Cuidar el agua para evitar la escasez: tarea de todos

¿Por qué nos exaltamos por el problema de la falta de agua solo cuando es grave y nos afecta a todos por igual? Las y los capitalinos han ahorrado y hecho reservas suficientes de agua para estos días de corte. Pero ¿por qué tomamos estas medidas únicamente en momentos de corte de agua?

Por: Rosa Lizbeth Solano (@RLizbethWaldorf) y Rocío Muciño

 

Se piensa que para 2025 más de dos terceras partes de la humanidad sufrirá algún tipo de estrés por la falta de agua;[1] por ello, es importante prevenir su escasez y cuidarla.

En 2018, hemos llegado al límite y Ciudad de México (CdMx) lo sabe. Durante tres días (del 31 de octubre al 3 de noviembre) habrá un corte parcial de agua proveniente del sistema de abastecimiento Cutzamala que afectará a más de 13 alcaldías y municipios colindantes del Estado de México. La Ciudad jamás se había visto inmersa en un problema tan grande por el abastecimiento de agua, aunque es bien sabido que no todas las colonias y alcaldías suelen tener un suministro constante del vital líquido (Iztapalapa o Tlapan, por ejemplo); sin embargo, parece que este acontecimiento ahora sí ha preocupado a todos los citadinos, probablemente por la gran cobertura que le han dado los medios de comunicación.

En la capital del país vivimos un total de 8 millones 918 mil 653 personas, según los datos más recientes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) (2015). En donde, cada uno de nosotros ocupa al día un promedio de 366 litros del líquido vital y, por si esto fuera poco, México se encuentra entre los cinco países que más agua destina a cada habitante; la CdMx es la que mayores problemas de desabasto presenta.

Lo anterior, a pesar de que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia especificaran, en el año 2000, que el consumo de agua “debe corresponder a 20 litros mínimos por persona y por día, procedentes de una instalación situada a menos de un kilómetro de la vivienda del usuario.”[2] Por ello, este problema no sólo es consecuencia de la mala distribución y gestión del agua dentro de la urbe, sino también del mal uso que le hemos dado.

“Se estima que menos del 30 por ciento de los habitantes del área metropolitana de la CdMx reciben agua todo el día”, según información de El Financiero; esto significa que el 70% de la población capitalina padece diariamente de escasez. ¿Por qué solamente nos exaltamos por el problema de la falta de agua cuando esta se agrava y afecta a todos por igual? Es curioso observar la preocupación de los habitantes de CdMx, quienes han hecho hasta lo imposible para tener reservas suficientes de agua durante estos tres días de su corte.

Parece inverosímil la manera exagerada en la que han comprado tinacos o recipientes para acaparar agua. Es muy notorio que siempre hemos sido el foco de atención al que nunca le falta nada puesto que, si no ocurre en CdMx, el problema parece no existir, pero ahora que afectará a alrededor de 4.5 millones de habitantes, olvidamos que esto le ocurre en promedio al 11% de la población en México, quienes diariamente obtienen el líquido de pozos, ríos, arroyos o de una llave pública que no necesariamente distribuye agua potable, según datos del INEGI.

El verdadero problema, entonces, radica en cuidar y hacer uso del agua de forma consciente y premeditada; no obstante, ante la crisis las recomendaciones sugieren llenar cisternas, tinacos y recipientes con gran capacidad; no lavar ropa, reutilizar el agua para los excusados, tomar baños breves y evitar el uso excesivo de utensilios de cocina, pero ¿por qué tendríamos que tomar estas medidas únicamente en momentos de corte de agua?

Desde hace décadas se ha hablado de la escasez de agua en México (y en el mundo); sin embargo, en los últimos años el problema ha tomado grandes proporciones. Según el informe de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos en el Mundo, en la última década se ha aceptado que “los ecosistemas no sólo tienen un propio valor intrínseco, sino que además proporcionan servicios esenciales al género humano, por lo que la durabilidad de los recursos hídricos requiere una gestión participativa”.[3]

Es primordial seguir las recomendaciones de manera permanente, puesto que el agua es un recurso que necesitamos los seres vivos en todo momento y, a pesar de haber naturalizado su uso y de valorarla hasta que nos despojan de ella, en la actualidad ya nos enfrentamos a las terribles consecuencias de su pérdida.

Es imperante no olvidar que, en conjunto, todos los seres humanos consumimos sólo el 2.5% del agua dulce del planeta; del cual, el 30% lo encontramos en la humedad del suelo y en los acuíferos profundos, y sólo accedemos al 1% en arroyos y ríos que a través de su cause terminan en lagos, lagunas y otras superficies de agua. No obstante, es un recurso muy escaso y se encuentra en peligro, pues se ha visto que, en los últimos años, la calidad del agua en México ha disminuido.

En 2016, la Red Nacional de Monitoreos[4] contó con 5 mil 068 sitios con alta influencia antrópica para revisar la calidad del agua en todo el país, con esto se halló que de los 13 lugares supervisados, las aguas del valle de México son las que se encuentran fuertemente contaminadas, según los indicadores de la demanda bioquímica de oxígeno a cinco días (DBO5), y la demanda química de oxígeno (DQO). Es por ello que tenemos la obligación de cuidarla en todo momento, y no exclusivamente cuando creemos que nos hará falta.

Ante el desabasto muchas personas optarán por el uso de desechables, pero el uso de estos productos también contamina el planeta ya que no se degradará hasta dentro de miles de años; es decir, no son una opción ecológica. El cuidado del agua debe ser nuestra prioridad, aun cuando no estemos desprovistos de manera continua, es necesario recordar que de ella dependemos, tanto los seres vivos como los ecosistemas.

Seguir promoviendo una cultura del cuidado del agua y de todos los recursos naturales que nos rodean es una cuestión que debe persistir en la agenda de los medios de comunicación en todo momento; consultar las recomendaciones sobre el cuidado del agua que elaboró el Consejo Consultivo del Agua, A.C., es un primer acercamiento a la concientización porque, finalmente, no sólo hacemos uso de éste para el aseo de nuestras casas o zonas comunes, sino también para nuestra propia subsistencia.

 

*Rosa Lizbeth Solano es estudiante de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación, con especialización en Periodismo, por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Fue becaria en el área de Informática de esa misma dependencia y desde 2017 es miembro de la Coordinación Editorial de la revista Afluente. Actualmente, realiza su Servicio Social en el Programa Universitario de Bioética (PUB), UNAM. **Rocío Muciño es licenciada en Ciencias de la Comunicación y maestra en Diseño y Producción Editorial, actualmente es responsable del área de Gestión y edición de Publicaciones del PUB.

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

 

@bioeticaunam

 

Referencias:

[1]L’vovich et al. (1995), Simonovic (1999) citados en Toledo, Alejandro (2002) en El agua en México y el mundo, página 9

2ONU (2003). Informe de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos en el Mundo, página 15.

3ONU (2003). Informe de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos en el Mundo, página 13.

4SEMARNAT (2017). Estadísticas del Agua en México 2017. CONAGUA, páginas 63 a 67.

Fuentes consultadas:

Toledo, A. (2002). El agua en México y el mundo. Gaceta Ecológica, (64), 9-18.

ONU (2003). Informe de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos en el Mundo. 36 páginas.

SEMARNAT (2017). Estadísticas del Agua en México 2017. 294 páginas.

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