Y después del NAIM, ahora qué…

Podemos estar tranquilos porque con la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México se ha frenado el ecocidio y se ha asegurado la llamada vocación natural del Lago de Texcoco.

Por: Omar Arellano-Aguilar

Apenas se anunció la decisión del gobierno electo respecto al proyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM), cuando las críticas y descalificaciones se acentuaron; sobre todo las provenientes de ciertos grupos empresariales como la Confederación Patronal de la República Mexicana, partidos políticos afines al gobierno saliente como el PRI y representantes de organismos internacionales como el Secretario General de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Quienes han defendido el NAIM reafirmaron, con sus criticas posteriores a los resultados de la consulta, que lo menos importante durante estos tres años de construcción fueron las afectaciones ambientales y sociales de dicho proyecto. Con la cancelación del nuevo aeropuerto y de paso de la Aerotrópolis se asegura un mejor futuro para la cuenca del Valle de México, así como la conservación de la reserva territorial para mitigar los posibles efectos del cambio climático y enfrentar a mediano plazo la amenaza de una crisis hídrica ya que se dará paso a la restauración ecológica de la zona.

Ni bien el presidente electo Andrés Manuel López Obrador anunciaba la cancelación del NAIM cuando Ciudad de México enfrentó la reducción del abastecimiento de agua potable por los trabajos de mantenimiento del Sistema Cutzamala. Dicho sistema abastece con alrededor del 30 % del agua potable, según datos de sistema de aguas de la entidad. El otro 70 % se obtiene de los acuíferos del Valle de México, Texcoco, Lerma, Chalco-Amecameca y Cuautitlán-Pachuca, así como de algunos manantiales de las zonas altas de las montañas del poniente y una fracción del Río Magdalena. La situación no es para menos, pues el crecimiento urbano-industrial de la zona metropolitana ha puesto en una situación de vulnerabilidad ambiental a toda la cuenca, de cuya superficie de 9 mil 650 kilómetros cuadrados casi el 24 % lo ocupa Ciudad de México.

Los datos anteriores son una muestra más de la vulnerabilidad hídrica de la capital del país, del riesgo ecológico que suponía el proyecto del NAIM y de que las acciones para mitigar los impactos ambientales estaban muy lejos de cumplir su cometido pues no respondían de manera adecuada, ni suficiente. No sólo se amenazó la zona de conservación aviar y los humedales, el NAIM disparaba un polo de desarrollo urbano y generaba un deterioro ambiental que trastocaba la disponibilidad de agua en la zona. Al ser seis veces más grande que el actual Aeropuerto Internacional de Ciudad de México (AICM), suponía un incremento en la generación de residuos y emisiones de contaminantes que provocarían un detrimento en calidad del aire de la cuenca atmosférica de la zona metropolitana del Valle de México.

Aunque en los próximos días seguiremos escuchando los debates en el plano económico-financiero, la consulta demostró que nuestra sociedad ha alcanzado una conciencia ambiental suficiente para discernir las prioridades de la nación. Para los inversionistas y los nuevos gobiernos, los proyectos deberán incluir en su ecuación el factor ambiental en todo momento; el interés económico no puede estar por encima de los beneficios sociales, y ahora tampoco de los ambientales. De hecho, los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 de la Organización de las Naciones Unidas, aprobados en septiembre de 2015, y los Acuerdos de París, que entraron en vigor a finales de 2016, mandatan la reducción de los gases de efecto invernadero, la promoción de ciudades sustentables, el aumento de áreas verdes y espacios públicos, así como la reducción de residuos, el mejoramiento de la calidad del aire, la planificación urbana y el incremento de los esfuerzos para salvaguardar el patrimonio cultural y natural. Estos acuerdos han sido suscritos por México como país y como miembro de la OCDE.

Debemos aprender de los errores y acostúmbranos a una nueva forma de tomar decisiones en la cual todos los factores se deben poner sobre la mesa; de la misma manera, todas las opiniones deben escucharse. Ahora con la nueva propuesta de acondicionar la Base Aérea de Santa Lucía y el reacondicionamiento del AICM y el de Toluca para solucionar el problema de congestión aérea se deben tomar las medidas pertinentes para contemplar los posibles efectos socioambientales. Nuevamente habrá que considerar los posibles impactos ambientales, las medidas de mitigación y compensación para reducir los efectos adversos del proceso de urbanización que se pueden desencadenar con la habilitación del aeropuerto comercial en Santa Lucía. Para mitigar los posibles impactos ambientales se requiere de una planeación urbana integral que considere entre otras cosas la seguridad hídrica, la gestión integral de residuos y el incremento de áreas verdes. Es indispensable la participación de las comunidades en todas las fases de planeación y el compromiso del nuevo gobierno con el desarrollo sustentable de la región.

Por lo pronto podemos estar tranquilos porque con la cancelación del NAIM se ha frenado el ecocidio y se ha asegurado la llamada vocación natural del Lago de Texcoco. Lo que sigue es la recuperación ambiental de la zona, y se puede partir incluso de algunas de las acciones que se habían considerado en el proyecto del NAIM como la construcción de 24 plantas de tratamiento en el Valle de Texcoco, el saneamiento de los cauces de los ríos de Oriente, la ampliación de nueve cuerpos de agua para incrementar la regulación de agua pluvial y el aumento de la superficie del Lago Nabor Carrillo; esto último se había desechado en estos años aun cuando se estableció como acción de mitigación en la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA-15EM2014V0044). Si ya estaban considerados estos proyectos por los promoventes del NAIM, no hay razón para que se deban cancelar puesto que alientan la restauración ecológica. Finalmente, en las próximas semanas no habrá más que contemplar el arribo de las aves migratorias de esta temporada.

 

* Omar Arellano-Aguilar es miembro de la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad y Profesor de Carrera de la Facultad de Ciencias de la UNAM. Especialista en evaluación de riesgo ecológico, ecotoxicología acuática y análisis ambiental. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores y a la Sociedad de Toxicología y Química Ambiental.

 

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

 

 

Fuentes:

1.- Análisis del resolutivo SGPA/DGIRA/DG/09965 del proyecto “Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, SA de CV” MIA-15EM2014V0044 (Texcoco/Estado de México).

2.- Naciones Unidas ODS.

3.- Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México (2015). Acciones para mitigar el impacto ambiental de la modificación de la hidrodinámica de los humedales presentes en la zona del Proyecto. Secretaría de Comunicaciones y Transportes.

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