La razón de los popotes

Si bien la reducción de popotes resuelve muy poco el problema de la contaminación y la muerte de muchos animales marinos, terminar nuestra relación con estos u otros utensilios abre las puertas a una mayor concientización sobre los efectos de nuestros hábitos de consumo.

Por: Luis Fernando Taboada Hernández

A finales del mes pasado en Ciudad de México se presentó la Expocafé 2018. En ella, la empresa Ecoshell exhibió su línea de empaques, bolsas y desechables biodegradables, entre los que se encuentran vasos, platos y popotes.

Este tipo de productos está tomando fuerza porque en fechas recientes ha sido muy popular la idea de abandonar del uso de popotes —en parte, gracias a la campaña “Sin popote está bien” de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales—, con el propósito de reducir las consecuencias dañinas de éstos en la vida marina, ya que es ahí a donde llega gran parte de la basura que producimos.

La idea de reemplazar el material de fabricación de estos objetos puede ser buena en principio, debido a que evita las consecuencias negativas del plástico en el mar, pero en el fondo hay otro problema: la forma en la cual vivimos. Ante ello, se pueden plantear dos preguntas primordiales: por una parte, ¿hay alguna razón para usar popotes?, y por otra, ¿hay alguna para no usarlos?

La primera pregunta se puede responder con un no generalizado, salvo en los casos en que no se pueda sostener un vaso por alguna cuestión médica, por ejemplo. El segundo cuestionamiento tiene una contestación evidente: sí hay razones de peso para no usarlos, ya que los popotes de plástico tardan más de 100 años en descomponerse, por lo que las consecuencias de éste y otros productos plásticos en el mar son mortales para cerca de 100 mil organismos al año.

Podría pensarse que si se resuelve el inconveniente que representa su degradación, entonces se terminaría con el problema y se podrían usar sin remordimientos. Hay estrategias que siguen esta idea; un caso es el de la joyería Tiffany’s, que sacó al mercado popotes hechos de plata y otros metales de gran valor que prometen ser reutilizables y, en esta medida, ecológicos —aunque su fabricación sea costosa en términos de recursos naturales, como el agua—. También, hay popotes biodegradables como los de Ecoshell, fabricados a base de fécula de maíz.

Si se cuenta con popotes que no afectan la vida marina porque se degradan rápidamente o porque son reusables, en principio las razones para no usarlos tendrían que ser distintas o francamente no habría. De ser este último el caso, no habría razones ni a favor ni en contra de ellos.

Ante ello, podemos imaginar una situación en la que los popotes biodegradables se vuelven populares y su uso se generaliza; es decir, un mundo en el que los popotes de plástico actuales son reemplazados por los biodegradables. Es posible, sin embargo, imaginar que éstos también tienen consecuencias negativas, aunque menores que las del plástico. Por ejemplo, podría pasar que si están hechos a base de maíz, este producto escasee o no se use de forma óptima para la alimentación. Es posible que en este mundo hipotético se opte por fabricar popotes con otro material, pero podría haber, una vez más, consecuencias negativas a los nuevos materiales, y así sucesivamente.

La cuestión aquí es que podemos arriesgarnos a continuar con una cadena de problemas y de soluciones con la finalidad de mantener una costumbre que no deja de ser caprichosa, o bien optar por cambiar ésa y otras conductas por otras que, a pesar de que no producen beneficios, sí nos ahorran daños.

Si bien la reducción de popotes resuelve muy poco el problema de la contaminación y la muerte de muchos animales marinos, terminar nuestra relación con estos u otros utensilios abre las puertas a una mayor concientización sobre los efectos de nuestros hábitos de consumo y a una comprensión de la responsabilidad que tenemos, por un lado, con otras especies ahora y, por otro, con las generaciones del futuro.

 

* Fernando Taboada es estudiante de la Licenciatura en Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras, y estudiante asociado en el Instituto de Investigaciones Filosóficas, ambos de la UNAM. Actualmente, realiza su servicio social en el Programa Universitario de Bioética de la máxima casa de estudios.

 

@bioeticaunam

 

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Referencias: 

Promueve Semarnat campaña para evitar el uso del popote. Revisar aquí. 

Popotes biodegradables de maíz, empresa mexicana los crea. Revisar aquí.

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