indígena solo es necesaria cuando cumple la función de parir al México posrevolucionario, pero no debe hablar ni exigir sus derechos porque incomoda al Estado. Es indispensable repensar su papel y dejarla de ver como la “madre de la nación” o “portadora de las tradición”.

Por: Dení Bustos Lara

En una columna anterior abordé la situación de las mujeres y su lucha por lograr la aprobación del proyecto de ley para la interrupción legal del embarazo. Hoy quiero retomar lo que es ser mujer e indígena en México: un binomio engrandecido y desfavorable a la vez.

A lo largo de la historia el papel de las indígenas en la formación del Estado-Nación mexicano ha sido muy importante y contradictorio, por un lado se les considera madres de la nación y, por otro, el 85.1% de ellas se encuentra en una situación de pobreza. ¿Por qué?

Al finalizar el movimiento de independencia de México era necesario construir un Estado-Nación moderno; sin embargo, en ese momento los pueblos indígenas fueron considerados como un factor indeseable para el proyecto de nación, ya que, en palabras del liberal mexicano José María Luis Mora “los indios eran cortos y envilecidos restos de la antigua población mexicana”. No fue hasta el triunfo de la Revolución Mexicana que el papel de los indígenas cambió, especialmente el de las mujeres pertenecientes a este grupo.

Manuel Gamio, antropólogo del siglo XX, afirma en su libro Forjando Patria que “cuando México sea una gran nación lo deberá a muchas causas, pero la principal habrá de consistir en la fuerte, viril y resistente raza, que desde hoy moldea la mujer femenina mexicana”[1], la mujer indígena que, en palabras de Gamio “a pesar de no saber leer ni escribir, conserva más intensa y fielmente que los mismos hombres una gran herencia de hábitos, tendencias y educación”[2]. Añade que ella es portadora de las tradiciones de la nación y su papel es “parir al México mestizo, un México con un pie (el masculino) en el cambio, en la modernidad; pero otro (el femenino), bien fincado en la tradición, es decir en el mundo indígena.”[3]

Apen Ruiz ejemplifica lo anterior con su investigación sobre el concurso “La India bonita”, el cual construye este “mundo indígena” como algo homogéneo y ajeno a la realidad del país en cuanto a conflictos por tierras, desigualdad y pobreza que durante siglos han padecido los pueblos originarios. Dicho concurso fue organizado por el gobierno mexicano en 1921 para celebrar el centenario de la consumación de la Independencia y consistió en hallar a aquella mujer que reuniera todas las características de “lo indígena”, que de acuerdo con los jurados, eran las siguientes: “color moreno, ojos negros, estatura pequeña, manos y pies finos, cabello negro, etcétera.”[4] La ganadora fue María Bibiana, quien desfiló por las calles de la Ciudad de México y se convirtió en imagen de varios anuncios publicitarios[5] y, sobre todo, en símbolo de la nación mexicana.

No obstante, “la india bonita”, la “madre de la nación”, la mujer indígena solo es necesaria cuando cumple la función de parir al México posrevolucionario, pero no debe hablar, exigir sus derechos ni luchar (en defensa de) porque entonces ya no se vuelve necesaria, sino incómoda para el Estado, cuya nación, de acuerdo con la Constitución Política está “sustentada originalmente en sus pueblos indígenas”.

Actualmente, –aunque un recorrido por la historia del país nos confirmaría que esto no es reciente–, la situación de los pueblos indígenas, y principalmente de las mujeres que los conforman, es precaria. De acuerdo con el informe Desigualdades en México 2018, publicado recientemente por el Colegio de México, “la condición indígena está asociada con una mayor probabilidad de estar en pobreza. Cerca de 75% de la población indígena de México se consideraba pobre en 2012, con una tasa de casi el doble de la población no indígena”. A su vez, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social indica que el 45% de las mujeres indígenas en zonas rurales viven en condiciones de pobreza extrema y 40.1% en pobreza moderada.

Lo anterior, quiere decir que el ejercicio de algunos derechos como la salud, la educación, la vivienda y la alimentación son limitados, lo que deriva en situaciones de exclusión y discriminación, así como en casos de violencia que en muchas ocasiones permanecen impunes. Como ejemplo está el caso de Valentina Rosendo Cantú, mujer indígena Me’phaa de Guerrero, quien fue atacada sexualmente por integrantes del Ejército mexicano en 2002 y hasta el 1 de junio de este año obtuvo justicia.

Es indispensable, como afirma Aurora Mendoza Galán, “voltear a ver a las mujeres indígenas y rurales, activistas en las calles o en sus casas, como actoras imprescindibles para el ejercicio de los derechos colectivos de sus pueblos en sus territorios”; como sujetos de derechos. Es indispensable repensar su papel dentro del Estado, ya no como “indias bonitas”, “madres de la nación” o “portadoras de las tradiciones de la nación”. En este sentido, la Bioética no queda fuera de esta discusión, pues dentro de sus principios están la equidad y la justicia, la no discriminación y el reconocimiento y el respeto a la diversidad cultural, los cuáles pueden guiarnos en el diseño de políticas públicas contra la pobreza y discriminación que viven las mujeres indígenas, sin caer en la trampa de considerarlas vestigios de una “fuerte y resistente raza”, como lo afirmó Gamio.

 

@bioeticaunam

 

* Dení Bustos es estudiante de la Licenciatura en Ciencias Políticas y Administración Pública en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Ha sido profesora adjunta en las asignaturas de Gobierno y Demografía, y de Teoría Económica en dicha institución, donde también participó en el Primer Encuentro Interuniversitario sobre la enseñanza y aprendizaje del Tiempo y Espacio en Ciencias Sociales realizado en 2016. Actualmente es miembro de REDefine México, organización dedicada a la promoción y defensa de los Derechos Sexuales y Reproductivos y realiza su Servicio Social en el Programa Universitario de Bioética de la UNAM.

 

Fuentes: 

Gall, Olivia. “Identidad, exclusión y racismo: reflexiones teóricas y sobre México”, Revista mexicana de sociología, núm. 2, México, UNAM/IIS, abril-junio, 2004.

Gamio, Manuel. Forjando Patria. Pro-nacionalismo, México, Porrúa.

Ruiz, Apen. “La indica bonita: nación, raza y género en el México revolucionario”, vol. 24, México, Debate feminista, octubre, 2011.

Villoro, Luis. Estado plural, pluralidad de culturas, México, UNAM-Paidós, 1998.

Referencias:

[1] Manuel Gamio, Forjando Patria. Pro-nacionalismo, México, Porrúa, p. 149

[2] Ibid., p. 152.

[3] Olivia Gall, op.cit., p. 247.

[4] Apen Ruiz, op.cit., p. 157.

[5] Ibid., p. 158.

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