Explotación animal en el zoo de Viena

No sería objetable el hecho de que los animales en los zoológicos tuvieran actividades recreativas como pintar cuadros o algo similar, pero lo cruel y falto de ética es el trasfondo lucrativo de las actividades a las que someten a la osa panda Yang Yang que, no es más que una forma más de explotación animal.

Por: Tania Hernández

El pasado 11 de septiembre se dio a conocer que Yang Yang, una osa panda que habita en el zoológico de Schönbrunn, Viena, crea obras de arte. En cuanto vi el encabezado, la primera pregunta que vino a mi mente fue: ¿La panda crea arte o la obligan a crearlo? Luego, a sabiendas de que en la actualidad todo “arte” prácticamente viene etiquetado con el precio, otro cuestionamiento obligado fue: ¿Con qué interés estarán vendiendo la idea de que, lo que sea que haga la panda, es arte? La respuesta era casi obvia: detrás del arte de la panda, el interés económico era el factor predominante. Pero vayamos por partes.

Resulta que el zoológico planea hacer un libro (usando imágenes del fotógrafo oficial de este lugar) sobre la vida de los osos panda en ese recinto. Para financiarlo, diseñaron una jaula en la que Yang Yang pudiera sacar su patita junto con un pincel hecho de bambú, para que, mientras alguien del otro lado sostiene un lienzo, la osa haga algunos trazos que algunos consideran obras de arte.

El zoológico anunció que debido al éxito que tuvieron las “obras”, por lo menos 100 más serían puestas en venta; el costo de cada una se fijó en 490 euros, lo equivalente a cerca de 11 mil pesos mexicanos. Si tomamos en cuenta que, tal como señala la noticia, a partir de la difusión de la noticia lo mínimo que la panda producirá son 100 obras, lo recaudado al final será de 1 millón de pesos, a eso debemos sumarle lo que habían recaudado antes de que la información se difundiera.

Es posible realizar más de un cuestionamiento bioético al respecto, pero resalta por lo menos la pregunta sobre qué tan correcto es que el “trabajo” de la osa sirva para financiar algo, y en particular, que financie el trabajo de “alguien”, en este caso del fotógrafo. En primer lugar, si el dinero por las regalías del libro va a los bolsillos del fotógrafo, sería completamente absurdo que éste se sirva de la explotación de Yang Yang: ¿Por qué alguien tendría que obtener dinero a costa del “trabajo” de un animal?

Habrá quien pueda pensar que el fotógrafo no va a recibir ningún beneficio monetario por la venta del libro y, que en cambio, el dinero será destinado a mejorar las condiciones de los animales en el zoológico. De ser así, se puede replicar que tampoco es ético que la panda sea explotada para pagar por una permanencia digna en un zoológico. Que las condiciones en las que los animales que se encuentran en estos espacios sean dignas es responsabilidad total de la institución; es absurdo utilizar a un animal para que, con el dinero que genere su explotación, se le garanticen tales condiciones.

Por otro lado, algunos podrían pensar que nadie obliga a Yang Yang a hacer los cuadros, que ella los hace cuando así lo decide y se le recompensa por ello. Esta idea también resultaría absurda puesto que si la panda pudiera pintar cuando quisiera, ¿por qué el zoológico tendría que tener una meta mínima de “obras vendidas”?

Es menester señalar lo paradójico y contradictorio que resulta el hecho de que estén explotando a un oso panda, si lo que el libro pretende es visibilizar la importancia de estos en el zoológico. Si los que desean publicar el libro tuvieran un interés real en los pandas, entonces habrían encontrado otra forma de recaudar fondos para ello, en vez de explotar a la osa.

Finalmente, quiero dejar claro que no sería objetable el hecho de que los animales en los zoológicos tuvieran actividades recreativas como pintar cuadros o algo similar, pero lo que no deja de parecer cruel y falto de ética es el trasfondo lucrativo de estas actividades que, al final de cuentas, es una forma más de explotación animal.

Estar en cautiverio, fuera del hábitat en el que deberían estar, para que la gente vaya y se divierta por cinco minutos al observar a los animales a través de un vidrio, es por sí mismo una injusticia hacia ellos, pero que además se utilice a un animal para “hacer arte” y obtener jugosas ganancias, solamente habla de la decadencia ética a la que podemos llegar quienes nos autonombramos “seres de razón”. Resulta vital detenernos a pensar en la relación que mantenemos no sólo con los de nuestra especie, sino con toda forma de vida; sin lugar a dudas, aquella conocida cita de Gandhi aún tiene mucho por enseñarnos: “Una civilización se puede juzgar por la forma en que trata a los animales”.

 

* Tania Hernández es pasante en Filosofía y ha impartido diez conferencias en distintas universidades en temas relacionados a la bioética. Actualmente, es encargada de Redes Sociales en el @bioeticaunam.

 

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